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Análisis de las primeras lexiasde
 El coronel no tiene quien le escriba
,de Gabriel Garcia Marquez
 por Hugo Blumenthal
Más que un análisis simple y puramente estructural que intentaría establecer los andamios de
 El coronel no tiene quién le escriba
, la estructura que sostiene el relato, el texto, aquí intentaré unanálisis textual que no excluye el nivel estructural sino que lo contiene, pero anulándolo comomodelo. Pues salvo que la obra sea simplificada a una estructura muy general, donde cabríancientos de otras obras, anulando ese valor particular que hace que nos interesemos por (odeseemos) esta obra en concreto y no otra (y su elección difícilmente podría considerarsegratuita en nuestro contexto), hablar del “valor estructural” apenas tendría sentido ya que cabríala pregunta por las obras literarias con más o menos la misma estructura.Intentaré un análisis textual que no será exhaustivo en el sentido de que no tendrá en cuentatodo el texto, que tomará, seleccionará algunas lexias y/o conjuntos de lexias, según su valor  para una producción significante al interior del texto, producción que no se pretende objetiva,convertirse en regla; si mucho pretende mostrar una lectura posible, a través de uncuestionamiento particular del texto.
“El coronel no tiene quién le escriba.
” (P. 1)El título. ¿Qué dice? ¿Qué anuncia? Básicamente, propone a un personaje en un nivel decategoría más que de personalización o particularización. Es un rango, detentador de una posición, de un poder dentro de un sistema (el militar). Ese no tener o no poseer un nombre propio, universaliza. Puede ser cualquier coronel. Ni siquiera es realmente “el coronel” ante losotros personajes (como se verá más adelante, pues todos se refieren a él como “coronel” y nocomo “el coronel”).De ese hombre que es a su vez título, se dice que no tiene quién le escriba. ¿En qué sentido? Eltexto develará hacia su mediodía el sentido preciso de lo que anunciaba en su comienzo, antesdel amanecer. Confirmará una hipótesis entre otras. De momento, algunas hipótesis podrían ser:1. nadie le escribe cartas, al coronel no le llega ninguna carta (lo que plantea la pregunta por eldestinador y el objeto (la carta) pues como se verá no se trata de cualquier tipo de carta la que nole llega, aunque no le llegue de ningún tipo, en general); 2. el coronel no tiene quién le escriba suhistoria, no tiene un autor; 3. el coronel está impedido, y no consigue a nadie que le haga untrabajo de escritura (¿de qué tipo?). Para los que conocen de entrada la historia, antes de leerla(lo que no es extraño a una sociedad regida por múltiples medios de comunicación, donde lodifícil es hallar una inocencia absoluta, un consumidor no informado de una u otra manera sobreel posible objeto a consumir), podría parecer absurdo considerar posibilidades diferentes a la primera. Sin embargo toda posibilidad puede tener cabida, entrar en consideración, aunque la primera sea la más confirmada. En ese sentido el título, en cuanto índice, funciona muy bien, alseñalar una pluralidad de posibilidades de lectura desde el sentido que siempre se escabulle deuna fijeza y/o claridad inmediata.“El coronel destapó el tarro de café y comprobó que no había más de una cucharadita. Retiró laolla del fogón, vertió la mitad del agua [...]” (P. 3)
Hugo Blumenthal © 20071
 
El relato se abre con un índice de pobreza, que prácticamente abre una secuencia descriptivacuya función más obvia es mostrar la pobreza en que vive el coronel, más que presentar, en unsentido amplio, definidor, a los personajes. Se trata aquí de un no–tener impersonal. No es queno se tenga, sino que no hay. Se trata, por tanto, de una carencia material externa al coronel, queno afecta en demasía su existencia. Además es un no-tener ya previsto. El coronel comprueba,quizá por olvido, quizá con esperanzas de equivocarse, que no hay. La comprobación no losorprende. Por lo que, más que resignarse, simplemente adapta aquello que pensaba hacer allímite material con que cuenta para hacerlo.“[...] el coronel experimentó la sensación de que nacían hongos y lirios venenosos en sustripas.” (P. 3)Índice de podredumbre, enfermedad. El coronel se lo atribuirá al tiempo (humedad) pero sulocalización especifica (al nivel del aparato digestivo) es de por sí sospechosa. Puede ser tomadocomo índice de mala alimentación.“Era octubre. Una mañana difícil de sortear [...]” (P. 3)Octubre: época de lluvias (específicamente en la costa atlántica colombiana; aunque en el textono se haga explícita ninguna localización geográfica de la historia, no pocos índices apuntan aColombia). Lluvias que significan “enfermedad” para el coronel.“Durante cincuenta y seis años –desde que terminó la última guerra civil– el coronel no habíahecho nada distinto de esperar.” (P. 3)Información, duración temporal. La precisión del dato numérico (56) hace aparente unalocalización temporal concreta, que sin embargo se va a mantener indeterminada, pues losreferentes (el presente, o la última guerra civil) no están situados específicamente en el tiempo.Es decir, no hay fechas concretas para situar aquella última guerra o el presente. (Algunas fechas podrían conseguirse aproximadamente haciendo la analogía de los índices de la historia políticacon la historia de Colombia, pero mientras no las requiera el sentido del texto, no noscorresponde abordarlas aquí).La última guerra civil (“última” indica que han habido otras, lo que implica un país con un pasado violento) ha sucedido 56 años atrás. Tiempo que debería ser suficiente para pensar unavida pacifica (y entonces marcado para mostrar más adelante a qué precio sostenida), igual a laduración de una acción a la que es reducida toda la vida del coronel a partir de entonces (laespera). Tiempo de paz que constituye una espera (especie de guerra sorda, librada contra eltiempo y la desesperanza). ¿Espera de qué? Enigma que será develado como quién no quiere lacosa, más adelante. De momento el enigma se da sin querer, como si todavía no fuera el asunto.Sin embargo, es lo que ya va a jalonar el relato. Plantea un misterio, apenas escondido para queel lector lo descubra y lo suficientemente escondido para que le conceda valor. Enigma queincita a la lectura, al descubrimiento de qué es lo que sucede. La lectura como posibilidad dedesvelamiento de lo que una escritura puede proponer. La esperanza del sentido al fin desvelado.“Octubre era una de las pocas cosas que llegaban.” (P. 3)Índice de aislamiento del pueblo (no se dice “que le llegaban (a él, al coronel).”). Espacio adonde poco llega. De lo poco que llega, algo (casi que inevitablemente) es el tiempo. Y untiempo malo (para la salud). Por lo tanto, no es el lugar más apto para que florezca la esperanzade un cambio positivo.
Hugo Blumenthal © 20072
 
“[...] empezaron los dobles. El coronel se había olvidado del entierro.” (P. 3)Los dobles anuncian algo. ¿Qué? Recuerdan un entierro, con lo que se abre una secuencia quemarcará el día para el coronel: el entierro.“Nació en 1922 [...] Exactamente un mes después de nuestro hijo. El siete de abril.” (P. 4)La esposa del coronel (marcada hasta el momento con un ataque de asma) compara al muertocon el hijo. Los relaciona. Enigma poco difícil de resolver. Hipótesis: el hijo está muerto. Unafecha tan concreta (como la del 7 de abril de 1922) sólo funciona como índice aproximativo parala ubicación de un tiempo en el que puede ocurrir la historia porque no se dice cuántos añostenía el hijo del coronel al morir: suponiendo que estuviera entre lo 25 y los 35, la acción podríaestarse desarrollando entre 1947 y 1957 (¿la historia fue contemporánea a su momento deescritura?).“Era una mujer construida apenas en cartílagos blancos sobre una espina dorsal arqueada einflexible. Los trastornos respiratorios la obligaban a preguntar afirmando.” (P. 4)A la esposa del coronel, que no recibe por parte del narrador un nombre más particular (por elcontrario en otras ocasiones será simplemente “la mujer”), se le atribuye ser “arqueada” e“inflexible”. Es decir, como doblegada por un peso inmenso, y que sin embargo difícilmente dasu brazo a torcer. Su asma (o enfermedad) la excluye ante los otros de la duda, la erige encambio como un ser puramente afirmativo, no importa la intención y/o la certeza que puedahaber en su interior.“–No miren más a ese animal –dijo el coronel–. Los gallos se gastan de tanto mirarlos.” (P. 5)Miedo al desgaste (hasta de la imagen contemplada) del mayor, si no el único, objeto de valor.Preocupación un tanto neurótica por conservar intacto el objeto (el gallo).“[...] la mujer seguía pensando en el muerto.“–Ya debe haberse encontrado con Agustín –dijo–. Pueda ser que no le cuente la situación enque quedamos después de su muerte.“–A esta hora estarán discutiendo de gallos –dijo el coronel.” (P. 5)Informante: el hijo muerto se llamaba Agustín. Lo que atribuye la esposa del coronel al hijomuerto: si él supiera, preocupación por la situación que viven ella y su esposo, después de sumuerte. Lo que en cambio le atribuye el padre en replica a su esposa: despreocupación frente asu situación (¿conociéndola?) a cambio de los gallos.“[...] la mujer no se tomó el trabajo de mirar el paraguas. “Todo está así”, murmuró. “Nosestamos pudriendo vivos.”” (P. 6)El paraguas: índice de pobreza implícito. Su estado (implícito) no necesita ser constatado por laesposa del coronel. Índice leído como síntoma de un proceso de putrefacción de toda laexistencia; lectura basada en el saber “los objetos reflejan a sus dueños”.“[...] carecía de espejo desde hacía mucho tiempo [...]” (P. 6)Índice de pobreza, carencia personalizada. Por la función del afeitado (exclusiva del hombre), elcoronel no tiene.“[...] el coronel se vistió en silencio. Los pantalones, casi tan ajustados a las piernas [...]” (P. 6)
Hugo Blumenthal © 20073
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