Desde Cumora. Hugh W. Nibley.
2
Prólogo a la Edición de 1967.
La historia es el registro de lo impredecible. Los antiguos órdenes sociales discurrensin percibir su propio tránsito. El mundo religioso del Cristianismo Primitivo era justamente el propio de una época inestable. Incluso Tácito, el más incisivohistoriador romano, consideró al Cristianismo en la etapa terminal del ministerioapostólico nada más que simple superstición de baja reputación. Este hecho motivóal traductor bíblico contemporáneo del mundo Angloamericano a cuestionarse si enésta era moderna no habría en algún lugar una contraparte del antiguo ministerioejercido a través de apóstoles inspirados que hubiera pasado desapercibida. En elprefacio de su traducción del libro de los
Hechos de los Apóstoles,
J. B. Phillips
consideraba: ―Es perfectamente posible que
las inéditas y casi desconocidasactividades del Espíritu ejercidas a través de sus agentes humanos al presenterevistan una mayor y permanente importancia que todas las noticias registradas en
la totalidad de la prensa escrita.‖
1
La necesidad actual de ―actividade
s del Espíritu ejercidas a través de sus agentes
humanos‖ difícilmente era un sentimi
ento compartido en la época en que JoséSmith anunciaba nueva revelación a un mundo cristiano anclado firmemente en laortodoxia teológica. Casi un siglo y medio más tarde, la cristiandad está envuelta enla crisis de una revolución doctrinal de tal proporción y magnitud que creyentes ylíderes serios muestran la más profunda ansiedad y preocupación. El rector de laUniversidad de Harvard recientemente ha cuestionado la falta de convicción de los
maestros que preparan a los ministros cristianos: ―Los hombres continúandespreciando los antiguos preceptos de fe…pero ahora los preceptos en sí mismos
–
profesados abiertamente
–
son consciente y hasta criminalmente evadidos. Noshemos convertido, como Tomás, en débiles, vacilantes e incrédulas criaturas
.‖
2
Unacuestión importante ahora consiste en determinar qué doctrinas lograrán sobrevivircuando los credos que las alimentan carecen de declaraciones válidas de fe.Como nunca antes, la afirmación hecha por José Smith con respecto a la revelaciónmoderna demanda la atención de hombres serios. El hecho de que un erudito de laestatura de Hugh Nibley la haya encontrado tan productiva y estimulante como parapasar años investigando los aspectos presentes en el Libro de Mormón muestra queningún desentendido fácil para esta obra es una impostura posible de adoptar. Suinvestigación ha examinado con minuciosidad las declaraciones hechas por JoséSmith en cada punto en el que el erudito en historia cuenta con las herramientasadecuadas para hacerlo. Afortunadamente para la consecución de este propósito,
José Smith ―tradujo‖ un antiguo registro de historia religiosa de las
Américas deaproximadamente igual extensión que las porciones históricas del AntiguoTestamento. Cualquiera que posee una mínima experiencia en el Libro de Mormónsabe que a las partes proféticas del mismo solo se llega tras lidiar capítulo acapítulo con detalles históricos
–
migraciones provenientes del Cercano Oriente;tradiciones y prácticas religiosas; nombres poco familiares y algunos otros aun masextraños, así como cuestiones económicas, políticas y militares. La sola existenciade una pretendida historia de tal magnitud es una abierta y franca invitación a todoerudito competente para que intente demoler la afirmación de su autor con relacióna que estamos tratando con un registro de carácter histórico. Ningún otro aspecto
Leave a Comment