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Suplemento Cultural No. 634 del DiarioAguascalientes, Ags. Domingo 24 de Mayo de 2009
A N A N K E
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Texto: Circe VelaTexto: Circe VelaTexto: Circe VelaTexto: Circe VelaTexto: Circe VelaFoto: Cosme Rada /CuartoscuroFoto: Cosme Rada /CuartoscuroFoto: Cosme Rada /CuartoscuroFoto: Cosme Rada /CuartoscuroFoto: Cosme Rada /Cuartoscuro
 LeLa caricia apenas LeLa caricia apenas LeLa caricia apenas LeLa caricia apenas LeLa caricia apenasroza mi superficie.roza mi superficie.roza mi superficie.roza mi superficie.roza mi superficie.DeclinaDeclinaDeclinaDeclinaDeclina
 
 La caricia apenas La caricia apenas La caricia apenas La caricia apenas La caricia apenasroza mi superficie.roza mi superficie.roza mi superficie.roza mi superficie.roza mi superficie.Declina su ruta hacia mi pielDeclina su ruta hacia mi pielDeclina su ruta hacia mi pielDeclina su ruta hacia mi pielDeclina su ruta hacia mi piely al final la onda escapay al final la onda escapay al final la onda escapay al final la onda escapay al final la onda escapade mi ser electrizadode mi ser electrizadode mi ser electrizadode mi ser electrizadode mi ser electrizado
 
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Domingo 24 de Mayo de 2009
ANANKE
bacmx@hotmail.com
EL BOLO
Jesús Zarazúa Rangel
zarazuarangel@yahoo.com.mx
La rosca del día de Reyes estaba lista junto al atole champurrado enla cocina, su aroma se podía percibir por toda la casa. Doña Agustinahabía pasado toda la tarde preparándolos, arrimada al fogón. Esperabaa su hijo, que salió rumbo a la milpa para arar el campo como todos losdías. Recordó la otra tarde de enero en que el aire azotaba fuertementelos árboles como ahora —a lo lejos los perros ladran, quién sabe aqué—, pero esta tarde están más inquietos, como si olieran algo en elaire de esta comunidad rural.¿Te acuerdas, Antonio? —Menciona doña Agustina a un retrato blancoy negro que cuelga de la pared y debajo una veladora encendida— ¿Teacuerdas, verdad? ¿Te acuerdas cuando llevamos al niño al bautismo?Qué lejos está la iglesia de aquí, nosotros estamos olvidados del mundo—y con su mano llena de arrugas toca la foto, respira profundo y dejaescapar una lágrima—. Cuánta vida me quitó Dios el día que te llevócon él, apenas teníamos diez años de casados y tenía que haber llovidocomo llovió, y tú tan necio a querer cruzar el río, y éste tan furioso comosiempre, te arrastró ¡Me sigues doliendo igual! Y hoy, no sé, pero tengoun mal pálpito en el corazón que no me deja respirar bien, es por esoque vine a platicar contigo, cuida al niño, cuida a nuestro hijo, que másque niño, ya es todo un hombre. ¿Te acuerdas de las caritas sonrientesa la hora en que nuestro compadre Secundino aventó aquellas monedi-tas a las afueras de la iglesia? ¿Sí te acuerdas? Esos niñitos de todo elpueblo, esperando a que el padrino del bautismo aventara las monedasal aire, y ellos con sus manitas empolvadas las recogían gustosos y son-rientes, mientras tú y yo, veíamos la carita de nuestro niño, ¿Sí te acuer-das, verdad Antonio? Nuestro Juan Primito del Niño Jesús, tuyo y míoy de nadie más, de los dos locos del cerro, como nos llamaban porquevivíamos por acá, sin luz eléctrica, sin agua potable, viviendo de la natu-raleza, tú y yo, los dos muy felices, Antonio y Agustina. Antonio, hijo delcapataz del tiempo de la hacienda. Un hombre que cualquier mujer enese tiempo hubiera querido tener, por esas manos fuertes, gruesas ycallosas fruto del trabajo en el campo, de carácter fuerte, pero tierno ala hora de hablarles a las mujeres. Y Agustina, la sobrina del cura, la niñamimada que siempre fue catequista y que todos en el pueblo pensaronque no iba a sobrevivir en el cerro sin los lujos que hay en casa de loscuras. Pero ya ves, te fuiste primero, y yo no quise abandonar la casa deadobe que tú mismo construiste con las manos que tanto me gustabaque me acariciaran, y aquí sigo, al lado de Juan Primito del Niño Jesús,que ya es todo un hombre, y lo deberías de ver, se parece tanto a ti enlo trabajador, es un macho como tú, pero hoy, no sé qué pasa, tienemucho rato fuera, ya es hora que debería de haber llegado. Ya hasta seme enfrió la rosca de reyes y el atole, hoy es día de los Reyes Magos,¿Dónde andará nuestro hijo, Antonio? Debes cuidarlo desde donde estés.Esos perros malditos no se callan. ¿Escuchas, Antonio, cómo suenanlas monedas de tu hermano Secundino al sacarlas de ese costalillo?, sonlas monedas que aventó el día en que a nuestro hijo le tumbamos elprimer cuerno, el día que se hizo cristiano, escúchalo llorando cuandomi tío el cura le echó el agua en su cabecita de cabellitos negros, y caritamorenita, como su padre, como tú, Antonio, igualito a ti.¿Escuchas el viento, Antonio, cómo ruge, cómo chilla, chifla?, comoque algo dice, ¿no lo crees así, Antonio? ¿Te acuerdas de aquel seis deReyes en el pueblo cuando tu hermano lle-vó al niño a la pila de San Juan Bautista, ymi tío le echó el agua y ahí está el niñollore que llore? Pobrecito, me acuerdocomo si hubiera sido ayer.Pero pos haber, Antonio, te fuiste muypronto y él también. Esos malditos perrosladran como ese seis de enero, hace faltaque lloviera y un rayo los partiera para quecallen sus aullidos. Y es que te fuiste muypronto Antonio y él también. ¡Qué lástimaque no estuviste aquí para ir a vengarnos!,y esos malditos perros que siguen ladrando.El día estaba como hoy, te acuerdas Anto-nio, el aire, así como hoy. Y yo con mis ma-las palpitaciones, platicaba contigo, comoahora , Antonio, cuando llegó el hijo de doñaEduviges venía fatigado a decir que nuestrohijo estaba colgado de aquel cedro en lamilpa, que lo habían colgado para quitarlelos animales. Se los hubieran llevado perome hubieran dejado a mi hijo, pobrecito,ya era todo un hombrecito, igualito a ti, An-tonio. Ya tenía sus 16. Malditos perros, si-guen ladrando ¿Sí los oyes, Antonio?Aún me acuerdo del día aquél y de tuhermano aventando las monedas del bolo,las caras de los niños, expectantes, ansio-sos de que volaran las monedas para aven-tarse por ellas al suelo, no importando que se rasparan los codos ¿Te acuerdas que algunoshasta lloraron? Tu hermano sí que se lució, quería que el pueblo sintiera que había nacidoun hijo de Antonio, y que él era el padrino más feliz, ¿Sí te acuerdas? Y cómo olvidarmede aquél seis de Reyes, en que no llegaron hasta acá y que bien entrada la mañana ahí viene tu hermano con un papalote que dejaron en su casa y ahí anda la criaturita corre ycorre por la ladera, volando bien gustoso su papalote, cómo olvidarse de eso Antonio,cómo. Te acuerdas de ese papalotito de papel de china y con hilo de cristal que el niñose la pasó volando todas las tardes de enero, bien contento porque los Reyes Magos selo dejaron en casa de su padrino. Tu hermano Secundino, y si supieras que cuando esosdesgraciados colgaron a Juan Primito del Niño Jesús no le quería yo decir porque sabíaque me iba a reprochar porque después que te llevó el río no me volví pal pueblo, perono, mi hijo y yo teníamos que quedarnos en tu tierra, en la tierra que te sembramos.Pero los muertos así son, se puso tieso y más tieso y por más que lo sobamos novolvió a ponerse suave y no podíamos enterrarlo hasta que vino su padrino y le dijo“Juan Primito del Niño Jesús, escúchame. Soy tu padrino Secundino. Hermano de tupadre y a la muerte de él, según nuestra madre iglesia, tu segundo padre. ¡Acomódatehijo para poderte meter en ese petate! Ya no le des más martirio a tu madre”. Hubierasvisto Antonio, nuestro niño, se puso suave, suavecito y lo pudimos acomodar en supetate. Se quedó quietecito. Ya teníamos dos días bañándolo con agua caliente y dándo-le friegas de alcohol y nada, seguía tieso, retorcido, como quedó en el árbol colgado,pero nomás le habló su padrino y solito se acomodó, y es que cómo no se iba a acomo-dar con lo que le dijo su padrino. “Soy el que aventó las monedas el día de tu bautismo,el que hizo sonreír a esos niños de caras extrañas, que de seguro uno de esos fue el quete echó la soga al cuello, pero ya descansa hijo, hijo mío, de mi hermano e hijo de tumadre”. Luego le rezamos su rosario y bien tempranito lo llevamos al lado tuyo, Antonio,para que lo cuides y ya ves esos perros no han dejado de ladrar. Mira Antonio, ahí estáel costalillo donde tu hermano llevó las monedas para el bolo.San José Iturbide, Guanajuato.
Imagen de Émerick Rodríguez
 
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Domingo 24 de Mayo de 2009
ANANKE
José Luis Justes Amador
PARÉNTESIS 1
al modo de sicilialos papeles todavía sobre la mesa : antiguos:(cenizas de celan : leche y nieve)ilegibles porque esta caligrafía ya no existe :debiste escribir alma mas ahora se lee calma(rocas de rilke y eliot : sombrassobre el mar en el duino : sobreel desierto sin agua : solo ruido) y para sustituir aquella carta que ya no sabesde quién era / no te conoces / ni para quién viajas ahora en las tardes de acera y espumaolvidando los papeles como un furtivo visasolvidando precisamente el olvido : y en el lugar, papeles:
PARÉNTESIS 2
sobre Gil de Biedma1.ya pasada la media noche y con la botella vacía2.llega despacio la gemela incómoda que te tiene:3.tiene razón, le cito, los días laborables, las citas4.que ya no tienen sentido salvo esta monomanía5.de querer prolongar la noche más allá del vacío:6.pero luego hay momentos felices y no sé dónde7.para dejarse ser en amistad: regresaras ya nunca8.ya no digamos al pueblo sino a esta casa: quizá9.es la última palabra que esperamos y es precisa10. para salvarnos y que algo venga : un gesto, dos:11.
PARÉNTESIS 3
aquí sigue lloviendo : nada ha cambiadodesde aquella última carta : nadie se va :aquí se quedan todos hasta el último solese que confundes al final con pañuelosardiendo : pero arde y/o llueve más aquíen el centro de cualquier movimiento: síen el centro a que nada llega y todo sale:nostalgias del jarrón que recoja aún másque todo lo que perdemos : empapados:la lujuria todavía : la soledad tan simplecomo el callejón que sigue en lluvia y síalgún día volveremos aunque siga lloviendo:
ritornello
Catarino
Jildardo González
Me llamo Catarino, y estoy ciego. Con esa leyenda escrita en un cartón colgadaen su cuello vivía recorriendo la ciudad.Desde las diez de la mañana hasta las diez de la noche, en todo el día recojorecuerdos en tirones de horas rojas y amarillas, que me llevan a donde el hambrese puede engañar con facilidad y donde el calor lo asusto arropado en una chamarraen un eterno frío que me acompaña, y por eso casi siempre estoy bajo el sol,esperando el ruido metálico que me hace engañar al tiempo, y hago cuentas de lasmonedas que caen de cualquier gracia, las identifico con el rodar, o el golpe quehagan al caer en el bote de chiles jalapeños.Me entretengo adivinando el color de la suerte o del malestar de las personas,con el timbre de la voz al hablar entre ellas.Con la fuerza al caer las monedas identifico la alma piadosa que deja su monedapor tradición y cumpliendo alguno de los mandamientos, ellas son frecuentes lossábados, y los domingos y se cuentan por puños.A los que les sobra el dinero se les nota porque dejan caer con desgano y sinningún asomo de recogimiento, lo hacen porque ya no quieren cargar y de pasoexpían culpas y así, irse ganando el cielo en pequeños pagos accesibles, y semanales.Cuando el sonido es claro y sereno, el color que le acompaña es una mezcla deazul con amarillo y con mucho de verde, allí me doy cuenta que es un niño, en esemomento pasa un aire tranquilo y en el ambiente se respira paz y me imagino lapresencia de Dios entre risas infantiles.Todo esto me lo enseñó Javier, él me cuidaba mucho y siempre me estaba di-ciendo que me fijara en los ruidos y en lo que decían las personas porque así podría aprender muchas cosas, pero Javier ya no está, un día se fue y ya no regre-só, mi abuela dice que ya no va a volver porque a donde se fue está muy contentoy que desde allí nos está viendo, yo no entiendo eso pero yo creo que sí va a venirun día, porque cuando estoy muy triste porque me regañan y me dicen muchascosa feas me acuerdo mucho de él, porque Javier sí me cuidaba.Me llamo Catarino, y no sé hasta cuando voy a estar así. Dice mi abuela que yoera fuerte y tenía mucha cabeza para la escuela, pero me pasó algo que ella no mequiere decir, siempre que ando de preguntón me contesta con un suspiro muy largoy se va a refugiar a la cocina donde nadie la escucha, pero yo me doy cuenta quellora, y yo me siento culpable porque la hago llorar, por eso ya no hablo, para queya no llore mi abuela.Hay días que la cabeza me pesa como una piedra de molino, y pareciera quequisiera salirse de donde está, también adentro de mi cabeza escucho ruidos degrillos que se pelean y es cuando les grito que ya se callen que no me dejan oír loque dicen las nubes cuando se juntan allá arriba, en esos días, me dan muchaspastillas con leche para que me duerma.Una vez, era tanto mi escándalo que me taparon la boca con un paliacate hechobola porque les estaba gritando que ya se callaran, que no me molestaran, medijeron que los vecinos se asomaban por la ventana para ver cómo me estabanamarrando y las manos que no dejaban de moverse como los rehiletes de la feria,esa vez los vecinos se asustaron y hasta llamaron a la cruz roja.El primer día que me dejaron en este banco sentado y me dijeron que no memoviera hasta que vinieran por mí, me dio mucho miedo, ese día no vinieron tantarde pero yo estaba llorando porque tenía hambre y muchas ganas de ir al baño.Pero desde hace muchos días me dejan aquí desde temprano y viene por mí hastaen la noche, pero en ocasiones me les olvido y es cuando me da mucho miedo queno llegan y entonces me pongo a llorar hasta que me da sueño y ya no me salenlágrimas por los lentes oscuros que me amarran en la cabeza, esos son los días queno me gustan, porque desde la mañana que me traen los escucho que andan eno- jados y por eso llegan muy tarde por mí.Los días que sí me gusta venir y me divierto con la gente es cuando pasandiciendo “mira no pude ver, y que además le dan ataques”, me da risa que la gentecrea eso que sí estoy ciego y que me den ataques.Me llamo Catarino y tengo miedo de que me dejen aquí porque ya no se escu-chan ruidos.Desde hace mucho rato sigo aquí sentado esperando que me lleven con mi abuela,hoy es día que me llevan a pasear con ella, pero nadie ha venido ha visitarme.Me llamo Catarino y hoy es domingo, y nadie vino a visitarme.
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