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Título:
LA PIEDRA DE LUZ 4LUGAR DE VERDAD
Autor: (2000) Christian JacqTítulo Original: La Place de VéritèTraducción: (2000) Manuel Serrat CrespoEdición Electrónica: (2002) Pincho
 
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El Lugar de Verdad, la aldea secreta de los artesanos encargados de excavar y decorar lastumbas del Valle de los Reyes, estaba sumido en la angustia. Desde el asesinato del maestrode obras Nefer el Silencioso, hombres, mujeres, niños e incluso animales domésticos, como elperro
Negrote
o
Bestia Fea,
la oca guardiana, temían la puesta de sol.En cuanto se hundía en la montaña para emprender su viaje nocturno por el corazón delmundo subterráneo, todos los aldeanos se acurrucaban en sus pequeñas casas blancas. Muypronto, una sombra maléfica saldría del sepulcro de Nefer en busca de una presa.Una adolescente había escapado por los pelos, pero nadie se atrevía a importunar a Clara,la mujer sabia, que se encontraba sumida en el luto y la desesperación como consecuencia dela muerte de su marido. Nefer y ella habían sido iniciados juntos en los misterios de la Gran ynoble tumba de millones de años al Occidente de Tebas, según la denominación oficial de lacofradía, y se habían convertido en el padre y la madre de la pequeña comunidad queagrupaba a unos treinta artesanos, «los que habían oído la llamada» y sus familias.—¡Esto no puede seguir así! —exclamó Paneb el Ardiente, un coloso de ojos negros cuyacólera dejó petrificada a Uabet la Pura, su bella y frágil esposa—. Nos escondemos como sifuéramos ratas y hemos perdido la alegría de vivir.—Tal vez el espectro acabe marchándose —aventuró Uabet, asegurándose de que Selena,su hijita de dos años, dormía apaciblemente en su cama.Aperti, su insoportable hijo de quince años, dibujaba caricaturas sobre un fragmento decalcáreo, para intentar olvidar el miedo.—Sólo la mujer sabia podría apaciguar el alma de su esposo difunto —consideró Paneb—,pero ya no tiene fuerzas para ello... ¡Acabarán acusándome de nuevo, ya lo verás!Paneb, hijo adoptivo de Nefer el Silencioso y de Clara, la mujer sabia, los dos seres aquienes veneraba, había sido elegido como jefe del equipo de la derecha, en el simbólico barcoque permitía a la cofradía de los servidores del Lugar de Verdad navegar hacia el conocimientoy la realización de la Gran Obra. Y el peor de los seres, un traidor y un asesino que se ocultabaen el seno de la comunidad, había intentado hacer pasar a Paneb por el asesino de su padreespiritual.El coloso, absuelto por la propia mujer sabia, sentía sin embargo que unas miradassuspicaces se clavaban en él.—Debo resolver este asunto yo mismo —decidió Paneb.Uabet la Pura se arrojó en sus brazos.—No corras semejante riesgo —suplicó—; ¡la sombra de Nefer es especialmente peligrosa!—¿Por qué voy a temerla? Un padre no le hace daño a su hijo.—Ahora ya sólo es un fantasma ávido de venganza... Se introduce en los cuerpos por uncanal cualquiera e impide que la sangre circule. ¡Nadie, ni siquiera tú, es capaz de vencerlo!Paneb tea cuarenta y un os, nunca antes haa sido tan poderoso y no habíaencontrado aún adversario de su talla.—Me niego a comportarme como un prisionero en mi propia aldea. Debemos seguir circulando libremente, tanto de noche como de día.—Tienes dos hijos, Paneb, y una hermosa casa de jefe de equipo. No libres un combate queestá perdido de antemano.El coloso tomó a su esposa de la mano y la llevó hacia la segunda estancia de su morada,que Uabet había conseguido dejar reluciente, persiguiendo, sin cesar, hasta la última mota depolvo.—Contempla esta estela que yo mismo esculpí y que empotré en este muro. Representa elespíritu luminoso de Nefer, su alma inmortal que viaja en la barca del sol y vierte sobrenosotros sus beneficios. El maestro de obras hizo vivir esta cofradía, no puede darle muerteahora.—Pero el espectro...—El nombre secreto de mi padre es Nefer-hotep. Hotep significa «el poniente, la paz, laplenitud»... Esta sombra se manifiesta porque uno de los ritos funerarios no se llevó a cabo
 
correctamente. Estábamos todos tan conmovidos por su asesinato que debimos de cometer ungrave error. Y el alma de Nefer se manifiesta así para reclamar la paz a la que aspira.—¿Y si se tratara de un espectro ávido de sangre?—Imposible.Paneb comprobó que llevaba los dos amuletos indispensables para lanzarse a tan peligrosaaventura: un ojo y un escarabeo. El ojo, de esteatita, era un regalo de Ched el Salvador, elmaestro que le había revelado los secretos del dibujo y la pintura. El precioso talismán habíasido animado por la potencia celeste y la mujer sabia; gracias a él, la mirada de Ardientediscernía aspectos de la realidad que escapaban a los demás hombres. En cuanto alescarabeo, tallado en la Piedra de Luz, el principal tesoro del Lugar de Verdad, encarnaba elcorazón justo, el órgano de percepción de lo invisible y de las eternas leyes de armonía.—¿Es visible mi nombre?Uabet comprobó que las palabras «Paneb el Ardiente», escritas en tinta roja sobre elhombro derecho del coloso, estaban correctamente trazadas.—Por última vez —imploró la muchacha—, te suplico que renuncies.—Quiero probar definitivamente mi inocencia y la de Nefer.Se había levantado un extraño viento que penetraba en las moradas bien protegidas, noobstante, y su lúgubre voz parecía proferir amenazas.Aperti, asustado, intentaba ocultarse en un cesto para la ropa; pero su corpulencia, que loconvertía en el más fortachón de los adolescentes de la aldea, sólo le permitió ocultar el busto.Paneb lo asió por las caderas y lo puso bruscamente de pie.—¡Eres grotesco, Aperti! Toma ejemplo de tu hermana, que duerme tranquilamente.En ese momento, Selena rompió a llorar. Su madre la calmó, acunándola.—Volveré —prometió Paneb.Era una noche de luna nueva, oscura, y el silencio reinaba en el Lugar de Verdad. Protegidatras los altos muros, la aldea parecía adormecida. Pero al pasar por la calle principal, orientadade norte a sur, Paneb oyó fragmentos de conversaciones, murmullos y lamentos. La cofradía,situada a quinientos metros de los límites de las crecidas más fuertes, ocupaba todo el espaciode un valle desértico, un antiguo lecho de torrente flanqueado por colinas que tapaban la vista.Aislado del valle del Nilo, a igual distancia del templo de millones de años de Ramsés elGrande y de la colina de Djmé, donde descansaban los dioses primordiales, el Lugar de Verdadvivía aparte del mundo profano; disponía de su propio templo, de capillas, oratorios, talleres,cisternas, silos, una escuela y dos necrópolis donde eran enterrados los artesanos y susíntimos.Paneb se detuvo.Le había parecido ver a alguien deslizándose por una calleja secundaria.Insensible al miedo, observó las moradas de eternidad de la necrópolis del oeste, la mayoríade ellas coronadas por pequeñas pirámides puntiagudas de calcáreo blanco. Cuando Raestaba visible en el cielo, brillaban con una luz a veces cegadora. Estelas de vivos colores, jardincillos plantados de flores y arbustos, acogedoras capillas de fachadas blancas quitabancualquier carácter funerario al apacible paraje en el que los antepasados de la cofradía velabanpor sus sucesores.Pero aquella noche, en el sendero que llevaba a la tumba de Nefer el Silencioso, Panebpercibió una presencia hostil.¿Y si se tratara del traidor, que intentaba atraerlo hacia una emboscada para deshacerse deél? El coloso se alegró ante aquella idea; ¡qué placer le daría destrozar el cráneo del perjuro!La morada postrera de Nefer el Silencioso era tan vasta como espléndida. Ante la entradade la capilla accesible a los vivos, Clara haa plantado una persea que crecía conextraordinaria rapidez, como si el árbol tuviera prisa por extender su bienhechora sombra sobreel patio al aire libre donde se celebrarían los banquetes en honor del difunto.Paneb franqueó el pilono, que parecía el de un templo, y se detuvo de nuevo, en medio deaquel patio. La presencia hostil se aproximaba. ¿Pero de dónde podría surgir el espectro, sinode la hendidura practicada en la pared de la capilla para dejar a la estatua viva de Nefer laposibilidad de contemplar el mundo terrestre?El coloso se aproximó a ella lentamente, como si descubriera un lugar que, sin embargo,conocía mejor que nadie, puesto que él mismo lo había decorado por completo: la morada deeternidad de su padre espiritual.Si se hubiera precipitado, como solía hacer, Paneb no habría visto la sombra rojiza quebrotaba del pozo funerario, que había sido cegado con piedras. El espectro intentó estrangular 
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