UNGÉNEROCHICOQUE LAMEMORIAHA HECHOGRANDE.
Teatro de Revista, tandas, variedades, caravanas artísti-cas son nombres diversos para un género que el tiempoha asimilado en la memoria colectiva como uno solo, sinestablecer distinción, pues su pérdida escénica reba-só el interés de su consignación en estudios ormales.Ahora, cuando queremos recuperar su historia y éstaempieza a través de los recuerdos, las dierencias entreestas maniestaciones resultan mínimas y terminamosarchivándolas en un mismo cajón; un cajón que al abrir-lo se convierte en una Caja de Pandora que nos lleva desorpresa en sorpresa, pues surgen espacios ya derrum-bados, nombres que parecería habían sido enviados alolvido pero que su sola mención rasca en la memoria yacarrea uno y otro nombre más, mil nombres que en sumomento lucieron enormes en las marquesinas (dondelas había) o en los carteles impresos o pintados a manocon los que se anunciaban las unciones. Pero acarreanuna situación más, quizá de mayor importancia: nos re-miten a una época, a un espacio y a una manera de ser yde ver el mundo.Hablar de las carpas y del Teatro de Revista nos hace re-memorar inmediatamente la historia ya escrita de estosgéneros en el Distrito Federal, y desde ahí hemos come-tido el error de trazar la historia de todas las regiones. Ylo señalo como error porque si bien le damos un lugar enla cultura popular olvidamos que la cultura popular no seescribe en singular, sino en plural, por lo que siendo jus-
Por Genaro Saúl Reyes Calderón
tos habríamos de hablar de las culturas populares, y enesa pluralidad darle un merecido reconocimiento a cadaregión, pues si como ha quedado claro desde hace mu-cho que el Teatro de Revista era un auténtico registro delacontecer diario, hemos de buscar ese registro en cadaregión y atender a lo que en ellas se representaba.Ahí radica la importancia de un número como el queahora presenta esta revista “Culturas Populares”, en elque junto a una revisión general de las carpas y el Tea-tro de Revista del centro del país encontramos los testi-monios que sobre el género nos orecen algunos de losprotagonistas y testigos de esta maniestación escénicaen nuestra región; voces que se convierten en punto departida para posteriores investigaciones.Dice un dicho que “ni son todos los que están y ni es-tán todos los que son”, y habría que agregar, pero estánlos que deben estar. Y es que cada una de las voces quecomparten sus vivencias en este número son indispensa-bles para un acercamiento al conocimiento de nuestro (ydebo remarcar ese nuestro) Teatro de Revista: July Freycontando su paso por estos teatros desde el nivel de es-pectadora hasta el de promotora, marcando nombres yespacios que marcan el auge y caída del género; RubénGonzález Garza, la historia misma del teatro regiomon-tano, comparte sus recuerdos y nos lleva a sacar los pro-pios;
Futo
, heredero de un género que reconoce ha que-dado atrás, pero que en el momento oportuno sale a otea través de la parodia que él ha manejado lo mismo en unescenario teatral que en maniestaciones políticas; MaríaEugenia Llamas
La Tucita
, que con su esposo RómuloLozano representa en Monterrey el último esuerzo pormantener dignamente el Teatro de Revista.Al leer sus vivencias, muchos se remontarán a las épocasdel Teatro México y el Monterrey “de antes”, cuando laCalzada Madero era un paseo amiliar en la belleza de suamplio camellón central (por algo se llamaba Calzada,dirán los exigentes de la lengua); pero habrá quienes seremitan a echas más recientes y añoren cuando vieron aMeche Carreño deleitando al público del “Forum”; o qui-zá lectores más jóvenes, y atrevidos, rememoren aquellosdías en los que la Cartilla del Servicio Militar les signi-caba la constancia de adultez para ver a Liz Chain en elteatro Blanquita, antes de que se convirtiera en la estrellade cine Angélica Chain.Yo soy más convencional, y la lectura de estos textos mehicieron remontarme a mi terruño, a Galeana. July Freyy Rubén González Garza reeren una gran cantidad denombres que de inmediato me remitieron a las vivenciasde un niño que esperaba ansiosamente el mes de enero,cuando se instalaba la Feria anual de Galeana, pues conella llegaría lo que conocíamos como “Las tandas de Mir-to”, que en una carpa instalada en el espacio que quedabaentre la Iglesia, la casa de Atanasio Santana y la tiendade Lupito Torres, durante una semana orecían un espec-táculo que la memoria ha marcado como esplendoroso:cantantes de bolero, una atrevida cantante de tangos, las jovencitas cantando rocanrol y los inaltables sketches.Algunas veces me colé a los ensayos y la sensación queme produjo ue de magia, pues los señores que vi ensa-yando en la noche eran otros totalmente dierentes.Junto a “Las tandas de Mirto” había dos sucesos más: lascaravanas de Fuuruo y Rómulo Lozano.Fuuruo llevaba en sus sketches la nota del momento. Escierto; nos hacía reír con los sucesos de mayor desgra-cia. Futo menciona que tenía un scketch sobre Las Po-quianchis, y a mí me tocó verlo en Galeana, debe habersido en 1964; pues es el año en el que se hizo público elcaso de estas mujeres, pero también el año puede ras-trearse porque los números musicales corrían a cargo dedos muchachitas que primero salían cantando cancionesrancheras, pero que luego, vestidas juvenilmente canta-ban canciones modernas y se llamaban Susan y Wendy,nombres que tomaron de la novela “Encrucijada”, que erala que por esos meses estaba de moda en la revista “Lá-grimas, risas y amor”. El maestro de ceremonias de esacaravana era un joven de “pelo de cepillo” que luego sehizo amoso en la televisión como locutor del programa“Muévanse todos” y más tarde como comentarista de út-bol; ¿su nombre?: Sócrates Roberto Hernández Jr.Pero el raiting se lo llevaba otra caravana: la de Rómu-lo Lozano, quien pasaba por Galeana dos o tres veces alaño y siempre con un rotundo éxito, pues llevaba todo elcuadro artístico que le acompañaba en su programa deradio del mediodía en la XET. Una caravana de lujo quenos permitía ver en el escenario del Cinema Galeana alimitador de las estrellas Marco Antonio, la jovencísimaLa Mexicanita; el exitazo era el cantante del estilo die-rente Chuy Rodríguez; la rarísima voz del Güero RobertoVargas; no podía altar Juan Salazar porque era éxito se-guro, y ni qué decir de El Palomo y El Gorrión, si eran dela región; mi estrella avorita de esta caravana siempreue la güera Luz María; la parte cómica corría a cargo deCelita, quien aún ahí nos hacía el comercial de “Dop dopdop todo mundo adopta dop”, cómicos, bailarines y, porsupuesto, un espacio para los acionados.Revistas, caravanas, carpas: ya lo ven, la memoria empatalos signicados de estas maniestaciones escénicas, poreso la importancia de esta edición. Un paso rme parareestructurar la historia de un género al que siempre lellamaron chico, pero que resulta grande en la memoriacolectiva.
CONARTECULTURAS POPULARES NO. 13- 14
2
EDITORIALCONARTE
3
EL TEATRODEREVISTAEDITORIAL
Leave a Comment