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Lose Sceptic Os Modern Os

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Revista Latinoamericana de Filosofía
 , Vol. XXXVI Nº 1 (Otoño 2010)
Revista Latinoamericana de Filosofía
 , Vol. XXXVI Nº 1 (Otoño 2010) 59-85
LOS ESCÉPTICOS MODERNOS Y LA GÉNESIS DEL
COGITO
CARTESIANO
Fernando Bahr
Universidad Nacional del LitoralConsejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
RESUMEN: En su respuesta a las objeciones que el jesuita Bourdin dirigiera alas
 Meditaciones metafísicas
 , Descartes dejó en claro que los escépticos a los quese proponía refutar formaban parte de una “secta” en crecimiento y atea, estoes, un peligro filosófico y político vigente. La alusión apuntaba seguramente al“libertinismo erudito”, cuyo representante escéptico más destacado fueFrançois de La Mothe Le Vayer. Para ratificar esta pertenencia de la metafísicacartesiana a un debate donde se entendía que las bases mismas de la conviven-cia social estaban en juego, en este artículo presentamos algunos de los diálo-gos escritos por Le Vayer y luego comparamos esa versión del escepticismocon la que Descartes ofrece en las
 Meditaciones
algunos años después.PALABRAS CLAVE: escepticismo, libertinismo erudito, duda, incredulidad,certezaABSTRACT: In his reply to father Bourdin's objections to the
 Metaphysical Meditations
 , Descartes made clear that the skeptics he wanted to refute werepart of a growing and atheistical sect,
id est
 , a philosophical and politicaldanger. It is quite sure that “erudite libertinism” was the “sect” pointed out inthis allusion, a movement who had in La Mothe Le Vayer its best skepticalmember. In order to confirm that Cartesian metaphysics belongs to thatdebate where it was supposed that the very foundations of social life weredefied, some dialogues of Le Vayer are presented in this paper. Our purposeis to compare Le Vayer's skepticism with the scepticism that Descartes offersin his
 Meditations
ten years later.KEYWORDS: skepticism, erudite libertinism, doubt, disbelief, certainty
 
dice en las “Segunda respuestas” de las
 Meditaciones metafísicas
 ,sabemos que leyó “varios libros de académicos y escépticos”
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y quelo hizo a disgusto, solamente para ejercitarse en la duda (“y no fuesin desagrado que recalenté este repollo, sin embargo no pude evi-tar dedicar al mismo una Meditación entera”), pero, sin más datos,es imposible determinar qué textos integraban esa pobre y desagra-dable cena.
4
En las “Séptimas respuestas” de las
 Meditaciones
se incorpora noobstante un elemento que nos obliga a pensar en escépticos“modernos”, en lugar de clásicos, y que aconseja ser más preciso en
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COGITO
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 , Vol. XXXVI Nº 1 (Otoño 2010) 59-85
La concepción del sujeto de conocimiento como
desvinculado
 , nosolamente respecto del medio cultural y natural sino incluso res-pecto del propio cuerpo, tiene su primera y más famosa expresiónen el
cogito
cartesiano. Descartes, en efecto, como se sabe, consideróque esa desvinculación, que liberaba al yo de todo presupuesto, erael punto de partida requerido para la construcción de una nuevafilosofía fundada esta vez sobre bases claras y ciertas. Se sabe tam- bién que la misma formaba parte de un método, método que fueconcebido por su autor a la vez como una radicalización y unarefutación del escepticismo: los escépticos, llevados a un extremono pensado por ellos pero implícito en sus argumentos, se iban aver en la obligación de reconocer que tenían por lo menos un cono-cimiento invulnerable a sus dudas: el de la propia existencia.Los textos de Descartes al respecto han sido analizados en pro-fundidad y extensamente.
1
Un punto de ignorancia, sin embargo,todavía se mantiene. ¿Quiénes eran los escépticos que se proponíarefutar? Podría aducirse que esto importa relativamente poco y queacaso sólo tuviera en mente temas clásicos que habían sido trans-mitidos por obras como las
Hipotiposis pirrónicas
de Sexto Empíricoo las
Cuestiones académicas
de Cicerón. Sin embargo, para compren-der cabalmente la respuesta de cualquier filósofo a determinadosargumentos, para evaluar si los refirió de manera fiel y para consi-derar si en efecto los mismos fueron refutados, es imprescindibleidentificar las fuentes primarias. Y aquí Descartes nos ayuda bas-tante poco, pues le disgustaba reconocer lecturas y correr el riesgode ser confundido con los doctos cuya influencia en la educaciónconsideraba nefasta. Jamás menciona a Sexto y menciona seis vecesa Cicerón, siempre en contextos ajenos al escepticismo.
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Por lo que
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1. Entre los muchos estudios sobre el tema, y por estar centrado en él,se destaca Edwin M. Curley,
Descartes against the Skeptics
 , Cambridge(Mass.), Harvard Universtiy Press, 1978.2. En relación con Sexto Empírico, Luciano Floridi ha dicho que Des-cartes “probablemente nunca leyó las
Hipotiposis
” (“Scepticism and Ani-mal Rationality”,
Archiv für Geschichte der Philosophie
 , Vol. 79, 1997, pp. 27-57). De todas maneras, Gail Fine, quien reúne las hipótesis acerca de laslecturas de Descartes respecto del escepticismo antiguo, no se muestraconvencida por las razones de Floridi (Cfr. “Descartes and Ancient Skepti-cism: Reheated Cabagge?”,
The Philosophical Review
 , Vol. 109, Nº 2, 2000,pp. 199-200).3. Recordemos que Sexto Empírico distinguió tres clases de filósofos:los dogmáticos, que concluyen en el descubrimiento de la verdad; los aca-démicos, que concluyen en la incognoscibilidad de la verdad; y los escép-ticos, que no concluyen y continúan investigando (Cfr. Sexto Empírico,
Hipotiposis pirrónicas
 , I, 1-3, edición de Rafael Sartorio Maulini, Madrid,Akal, 1996, pp. 83-84). Los escépticos también fueron llamados “pirróni-cos”, en honor al legendario fundador de la escuela, Pirrón de Elis. Aquí utilizaremos los términos “escéptico” y “pirrónico” como sinónimos.4. “Cum itaque nihil magis conducat ad firmam rerum cognitionemassequendam, quam ut prius de rebus omnibus præsertim corporeis dubi-tare assuescamus, etsi libros ea de re complures ab Academicis et Scepticisscriptos dudum vidissem, istamque crambem non sine fastidio recoque-rem, non potui tamen non integram Meditationem ipsi dare” (
Œuvres deDescartes
 , publiées par Charles Adam et Paul Tannery (AT), VII, p. 130). Nila traducción francesa de Clerselier (AT, VII, p. 103: “ce ne fût pas sansquelque dégoût que je remâchais une viande si commune”) ni, muchomenos, la española de Vidal Peña (René Descartes,
 Meditaciones metafísicascon objeciones y respuestas
 , Oviedo, KRK Ediciones, 2005, p. 324: “por lo queno sin disgusto recorría un sendero tan trillado”), dan cuenta de la eruditareferencia a las
Sátiras
de Juvenal (VII, 154: “occidit miseros crambe repeti-ta magistros”, “el repollo repetido mata a los desgraciados profesores”) y,por lo tanto, de la alusión a que también la lectura repetida de los escépti-cos, como el repollo recalentado, libera una sustancia amarga y tóxica quemata a quienes la consumen. Esta alusión, indica Gianni Paganini, sería encambio “transparente para todo humanista” (Gianni Paganini,
Skepsis. Ledébat des modernes sur le scepticisme. Montaigne-Le Vayer-Campanella-Hobbes-Descartes-Bayle
 , Paris, Vrin, 2008, p. 232). A ella se debe, por supuesto, eltítulo del extenso artículo de Gail Fine.
 
En un segundo momento, pues, nos proponemos presentar cómointerpretaron los llamados “libertinos eruditos” el escepticismo yqué papel le concedieron en esa crítica, papel a partir del cual pudoser emparentado con el ateísmo. En tercer lugar, finalmente, vere-mos qué interpretación hace el propio Descartes del escepticismo yqué cambios notables se encuentran en esta interpretación. Nuestrahipótesis es que tales cambios reflejan tanto la eclosión de una muynovedosa concepción del sujeto (que a partir de allí definirá la líneaprincipal de la Filosofía Moderna) como una reacción contra lospeligros de la incredulidad.
1. Escépticos y ateos
Retomemos la cuestión planteada hace un momento. ¿Qué au-tores consideraba Descartes como representativos del escepticismoen su época y contra los cuales enderezó su polémica? Durante mu-cho tiempo se pensó en Montaigne por ser el escéptico de mayorrenombre en la temprana Modernidad.
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Después de
The History of Scepticism
de Richard Popkin,
9
sin embargo, obra que ha ampliadonotablemente el panorama sobre la difusión de esa corriente depensamiento entre los siglos XV y XVII, los candidatos a ser el ros-tro visible de los adversarios de Descartes se multiplicaron. Podríaser Michel de Montaigne, pero también podría ser Pierre Charron(1541-1603), el portugués Francisco Sánches (1550-1623), Françoisde La Mothe Le Vayer (1588-1672) e incluso autores todavía menosfrecuentes como Léonard de Marandé y Jean-Pierre Camus (1584-1654), obispo de Belley.
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la identificación de los mismos. Nos referimos al pasaje en el queDescartes afirma que la secta de los escépticos, lejos de hallarseextinguida al presente, “tiene más vigor que nunca y la mayoría dequienes piensan tener algún mayor ingenio que los demás, noencontrando nada que los satisfaga en la filosofía al uso, y no vien-do ninguna otra que sea mejor, se pasan a la escéptica”.
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Tal creci-miento de la secta y el hecho de que sus miembros traten temascomo la existencia de Dios y la inmortalidad del alma, agrega,muestran que sería un muy grave error no esforzarse por refutar-los, principalmente porque “son ateos”.
6
Comentando este mismotexto, Gianni Paganini señala que en virtud de él queda claro quela respuesta de Descartes al escepticismo no puede ser interpretadaadecuadamente por una simple lectura interna, siendo imprescin-dible un método contextual que comprenda “lo que el autor
está tratando de decir
en el texto pero también lo que
está tratando de hacer
en el momento mismo en que lo dice o escribe”.
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Nos interesa des-tacar este punto de vista, pues a nuestro juicio, como trataremos dehacer ver en el presente trabajo, en su combate contra el escepticis-mo, Descartes encuentra el punto de partida para su sistema, perotambién está tratando de desactivar un peligro filosófico y políticovigente.El pasaje de la respuesta a Bourdin brinda así el marco para loque vamos a desarrollar. Dividiremos nuestro recorrido en tres mo-mentos. El primero estará dedicado a examinar si alguna “escuelaescéptica” de la primera mitad del siglo XVII podría ajustarse a lacaracterización que se encuentra en ese pasaje. Entendemos que sí,que Descartes apunta allí con bastante claridad a lo que hoy cono-cemos como “libertinismo erudito”, movimiento cuyas ideas pare-cen haber florecido entre 1620 y 1630, y cuyo rasgo común fue lacrítica a los dogmas filosóficos, políticos, religiosos y teológicosavalados por la escolástica, la tradición o las mayorías populares.
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5.
 Meditaciones metafísicas
 , trad. V. Peña, p. 961. AT, VII, pp. 548-549.6.
Ibid.
7. Paganini,
Skepsis
 , p. 335. La referencia clásica en este sentido, recor-dada por Paganini, es el ensayo de Quentin Skinner, “Meaning andUnderstanding in the History of Ideas”,
History and Theory
 , Vol. 8, Nº 1,1969, pp. 3-53.8. Tal parece ser todavía la tesis de Edwin Curley,
Descartes against theSkeptics
 , pp. 12-18.9. La última edición de este estudio fue publicada bajo el título
The His-tory of Scepticism from Savonarola to Bayle
 , New York, Oxford UniversityPress, 2003.10. Estos dos últimos son recordados por Jean-Pierre Cavaillé, “Descar-tes et les sceptiques modernes”, en P.-F. Moreau,
Le scepticisme au XVIe. etau XVIIe. siècle
 , tome II, Paris, Albin Michel, 2001, p. 336. Marandé fueautor de un
 Jugement des actions humaines
cuya confrontación con las obrasde Descartes Cavaillé juzga “extremadamente fructífera”.

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