En África se hacen cargo de miles de huérfanos. Cada una de ellas atiende aveinticinco niños y niñas. Sin medios, sin dinero, con un cuerpo cansado dever, sufrir y luchar contra tanta miseria e injusticia. Un cuerpo que ha lloradohasta lo indecible cada vez que ha perdido una hija, un hijo, una nieta...Uncuerpo que da y da hasta el exterminio, convencido de que alguien tiene quehacerlo y que no duda en ponerse a la tarea, a pesar de la dureza y lasmalas condiciones. Normal que a las abuelas del SIDA las definan lasHeroínas. Gracias a ellas hay esperanza, hay vida, hay posibilidades decambio, hay dignidad.Aquí, NUESTRAS heroínas, han trabajado cuidando y cuidando sin parar,haciendo de colchón afectivo, para todos y todas. A nuestras heroínas de hoyen día se les sigue haciendo merecedoras del cuidado gratuito, cada vez quefaltan plazas para los y las peques en las escuelas infantiles, o cuando hayque salir, o ahorrar para comprar el piso... Siguen siendo fundamentalmenteellas, las que hacen este trabajo, ahorrando dinero a cada familia enconcreto y al estado en su conjunto. ¿Que pasaría si todas se pusieran deacuerdo e hicieran huelga indefinida, dejando de cuidar a peques y apersonas un poco más mayores o iguales que ellas en edad?: Que el mundocasi se pararía y sobre todo que nuestros gobiernos deberían de dedicarmucho pero que mucho más dinero a cubrir los servicios sociales y deconciliación necesarios para nuestra vida actual.Ellas, esas heroínas a las que al igual que las africanas, se les ha negadohistóricamente el derecho a vivir dignamente, con unos ingresos propios queno las hagan dependientes de familiares de la beneficencia: Unas, las que sehan quedado viudas se les ha dejado con pensiones ridículas. A otras, quetienen la suerte de tener todavía a su lado a su compañero-marido, porhaber tenido que optar al igual que todas en aquellos años, por dejar eltrabajo fuera de casa, para hacerse cargo de la familia en su conjunto.Todas, que trabajaron en el mercado laboral durante algunos años, en su juventud, han llegado a mayores y se encuentran sin un duro propio, enalgunos casos con una pensión no contributiva de 200€. Vaya paradoja: Loque trabajaron fuera de casa no sirve para nada, ya que no cumplen losrequisitos de las leyes actuales. Lo que trabajaron y siguen trabajando encasa, tampoco: ¡Que injusticia! A estas mujeres también se les debe unareparación histórica. No solo homenajes. También dignidad económica yreconocimiento de su trabajo. Esta es una buena causa, para la vida política:Reponer un hecho al que ha obligado la sociedad. Han trabajado y hanseguido haciéndolo. Nadie les dio ni le permitió más opciones, ni nadie hizonada para que existieran servicios de conciliación, así que lo de los quinceaños de cotización, está pensado en todos, no en todas, cuando nosreferimos a aquellos años. Hoy, para muchas desgraciadamente también.
¿Cómo estarán las mujeres afganas?
Tere Mollà
Me gustaría saber qué está pasando con las mujeres de Afganistán. Hacemucho que no se habla de ellas.