energía. Los accidentes de Chernóbil,
Tree Mile Island
y los basureros de residuosnucleares contribuyeron a incrementar los niveles de desconfianza. La ingeniería genética, por su parte, ha presentado grandes debates de tipo ético y religioso en los últimos años.Por contraste, la confianza en los expertos de la salud (médicos, neurólogos, otorrinos,odontólogos…) no ha sufrido este tipo de deterioro de la imagen pública.En épocas de riesgo “no inminente”, en general, tanto las instituciones gubernamentalescomo científicas presentan problemas de legitimidad frente al público,
Las instituciones modernas han sufrido una erosión de la legitimidad, como consecuenciade su incapacidad para hacer frente a los riesgos autogenerados. Esta situación ha puesto demanifiesto los pormenores inaceptables de las amenazas físicas, así como la dinámicainteresada y ciega de la estructura industrial-capitalista que se encuentra tras esos riesgos.Por lo tanto, los mecanismos científico-políticos para el control del riesgo son vistos ahoracon desconfianza. (Rodríguez Zabaleta, 2007, pág. 180)
En tanto, medien otros intereses y la “no inminencia” esté presente, la confianza seguirádebilitándose. El común denominador son los intereses económicos y políticos. Podríamosafirmar que no hay desconfianza en el conocimiento experto o científico sino en lainfluencia de otros actores para la toma de decisiones: “[…] mientras que los médicos, lasorganizaciones ambientales y del consumidor, y los medios cualificados son generalmentefuentes de información altamente confiables, el gobierno y la industria son fuentestípicamente de desconfianza” (Haynes, Barclay, & Pidgeon, 2008, pág. 606).Pero, en riesgo inminente… Si tememos una posible inundación de nuestra vivienda por una fuga de acueducto, la presencia del plomero aleja nuestros temores; tenemos confianzaen su oficio. Si tememos un posible colapso estructural de nuestra vivienda, el buen juiciodel ingeniero aleja nuestros temores; confiamos en su saber ingenieril. Si tememos un fataldesenlace por una enfermedad en nuestro sistema biológico, la presencia del médicominimiza nuestros temores; confiamos en la medicina contemporánea. Si el AH1N1 tocanuestra puerta, confiamos en el Tamiflu o cualquier otro producto de las, antes pococonfiables, farmacéuticas. En la inminencia del riesgo, la autoridad cataliza nuestrosmiedos. No es fácil establecer una frontera entre el miedo y el terror. Podríamos pensar en temoresgradados: temor, miedo, terror, pánico, etc. Sin embargo, las emociones dependen de otrascircunstancias asociadas a una situación riesgosa. A manera de ejemplo, el 2 de marzo de2009, la cadena noticiosa CNN entrevistó a uno de los policías que participaron en elataque al campamento de “Raúl Reyes”, segundo cabecilla de las FARC en Colombia.Frente a una de las preguntas del periodista, y referida a sus sentimientos al conocer los pormenores de la misión, el policía manifestó: “Sentí miedo”. Según el uniformado, estemiedo era producto de su conocimiento del anillo de seguridad del objetivo. La preguntaque nos hacemos es: ¿Qué sienten los no combatientes? El estado de indefensión, ademásde impotencia, genera terror o, si se prefiere, un miedo de alto nivel.
Internet, fuente de información del riesgo inminente.
Buscamos otras fuentes por múltiples razones: porque no confiamos en nuestros medios de comunicación, porque esinsuficiente la información suministrada, porque queremos profundizar en el tema o,simplemente, por miedo.
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