ANSELMO DE CANTERBURY (1033-1109)
Hacia mediados del siglo XI van a tener lugar tres querellas. El autor que dejamos atrás,Escoto Eriúgena, desarrolló su sistema filosófico hacia el siglo IX. Una brevísima introducciónal siglo XI, tanto como para situar el pensamiento de Anselmo de Aosta (de Canterbury o deBec), nos permitiría advertir que, durante el Imperio Carolingio, comienzan a despuntar lospequeños reinos, es decir Europa comienza, lentamente, a tranquilizarse. La cultura siguesiendo monástica. En los monasterios están los copistas, están los textos, está el saber, está laconservación. El monasterio, después de la disolución del Imperio Carolingio, se constituyeen el centro de enseñanza por excelencia. Ahora la enseñanza cae en poder de los monjes, noen la escuela palatina del Imperio Carolingio y, puntualmente, en la Orden Benedictina.Como hemos dicho, en tal época se registraron tres polémicas, tres querellas.Una querella política (a)
la querella de las investiduras
, un capítulo más de la tensiónpermanente que oscila entre el poder temporal y el poder espiritual, tal como se habíaplanteado en la
Ciudad de Dios
de Agustín de Hipona. Es decir la controversia entre bienessuperiores y bienes inferiores, ínsita en lo que se conoció como
«agustinismo político»
Así, elpoder espiritual debía estar por encima del poder temporal. Esto se conecta con los dos librosde Dionisio Pseudo Areopagita: (1)
Acerca de la jerarquía celeste
; y (2)
Acerca de la jerarquía eclesiástica
. ¿Todo poder viene de Dios? ¿Todo poder es una teocracia jerárquica?Durante el reinado de Carlomagno hubo cierta paz, cierta calma que se mantuvo en añosposteriores. Entretanto, los reinos se van haciendo cada vez más independientes, y reservanpara sí el poder de investir a los obispos. El orden sacerdotal del obispo lo da el poderespiritual, el Papa o alguno de sus emisarios. Pero todos los obispos, son obispos de algúnlugar. Entonces, los reyes querían para sí el poder de la investidura de los obispos. Téngase encuenta que, además, en ese tiempo era un recaudador, puesto que se tributaba al obispado.No era lo mismo ser obispo de una pequeña aldea, que de alguna aldea más próspera. De talsuerte, podemos decir que los reyes estaban en presencia de verdaderos centros de poder, enlos cuales procuraban designar a sus adictos. Esta querella tuvo perfiles muy sangrientos.Obligó a muchos reyes a desterrar obispos de sus territorios, como le sucedió a nuestro autor, Anselmo de Aosta, cuando su deber de obediencia lo hacía seguir más la jerarquía en la líneadel Papa, que escuchar y seguir los mandatos de la jerarquía monárquica, en su caso del rey de Inglaterra y sus designios.Hay una segunda querella (b)
la querella suscitada entre dialécticos y teólogos
, y hasta unatercera querella (c)
la querella de los universales
. Respecto de la querella (b) suscitada entredialécticos y teólogos, recordamos que en el Renacimiento Carolingio hay un impulsoinusitado del arte dialéctica, y cómo se considera a la dialéctica como una hermenéutica y unapreparación para la interpretación de la Escritura. Esto lo hemos visto, puntualmente, enEscoto Eriúgena, quien la aplica a la realidad y la hace corresponder con la hermenéutica dela Escritura. En este tiempo, algunos pensadores, como los dialécticos, afirman que haciendouso del arte de la argumentación, sostienen que, lo que no resista una argumentaciónracional, debería ser descartado. Si acaso lo fuera de un dato de la Escritura, como hipótesis
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