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RAZON 16 OK

RAZON 16 OK

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08/28/2013

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Quisiera trabajar enun seven
DENISE ALAMILLO
POR MELVA FRUTOS
EL FUNDADOR DE LOS CAVAZOSESTA ENOJADO
¿Por qué quieren erigir una estatua al “arte del miedo”los comerciantes de un mercado que vive del turismo?
V
ender en mayo del 2012 unapieza al día en la modestamueblería era una tarea difícilpara la propietaria y la jovenempleada de un local de Los Cavazos, en elmunicipio de Santiago, Nuevo León. Una ma-ñana, la trabajadora limpiaba el local cuandoescuchó a su patrona saludar a un cliente. Eraun hombre robusto que había estacionado sucamioneta en el exterior del local y pedía quele mostrara un librero que había en el exhibi-dor. Escuchó que se interesó por varias piezasmás y que tras un breve repaso a los productos,solicitó que los subieran a su vehículo. Presuro-sa, la dueña llamó a dos de sus empleados quese aplicaban en la elaboración de una mesa enla parte trasera del local y les solicitó que lleva-ran las piezas al vehículo del cliente.
MARX Y LAS DROGASLA AVENTURA DE UN TAXISTALLAMAMIENTO DE ADMINISTRACIÓNLA BODA DE ADÁNEL BALCÓN Y LA BARRANCA MIRAN PEMEXKATZIR MEZA LLEGA A CONARTE
A partir de este númerolos cartones de
GUFFO
Año
35
/Número
10815
Del 18 al 24 de agosto de 2013
Nuevo León, México
La Marihuanaen Monterrey
LEONARDO GONZALEZ
La Historia secreta de lacocaína
PAUL GOOTENBERG
Monterrey 4 Internacional 6Entrevista 14
 
_Santiago
»
Viene de portada
El propietariode la talabarteríaEl Caballito, Don José,conoce la esencia dellugar. Ha pasado lamayor parte desu vida aquí y hapadecido los efectosde la inseguridad
L
a venta estaba hecha e invitóal comprador a sentarse anteun pequeño escritorio para elaborar lacuenta de lo adquirido. Detalló cadamueble y su precio en la libreta de re-cibos. La suma de todo dio aproxima-damente diez mil pesos y al entregarlela nota al hombre, este sacó dos milpesos que puso sobre la mesa. El tonode su voz cambió drásticamente. Ame-nazante, le dijo que sólo le daría esacantidad, ya que pertenecía al grupode
Los Zetas
. Que le hiciera como qui-
siera. La mujer se quedó petricada.
No había más qué hacer. El hombresalió por la misma puerta por la queentró y con la misma tranquilidad conla que media hora antes le había dadolos buenos días. Subió a su camionetay se retiró. La joven empleada recuer-da que su jefa estaba muy nerviosa yque aunque era la primera vez que ladelincuencia llegaba a su tienda, ha-bía reaccionado de la forma adecuada,porque los criminales que operan porel lugar ya habían atracado otros ne-gocios. No era la primera ocasión quesucedía un fenómeno de este tipo en elpasaje comercial de Los Cavazos.Los olores transportan a lugares ytiempos. Los pasillos de la zona comer-cial de Los Cavazos están impregnadosde recuerdos con aroma a pan, agua-miel, dulces de leche, carne asada, leñay madera. Ahora, estos se mezclan conel hedor del desasosiego. Es una maña-na de esas que se han vuelto usuales.Los clientes casi no se aparecen por latienda de Don José Ángel Rivera Mig-nón. Actualmente la venta es pocaporque casi nadie llega a esa zona co-mercial y quien la visita se limita aobservar y preguntar por los precios.
No ha sido un día ni dos, arma, son
incontables los días que han “estadocon el Jesús en la boca”, en donde losrondines de los policías de Fuerza Civilrepelen los abusos. La delincuencia or-ganizada ha afectado los negocios y la
auencia de gente a este municipio. De
unos años a la fecha, el área comercialLos Cavazos ha estado inmersa en lainopia provocada por la etapa álgidade la guerra contra el narco. Esa gue-rra en la que incluso el propio alcalde,Edelmiro Cavazos Leal cayó asesinado.El 16 de agosto de 2010, fue sacado desu casa por el grupo de la delincuenciaconocido como
Los Zetas
y su cuerpofue encontrado dos días después en uncamino que conduce al paraje La Colade Caballo, en la carretera del mismonombre.Después de eso llegaron la Mari-na, el Ejército y se estableció un centrode operaciones de Fuerza Civil en el
poblado. Pero la desconanza de los
paseantes ante las historias de enfren-tamientos de los cárteles, el despojo yel secuestro a la población, provocaron
que disminuyera la auencia.
El propietario de la talabartería
El Caballito
, Don José, conoce la esenciadel lugar. Ha pasado la mayor parte desu vida aquí y ha padecido los efectosde la inseguridad. Los Cavazos se locali-zan 36 kilómetros al sur de la ciudad deMonterrey, sobre la carretera Nacional.Es conocido también como El Guaxu-quito –lugar de abundante agua-, por-que está dentro del Cañón del Guaxuco.Encerrado entre la Sierra Madre Orien-tal y el Cerro de la Silla.
II
Cuando Don José Ángel empezó aviajar a Santiago procedente de Mon-terrey, era apenas un muchacho de12 años que vendía café
Morelia
a losnegocios y casas del municipio. Erandías en que había agua por todas par-tes, todo estaba lleno de árboles, ríos yarroyos. Cuando llegaba la hora en queel hambre le calaba, bastaba con invi-tar a algunos de sus amigos lugareñosy al puro estilo norestense encendíanuna fogata en un rincón sombreado enel que asaban los bistecs que él traía deMonterrey. Después seguía una brevesiesta debajo de un álamo, para más tar-de proseguir con la venta del brebaje.Este hijo adoptivo de Santiago reco-rría todos los días gran parte de las 75 co-munidades aledañas y fue así como conel paso de los años conoció las necesida-des de sus habitantes y dio un cambioal giro de su negocio. Con aproximada-mente 18 años hizo sus pininos en elárea de la talabartería. Empezó con unsurtido de pocas monturas, cuartas, fre-nos, espuelas y clavos para caballo. Enocasiones, él mismo elaboraba algunosmateriales que no requerían de maqui-naria especializada.Al paso del tiempo se unió con ungrupo de comerciantes de diversos ra-mos. Anduvieron los 51 municipiosdel estado vendiendo sus productos,instalándose en carpas de la exposiciónganadera y en cuanto lugar les permi-tieran. Y así fue como llegaron a LosCavazos aproximadamente en 1972,aunque no está muy seguro del año.Recuerda que colocaban sus puestos ala orilla de la carretera en una especiede mercado ambulante; sábados y do-mingos llegaban por la mañana y seretiraban al meterse el sol. Aunque lalucha estudiantil y guerrillera arrecia-ba en el estado, Los Cavazos había sidosiempre un lugar tranquilo, alejado detodo el ajetreo hasta que llegó el narco-
tráco a esta comunidad.
En ese entonces, ya existían las fa-mosas moliendas de caña. Era un rús-tico molino al que le era adaptado ungran tronco, que se ataba a un caballoque a su vez jalaba dando vueltas encírculos. Con ello molían la caña deazúcar para extraer su jugo. Eso es loque en esta región del país se conocecomo aguamiel. Había también algu-nos puestos de venta de elotes y pande elote. “Cuando nos pusimos aquí, alpoco tiempo me tocó la suerte de podercomprar el terreno e invité a los compa-ñeros, pero no todos tenían manera decomprar a pesar de que había muchosterrenos solos y a muy bajo precio o apagos; así que yo sí me quedé desdeentonces y hay uno que otro que aúnsigue, pero paga renta”, recuerda el co-merciante de más de 50 años.El primer negocio establecido queapareció en este punto de la carreteraNacional fue el restaurant
El Cosme
,en 1957. Alrededor de 1970, Don Cosmevendió el negocio a su hermano Juven-tino, quien lo renombró
MerenderoTino
, que desde entonces es famoso porsu machacado con huevo, su asado depuerco y su caldo de res. Unos metrosmás adelante se fundó la
CarniceríaGarcía
, que surtía a los paseantes de losinsumos para sus días de campo. Con eltiempo colocaron asadores en el exte-rior del negocio, en los que cocinabanla carne gratis a sus clientes.De ahí que después proliferaranlos restaurantes de carnes asadas ybufets, que, al igual que el resto de loscomerciantes, se establecieron a loscostados del camino federal.
III
Don José Ángel es bajito y de com-plexión gruesa, piel blanca y frenteamplia. El color de su cabello castañotiene cierto tono rojizo, al igual que elde sus tenues cejas y su bigote. Su sem-blante muestra dureza, pero cuandoempieza a hablar, suelta una que otrasonrisa. Viste como la mayoría de loslugareños, con pantalón vaquero ybotas. Hoy lleva una camisa de ves-tir color gris, de cuya bolsa sobre saleuna imagen y su inseparable pluma.En el interior de su tienda, recargadoen un colgador repleto de chamarrasde piel de diversos tipos y colores, re-cuerda que fue en 1982 cuando seestableció la Unión de ComerciantesNino Villalón, de la que fue nombra-do Secretario General. Se adhirieron ala Confederación de Trabajadores deMéxico (CTM) y se pusieron al día conHacienda y con el Instituto Mexicanodel Seguro Social (IMSS). En ese enton-ces, al igual que en el resto de NuevoLeón, la violencia de la delincuenciaorganizada era un tema que apenas semencionaba como parte de una socie-dad distinta, del otro lado del país, enlas sierras de Sinaloa y Sonora. Algoque no llegaría nunca a estas tierras.Desde entonces, Los Cavazos han sidoreconocidos como un derroche de co-lor y tradición. El comprador encuen-tra artesanías mexicanas de diversosestados, muebles rústicos y modernis-tas, artículos de forja. Los tonos vivosde las pinturas al óleo engalanan elrecorrido, las cuales son puestas jun-to a modernos jarrones cubiertos concristalería y adornos de cerámica. Lospaladares de los foráneos se deleitanen las tiendas golosinas, postres regio-nales y aguamiel. Las plantas son unproducto importante y se exhiben detodas las especies y hay macetas paratodos los gustos y necesidades.El local de Don José es uno de losmás atrayentes: en la banqueta se ex-
hiben dos guras de alazanes en tama
-ño natural, uno negro y otro castaño,entre los que destacan algunas sillasde montar y carritos mecánicos de mo-nedas. En la fachada reposan empotra-dos dos bustos de caballos junto a som-breros y artículos de piel que cuelgande estructuras metálicas. El interiores aún más impresionante: vitrinasrepletas de artículos de piel de todotipo y souvenirs. De los estantes demadera que rodean la tienda pendensombreros, bolsas, ropa, chalecos,chamarras y jorongos, entre muchascuriosidades más. El amplio espacioestá asombrosamente colmado de tra-dición. Las sillas de montar que estánalineadas en uno de los rincones, sonde diversos materiales y calidad, todasellas huelen a cuero de variados colo-res, unas grabadas y otras con incrus-taciones metálicas.Tras el colgador en el que el comer-ciante se apoya, hay una estanteríaque muestra decenas de sombreros.También hay un espejo con algunosadornos y fotografías de él con perso-najes de la política local y nacionalpuestos en evidencia, entre ellos, el exgobernador, Natividad González Pa-rás. A un lado, centenares de cintos decuero y piel penden de percheros en-cajados en la pared. Al fondo del localhay una ventanilla que encierra una
pequeña ocina en donde se ubica la
caja de cobro y a un lado del cristal, enun marco de cuero hay una foto de larecién fallecida cantante grupera, Jen-ny Rivera. El comerciante recuerda losaños de bonanza: en los años 90 y hastael 2005, llegaron a ser 350 comercian-tes en Los Cavazos que eran visitadospor compradores de toda la Repúbli-ca y del extranjero. “Incluso fuimosejemplo en el estado y hasta vinierona pedirnos asesoramiento de cómofue que se hizo el mercado. Teníamosmuchos visitantes. Ahora ha habidomucho menos, debido a lo que ustedya se imagina” dijo, sin mencionar cla-ramente que la delincuencia es la queafectó principalmente a los negociosde la zona. Ese tema es un tabú en LosCavazos. Se dice en voz baja o de plano,no se menciona. Los diversos hechosdelictivos ocurridos aquí forzaron mu-chos locales a cerrar sus puertas por lafalta de clientes y el miedo continuo.Ahora, sólo la mitad abre entre sema-na y los sábados y domingos no se lle-gan a juntar más de 250 comerciantesen total.
IV
A un lado de la talabar-tería está la
Molienda Villalón
. Tienemás de 60 años de existencia y fue fun-dada por Rafael Villalón y su esposaAlicia, pero ahora es manejada porsus nietos. Desde las nueve de la ma-ñana empiezan a trabajar, comentauna de las dependientas que aceptarplaticar pero no quiere dar su nombre.
Explica que las ventas han estado o
- jas durante los últimos años, pero quedesde la pasada temporada vacacionalde Semana Santa hay un poco más de
clientela, cuando menos los nes de
semana.
Del 18 al 24 de agosto de 2013
Nuevo León
, México.
 
3
Del 18 al 24 de agosto de 2013
Nuevo León
, México.
_Santiago
Mientras prepara la masa para el pande elote, mezclando los granos molidoscon azúcar, harina y mantequilla, diceque los paseantes han regresado a los pa-rajes de los alrededores y por ende a LosCavazos, “porque ya traen sed y llegan acomprar aguamiel o llegan por un eloteo un dulce regional, pero es más por latemporada de vacaciones”. Una vez listala masa, un joven trabajador que aguar-da junto a ella, la vacía en sartenes deacero que se calentarán a fuego lento enhornillas colocadas en un extremo dellocal. Cada diez minutos el empleado re-tira los sartenes de la lumbre para dar lavuelta a la preparación, con una manio-bra en la que utiliza la misma tapa delcazo y una vez listos, son dispuestos envitrinas cerradas para su ventaLas mueblerías en Los Cavazostambién cobraron fama en su época deprosperidad; en un principio ofrecíanmuebles de estilo rústico, y poco a pocofueron variando para incluir mueblesmodernos. De éstas llegó a haber 30 yahora sólo quedan menos de diez. Lamayoría de los comerciantes son extor-sionados por la delincuencia y algunosya han sido levantados, comenta entresusurros un mesero de un restaurante
que se identicó sólo como Víctor, aun
-que aclara que no es su nombre real: “dehecho, ahorita hay un chavo que levan-taron de una molienda. Es la segundavez que se lo llevan y pidieron como 25mil por él. Quién sabe si ya los pagarían,pero él no ha regresado por aquí”. Lapresencia del alcalde, Homar AlmaguerSalazar sería necesaria, pero nunca seaparece por el lugar, asegura este hom-bre y muchos otros de los trabajadores dela zona.A Don José le gustaría que el alcaldecompruebe las situaciones de inseguri-dad que viven a diario, que contradicen
las armaciones del edil, quien “debe
venir para demostrar lo que dice que lainseguridad no existe en nuestro pueblomágico de Santiago, Nuevo León”.Durante la conversación, Don Josées interrumpido por un cliente que lepregunta por el precio de una silla demontar, pero él amablemente le pide a suhijo, quien colabora en el negocio, que loatienda. Entonces continúa reclamandotambién el apoyo de la Secretaría de Tu-rismo porque afirma que de las ventas deeste sector comercial dependen fabrican-tes y productores de diversos estadosde la República, como Pue-bla, Jalisco y Guanajuatoy Tamaulipas, entreotros. Proveen deproductos e in-sumos a losmercaderes.“Hay nego-cios quevendendesde cienhasta milelotes, de-pendien-do del díay muchaspersonasson las queviven de esenegocio aquí yen Tamaulipasy le corresponde aTurismo atender estaárea, de venir y ver estasituación tan difícil, tienen laobligación de promover esto. Generamosempleo no sólo a Nuevo León, sino a todala República, pero nadie lo promueve”.Categórico, Don José, quien milita enel PRI, afirma que el alcalde Almaguer Sa-lazar, emanado del PT, no los ha queridorecibir en su despacho para dialogar acer-ca de las necesidades de los vendedores deLos Cavazos, pero en cambio sí ha permiti-do que las banquetas y esquinas del sitiocomercial sean invadidas por vendedoresambulantes.Les roban la poca venta que pu-dieran tener pagando una cuota de20 pesos de permiso para poner unamesa con productos similares a los deellos, aunque más baratos. “Vienen sá-bado y domingo y nomás dejan la ba-sura, se ponen afuera de los negociosestablecidos como los nuestros, que sí pagamos impuestos y servicios públi-cos”, se queja el líder. La situaciónha sido tan desgastante,añade, que él sería elprimero que congusto pagaríahasta 40 pesosa los inspec-tores decomercioporquele per-mitierancolocar-se afue-ra de supropionegociocon susmismos pro-ductos, paravender más,como lo hacen losambulantes.Hubo una época en quela talabartería
El Caballito
era atendi-da hasta por 15 personas, todas inte-grantes de su familia: hijas, hijos, nie-tos, sobrinos. Ahora sólo despachanél, un hijo y una joven empleada enel turno matutino. Por las tardes JoséÁngel se pasa el día viendo televisióno leyendo el periódico, hasta que llegala hora de cerrar y al hacer el corte de
caja, y conrmar que el miedo sigue
rondando los comercios.De nada vale que muestren los reci-bos a pagar con muchos ceros en los ser-vicios públicos, o la letra de la hipoteca ode la renta, ni que aclaren que no tienefondos en sus cuentas bancarias, los quellegan a pedir el piso, los secuestradoresy ex torsionadores, creen aún en la míti-ca opulencia de la zona. Actúan como siaún fueran tiempos de bonanza en LosCavazos y aunque las vacaciones atraenmás compradores, falta mucho para quela zona vuelva a ser lo que era. Si las auto-
ridades no aportan algo a su causa, arma
Don José Ángel, será difícil reactivar la ac-tividad económica y más negocios seránarrastrados a esta muerte anunciada.
V
Como homenaje al arte y a la huma-nidad se colocaron diez esculturas monu-mentales a lo largo de la carretera nacio-nal, a la altura del municipio de Santiago.Pero para Don José Ángel, lo que se necesi-ta en la zona comercial Los Cavazos es unaestatua en honor “al arte del miedo”. Enenero pasado fue creada por autoridadeslocales y estatales lo que llamaron La RutaEscultórica de Santiago, que poco benefi-cio ha traído a la población local. Con tonoenfático, los comerciantes explican que sudemanda principales es una solución a losproblemas de inseguridad que han propi-ciado el repliegue de la economía de todala zona. Dice que quieren: “una estatuaque diga que ese miedo es el que nos tieneacobardados y el que no nos permite quepodamos crecer. Estamos completamentedestrozados en este lugar”. Una estatua almiedo es la que deberían alzar en Los Ca-vazos, repite José Ángel mientras esperaimpacientemente la llegada del primercliente del día, recordando la época en laque no se daban abastos para atender alos cientos de visitantes que ya no vienenpero que quizá algún día regresen.
A Don Joséle gustaría que el alcaldecompruebe las situacionesde inseguridad que vivena diario, que contradicen lasarmaciones del edil, quien“debe venir para demostrarlo que dice que la inseguridadno existe en nuestropueblo mágico deSantiago,Nuevo León”

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