La Letra EscarlataNathaniel Hawthorne
Al hablar de Thackeray, no puedo menos que prenderme de la indiferencia quemostraba respecto a las situaciones patéticas de sus obras, y compararla con la emociónque experimenté yo al leer a mi esposa la última escena de La
Letra Escarlata,
inmediatamente después de escrita. No puedo decir que la leí, sino que traté de hacerlo,pues mi voz se henchía y se elevaba, como si me viera levantado o hundido,alternativamente, por las olas del mar cuando comienza a calmarse tras una tempestad.Ni sólo en las horas en que, pluma en mano, se empleaba Hawthorne en la composición desus ficciones embargaban éstas sus potencias. Mientras estuvo escribiendo La
LetraEscarlata,
se le veía con frecuencia olvidarse de cuanto le rodeaba, sumergido en profundoensimismamiento. Refiérese que un día, hallándose en este estado, tomó del costurero desu esposa una pieza que ella estaba cosiendo, y la picó en pedazos muy menudos, sinreparar en lo que había hecho. Esta costumbre de destrucción inconsciente databa de su juventud. El que esto escribe posee un sillón mecedor que usó Hawthome, y del que casihizo desaparecer los brazos con un cortaplumas mientras estaba en el colegio o estudiandosus lecciones o divagando con la imaginación por los espacios.En Febrero de 1850 fue terminada La
Letra Escarlata,
pero no se publicó hasta el mesde abril; y aunque el editor, que era el Sr. Fields, formó el más elevado concepto de sumérito como obra de arte, parece, sin embargo, que no tenía mucha confianza en su valorcomercial inmediato, si hemos de juzgar por los hechos siguientes. La primera edición fuede cinco mil ejemplares, lo que ya era un bonito número; pero el tipo con que se habíaparado el libro se distribuyó inmediatamente, lo que prueba que no se abrigaban muchasesperanzas de obtener una venta rápida. Pero la edición desapareció en diez días, y hubonecesidad de parar de nuevo todo el libro y estereotiparlo para poder dar abasto a lademanda.Una prueba de la manera con que llevaba a cabo Hawthorne sus tareas literarias, yde la madurez con que meditaba sus novelas desde que concebía la primera idea, nos laofrece su historia de Endicott y la Cruz Roja , escrita y publicada antes de 1845. Háblase enesa producción de una joven dotada de belleza nada común, cuyo destino fue llevar laletra A en el cuerpo del vestido, a la vista de todo el mundo, y aun de sus mismos hijos,quienes sabían lo que esa letra significaba. Como si se recreara en su propia infamiaaquella criatura perdida y llena de desesperación, había bordado la divisa fatídica en pañode color escarlata, con hilos dorados, y con todo el arte que es capaz la aguja; de tal modo,que aquella A mayúscula podría haberse tomado por la inicial de la voz Admirable o deotra por el estilo, excepto la de Adúltera, que realmente significaba. Cuando se publicódicha historieta, la Srta. E. P. Peabody le escribió a su amigo: Ya oiremos algo más acercade esta letra que ha hecho profunda impresión en el ánimo de Hawthorne. Muchos añosdespués de publicadas las lineas arriba citadas, que aparecen en sus Cuentos dos vecesreferidos, el castigo especial aludido en ellas vino a transformarse, merced a una completaelaboración mental, en el argumento de La
Letra Escarlata.
Es un hecho auténtico que el código puritano imponía semejante castigo; y se suponeque Hawthorne lo vio mencionado en alguno de los archivos de Boston, y aún puede verseen las leyes de la Colonia de Plymouth del año 1658. No hace mucho que el eruditoinvestigador de los anales de la Nueva Inglaterra, el Reverendo Dr. Jorge Ellis, vecino de
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Muchisimas Gracias por subir el libro, me fue de bastante utilidad