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Domingo 24 de Mayo de 2009
ANANKE
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EL BOLO
Jesús Zarazúa Rangel
zarazuarangel@yahoo.com.mx
La rosca del día de Reyes estaba lista junto al atole champurrado enla cocina, su aroma se podía percibir por toda la casa. Doña Agustinahabía pasado toda la tarde preparándolos, arrimada al fogón. Esperabaa su hijo, que salió rumbo a la milpa para arar el campo como todos losdías. Recordó la otra tarde de enero en que el aire azotaba fuertementelos árboles como ahora —a lo lejos los perros ladran, quién sabe aqué—, pero esta tarde están más inquietos, como si olieran algo en elaire de esta comunidad rural.¿Te acuerdas, Antonio? —Menciona doña Agustina a un retrato blancoy negro que cuelga de la pared y debajo una veladora encendida— ¿Teacuerdas, verdad? ¿Te acuerdas cuando llevamos al niño al bautismo?Qué lejos está la iglesia de aquí, nosotros estamos olvidados del mundo—y con su mano llena de arrugas toca la foto, respira profundo y dejaescapar una lágrima—. Cuánta vida me quitó Dios el día que te llevócon él, apenas teníamos diez años de casados y tenía que haber llovidocomo llovió, y tú tan necio a querer cruzar el río, y éste tan furioso comosiempre, te arrastró ¡Me sigues doliendo igual! Y hoy, no sé, pero tengoun mal pálpito en el corazón que no me deja respirar bien, es por esoque vine a platicar contigo, cuida al niño, cuida a nuestro hijo, que másque niño, ya es todo un hombre. ¿Te acuerdas de las caritas sonrientesa la hora en que nuestro compadre Secundino aventó aquellas monedi-tas a las afueras de la iglesia? ¿Sí te acuerdas? Esos niñitos de todo elpueblo, esperando a que el padrino del bautismo aventara las monedasal aire, y ellos con sus manitas empolvadas las recogían gustosos y son-rientes, mientras tú y yo, veíamos la carita de nuestro niño, ¿Sí te acuer-das, verdad Antonio? Nuestro Juan Primito del Niño Jesús, tuyo y míoy de nadie más, de los dos locos del cerro, como nos llamaban porquevivíamos por acá, sin luz eléctrica, sin agua potable, viviendo de la natu-raleza, tú y yo, los dos muy felices, Antonio y Agustina. Antonio, hijo delcapataz del tiempo de la hacienda. Un hombre que cualquier mujer enese tiempo hubiera querido tener, por esas manos fuertes, gruesas ycallosas fruto del trabajo en el campo, de carácter fuerte, pero tierno ala hora de hablarles a las mujeres. Y Agustina, la sobrina del cura, la niñamimada que siempre fue catequista y que todos en el pueblo pensaronque no iba a sobrevivir en el cerro sin los lujos que hay en casa de loscuras. Pero ya ves, te fuiste primero, y yo no quise abandonar la casa deadobe que tú mismo construiste con las manos que tanto me gustabaque me acariciaran, y aquí sigo, al lado de Juan Primito del Niño Jesús,que ya es todo un hombre, y lo deberías de ver, se parece tanto a ti enlo trabajador, es un macho como tú, pero hoy, no sé qué pasa, tienemucho rato fuera, ya es hora que debería de haber llegado. Ya hasta seme enfrió la rosca de reyes y el atole, hoy es día de los Reyes Magos,¿Dónde andará nuestro hijo, Antonio? Debes cuidarlo desde donde estés.Esos perros malditos no se callan. ¿Escuchas, Antonio, cómo suenanlas monedas de tu hermano Secundino al sacarlas de ese costalillo?, sonlas monedas que aventó el día en que a nuestro hijo le tumbamos elprimer cuerno, el día que se hizo cristiano, escúchalo llorando cuandomi tío el cura le echó el agua en su cabecita de cabellitos negros, y caritamorenita, como su padre, como tú, Antonio, igualito a ti.¿Escuchas el viento, Antonio, cómo ruge, cómo chilla, chifla?, comoque algo dice, ¿no lo crees así, Antonio? ¿Te acuerdas de aquel seis deReyes en el pueblo cuando tu hermano lle-vó al niño a la pila de San Juan Bautista, ymi tío le echó el agua y ahí está el niñollore que llore? Pobrecito, me acuerdocomo si hubiera sido ayer.Pero pos haber, Antonio, te fuiste muypronto y él también. Esos malditos perrosladran como ese seis de enero, hace faltaque lloviera y un rayo los partiera para quecallen sus aullidos. Y es que te fuiste muypronto Antonio y él también. ¡Qué lástimaque no estuviste aquí para ir a vengarnos!,y esos malditos perros que siguen ladrando.El día estaba como hoy, te acuerdas Anto-nio, el aire, así como hoy. Y yo con mis ma-las palpitaciones, platicaba contigo, comoahora , Antonio, cuando llegó el hijo de doñaEduviges venía fatigado a decir que nuestrohijo estaba colgado de aquel cedro en lamilpa, que lo habían colgado para quitarlelos animales. Se los hubieran llevado perome hubieran dejado a mi hijo, pobrecito,ya era todo un hombrecito, igualito a ti, An-tonio. Ya tenía sus 16. Malditos perros, si-guen ladrando ¿Sí los oyes, Antonio?Aún me acuerdo del día aquél y de tuhermano aventando las monedas del bolo,las caras de los niños, expectantes, ansio-sos de que volaran las monedas para aven-tarse por ellas al suelo, no importando que se rasparan los codos ¿Te acuerdas que algunoshasta lloraron? Tu hermano sí que se lució, quería que el pueblo sintiera que había nacidoun hijo de Antonio, y que él era el padrino más feliz, ¿Sí te acuerdas? Y cómo olvidarmede aquél seis de Reyes, en que no llegaron hasta acá y que bien entrada la mañana ahí viene tu hermano con un papalote que dejaron en su casa y ahí anda la criaturita corre ycorre por la ladera, volando bien gustoso su papalote, cómo olvidarse de eso Antonio,cómo. Te acuerdas de ese papalotito de papel de china y con hilo de cristal que el niñose la pasó volando todas las tardes de enero, bien contento porque los Reyes Magos selo dejaron en casa de su padrino. Tu hermano Secundino, y si supieras que cuando esosdesgraciados colgaron a Juan Primito del Niño Jesús no le quería yo decir porque sabíaque me iba a reprochar porque después que te llevó el río no me volví pal pueblo, perono, mi hijo y yo teníamos que quedarnos en tu tierra, en la tierra que te sembramos.Pero los muertos así son, se puso tieso y más tieso y por más que lo sobamos novolvió a ponerse suave y no podíamos enterrarlo hasta que vino su padrino y le dijo“Juan Primito del Niño Jesús, escúchame. Soy tu padrino Secundino. Hermano de tupadre y a la muerte de él, según nuestra madre iglesia, tu segundo padre. ¡Acomódatehijo para poderte meter en ese petate! Ya no le des más martirio a tu madre”. Hubierasvisto Antonio, nuestro niño, se puso suave, suavecito y lo pudimos acomodar en supetate. Se quedó quietecito. Ya teníamos dos días bañándolo con agua caliente y dándo-le friegas de alcohol y nada, seguía tieso, retorcido, como quedó en el árbol colgado,pero nomás le habló su padrino y solito se acomodó, y es que cómo no se iba a acomo-dar con lo que le dijo su padrino. “Soy el que aventó las monedas el día de tu bautismo,el que hizo sonreír a esos niños de caras extrañas, que de seguro uno de esos fue el quete echó la soga al cuello, pero ya descansa hijo, hijo mío, de mi hermano e hijo de tumadre”. Luego le rezamos su rosario y bien tempranito lo llevamos al lado tuyo, Antonio,para que lo cuides y ya ves esos perros no han dejado de ladrar. Mira Antonio, ahí estáel costalillo donde tu hermano llevó las monedas para el bolo.San José Iturbide, Guanajuato.
Imagen de Émerick Rodríguez
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