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León de Greiff

León de Greiff

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Published by Hugo Blumenthal
La verdad, me sorprendió que alguien pudiera estar interesado en este breve ensayo (por llamarlo de alguna manera), que escribí para un seminario sobre literatura. Y todavía más me sorprendió algunas de las cosas que digo allí, así como también me sorprende el estilo, la convicción… Casi que ni me reconozco. No que hoy me averguenze. Todo lo contrario. Pero me parece ya otro mundo, otro “yo”… El seminario era parte de mis estudios en licenciatura en literatura. Recuerdo que al matricularme en aquel seminario, me sentí un poco decepcionado de que no fuera a ser otra vez sobre Rabelais, como había sido el año anterior, el que me había perdido. A León de Greiff no lo había leído, y nunca he sido muy lector de poesía, por una extraña influencia Sartreana. Pero apenas empecé a leerlo, me fascinó sobre todo su musicalidad, que en algunos poemas se me antojaba una sinfonía completa. Poemas que me fascinaba leer en voz alta, pero no con el estilo típico de los que se consideran buenos lectores de poesía, de esos que uno escucha en CDs, que marcan cada pausa, y leen cada verso como si se tratara de algo transcendental, pero, por el contrario, yo leía muy rápido, dejándome llevar, inmerso en las palabras… Para mi sorpresa, no muy diferente, a como el mismo León de Greiff leía algunos de sus poemas.
Ya no recuerdo las consignas del trabajo, pero una de ellas, me imagino, es que teníamos que escribir una paráfrasis de algunos poemas (sino hubiera sido obligatorio, nunca lo hubiera hecho, pues no creía mucho en paráfrasis). Una consigna típica, para probar que uno no sólo ha leído y disfrutado los poemas, sino que también los entiende, o que al menos les encuentra algún sentido. No recuerdo que nota saqué por aquel trabajo. No me extrañaría que nunca la supe (tampoco es que me importara de a mucho), como para saber qué bien o qué equivocadas estaban mis “interpretaciones”.
La verdad, me sorprendió que alguien pudiera estar interesado en este breve ensayo (por llamarlo de alguna manera), que escribí para un seminario sobre literatura. Y todavía más me sorprendió algunas de las cosas que digo allí, así como también me sorprende el estilo, la convicción… Casi que ni me reconozco. No que hoy me averguenze. Todo lo contrario. Pero me parece ya otro mundo, otro “yo”… El seminario era parte de mis estudios en licenciatura en literatura. Recuerdo que al matricularme en aquel seminario, me sentí un poco decepcionado de que no fuera a ser otra vez sobre Rabelais, como había sido el año anterior, el que me había perdido. A León de Greiff no lo había leído, y nunca he sido muy lector de poesía, por una extraña influencia Sartreana. Pero apenas empecé a leerlo, me fascinó sobre todo su musicalidad, que en algunos poemas se me antojaba una sinfonía completa. Poemas que me fascinaba leer en voz alta, pero no con el estilo típico de los que se consideran buenos lectores de poesía, de esos que uno escucha en CDs, que marcan cada pausa, y leen cada verso como si se tratara de algo transcendental, pero, por el contrario, yo leía muy rápido, dejándome llevar, inmerso en las palabras… Para mi sorpresa, no muy diferente, a como el mismo León de Greiff leía algunos de sus poemas.
Ya no recuerdo las consignas del trabajo, pero una de ellas, me imagino, es que teníamos que escribir una paráfrasis de algunos poemas (sino hubiera sido obligatorio, nunca lo hubiera hecho, pues no creía mucho en paráfrasis). Una consigna típica, para probar que uno no sólo ha leído y disfrutado los poemas, sino que también los entiende, o que al menos les encuentra algún sentido. No recuerdo que nota saqué por aquel trabajo. No me extrañaría que nunca la supe (tampoco es que me importara de a mucho), como para saber qué bien o qué equivocadas estaban mis “interpretaciones”.

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Published by: Hugo Blumenthal on Jun 09, 2009
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La poesía y la “música” de León de Greiff 
 por Hugo Blumenthal
La primera vez que escuché el nombre de León de Greiff fue hace dos años, en primer semestre, de boca de Rodrigo Navarro para ejemplificar el sentido “real” de poesía. Son muchas las cosas queuno no podía entender entonces, y más si carecía de una verdadera cultura poética. Entonces apenasme causó risa, y cierto malestar. León de Greiff podía estar pasado de moda, el lenguaje queutilizaba parecía anticuado, pero mi posición no era envidiable si no entendía absolutamente nada delo que allí estaba en juego. No mucho más hubiera podido decir. Pero ya era algo: quedaba como unreto, no muy lejano a la lectura de un Joyce, un Lacan o un Derrida.Hoy, después de haberme enfrentado a la lectura de algunas de sus poesías, puedo decir algo más.Lo más evidente después del anterior proceso, que hay en León de Greiff una exigencia de lectura,que requiere de su lector un trabajo de lectura o de escucha, demanda buen oído. Es tal la exigenciaque parece imposible llegar a colmarla, de que se llegue a conocer hasta la saciedad los posiblessentidos de sus poemas. La experiencia es un tanto desalentadora para quien haya intentado fijar elsentido de uno de sus poemas. Y es que sus poemas, más que los de cualquier otro –aunque tampococonozco muchos poetas a fondo–, no se dejan resumir, se resisten a la explicación que buscaesclarecer su sentido, definir aquel lugar interior que nos toca. ¿Por qué me “gusta” tal poema “más”que aquel? (Las comillas, necesarias, demuestran mi dificultad de dar con las palabras exactas).Intentaré definir lo que considero algunas cualidades de la poesía de León de Greiff.Sin ser devoto del barroco, de Lezama y compañía, y aunque tampoco se pueda catalogar a Leónde Greiff dentro del barroco, me llama placenteramente la atención, ante todo, el juego del lenguaje –juego complejo con un lenguaje complejo– que se gasta gozosamente, satisfecho de sí mismo, sin buscar ninguna utilidad como la que se asocia por lo general a esas palabras “rebuscadas”,aparentemente grandilocuentes. Cualidad propugnada por el barroco, señalada por Sarduy, que tantome atraía en teoría y que –salvando las diferencias que tiene de Greiff respecto al barroco– no había podido encontrar en la práctica de igual manera, es decir dentro de una experiencia de lecturacautivada, ante una realización de esa teoría que tanto me atraía (descontando
 Paradis
de Sollers, elque intuyo como la realización de ese deseo de lectura, desafortunadamente inaccesible para unfrancés prácticamente nulo).A diferencia del barroco, aquí el sentido no busca perderse entre las palabras porque se trata de unsentido ante todo musical que se mantiene claro e inmediato. Con palabras, León de Greiff, más que poesía, erige música (hasta donde es posible levantarla con palabras). De Greiff se aprovecha yexplota de cada palabra su “pequeña música”, utilizándolas como si de pequeños conjuntos de notasmusicales se tratara. Músico y minero de la superficialidad inconsciente de las palabras, es decir  poeta que desacraliza, recreando, toda la riqueza de un español olvidado, inadvertido bajo lamontaña del habla cotidiana, compone complejas y singulares sinfonías breves, sonatas, nocturnos yotros géneros menores. ¿Imitación imposible, condenada a nunca alcanzar su objeto? ¿Parodiaentonces de la música? Quizá, pero deliciosa parodia que alcanza a compartir con la música muchosde sus méritos y que también posee otros que a la música se le escapan, propios ya de la poesía delas palabras.Su lectura me produce, entonces, una sensación de gozo (no es propiamente placer, pues a veceshasta me da miedo perderme en su poesía), como al escuchar una sinfonía de Beethoven, Brahms, oMahler (ya que no comparto demasiado los referentes musicales de León de Greiff, Wagner y
Hugo Blumenthal © 20071
 
Schubert, entre otros). Por eso prefiero los poemas extensos que se desenvuelven como una sinfonía, por la complejidad de ritmos, sonidos, palabras y sentidos... que tienen la fuerza de un Lautreamont.Pero la comparación con la música clásica no es gratuita, sólo porque el mismo de Greiff la señaleen sus poemas. Salta a la vista, o al oído, la diferencia clásica, comparando con otros poemas que meatraen y embelesan, como los de Gonzalo Rojas (su
 Rock Sinfónico
, sus poemas que relacionansentido y sonido, con un ritmo jazz, experimental), de Huidobro, o de los poetas de la generación beat en inglés (Ginsberg, Gregory Corso, Kerouac). Claro que si tuviera que escoger me quedaríacon los últimos, pero ¿por qué tendría que escoger? Lo clásico también me hace falta, muchas veces.Entonces –¿y quién lo hubiera dicho hace dos años?– también necesito a León de Greiff.Hugo BlumenthalCali, 1997
Apéndice:Interpretaciones en torno a algunos poemas de Leon de Greiff 
 por Hugo Blumenthal
Tergiversaciones I:
El poeta se sabe nombrado como tal por la sociedad, por su apariencia exterior descuidada y sucomportamiento altivo (la alta pipa), porque pretende vivir de ilusiones y comete rimas en versos poco claros.Pero él sintiéndose cual poderoso campesino que por simple capricho no acepta razones, gusta deimaginarse paraísos y de hacerse ilusiones bajo la influencia de sus poetas favoritos, como Poe,Baudelaire, Verlaine, Rimbaud... sintiéndose alucinado, malévolo, diabólico y angelical, sensitivo,con grandes posibilidades de formas; con todos los rasgos de esos poetas.Irónicamente, reconoce cuánto trabajo útil queda por hacer en la sociedad, pero reitera su predilección por lo aparentemente efímero, por lo bello inútil, como son los crepúsculos, como es la poesía.
Tergiversaciones IV (Filosofismos):
El poeta se ve cercado por dos inmensas noches: por la que se encuentra antes de nacer y por la quesigue a la muerte; y es por ello que se considera hijo de la noche, ya que de ella proviene y a ellaterminará por regresar. La noche representa un estado de no–ser, de un ser ilimitado, de la cual lanoche humana es apenas una sombra, conduciendo al sueño, o ensueño, en la que el poeta es libre degozar de todo lo tenebroso que alberga, y de las locuras que permite (de lo tenebroso y loco para losque lo contemplan desde el día). Asimismo, considera que la soledad es otra especie de noche y por eso se dice más alegre si está solo en la noche, pues implica una “noche” más profunda, más cercanaa la noche que vendrá con la muerte.
2
 
Si en el día consigue pasearse “indiferente” por entre las multitudes es sólo porque está seguro dela noche que vendrá, en la cual reina. Así, nada parece poder afectarlo; excepción hecha por lagramática, es decir, en última instancia, por la norma más básica, que dicta lo que “debe ser”, normaa la que no puede dejar de odiar.Pero de vuelta a la noche considera que puede olvidarse de todo. El poeta siente un encanto por elmisterio de la noche, la considera esencial en la posibilidad del cambio, y como la que contienetodos los placeres. Por eso al final se pregunta anhelante cuándo vendrá la noche que nunca termina,es decir, la muerte.
Villa de la Candelaria:
De antemano el poeta confiesa sospechar vanos los motivos que le llevan a expresarse –aunque yano sea por medio de un poema sino de simple prosa– pues sabe que de cualquier forma aquel al quese dirige no puede entenderle, por lo mismo que lo increpa. Indignado, aquí el poeta se dirige al pueblo y a la sociedad que habita para expresar toda su repugnancia por lo utilitario, la conformidad,superficialidad, lo común, lo autoritario, el materialismo y otros peligros para la poesía como laimportancia que la gente da a las banalidades, a los chismes y a la religión, que los ciega para ver otras ideas, otras posibilidades de vida (como las que el poeta promete).
 Balada trivial de los 13 panidas:
El título evalúa desde un principio al poema catalogándolo de trivial, como si lo que allí fuera adecirse no fuera gran cosa, un profundo pensamiento, sino más bien algo que debería ser obvio atodos. Y, efectivamente, este poema no parece ser más que una reafirmación de los 13 panidas,diciendo simple y sencillamente, contra cualquier intento de justificación, que ellos son (o eran).Panidas, como se sabe, es una forma de León de Greiff para designar de manera amplia a los poetas, que de manera especifica se refiere a los 13 escritores y artistas que publicaban suscolaboraciones en la revista literaria Panida que León de Greiff dirigía en Medellín en 1915.El poema recoge todas las características de este grupo de artistas, subrayando unas (“poetas, poetas, poetas”), poniendo otras cual aparentes contradicciones (“románticos o clasicistas”), perosiempre apuntando a una verdad de grupo, a los panidas como artistas, “exploradores de agriasvetas”. Termina el poema un Envio despectivo a los críticos para reafirmar que al fin y al cabo loúnico que importa es que “los panidas eramos trece”.
 Balada de la formula definitiva y paradojal:
Aunque de antemano estima cualquier razonamiento como vano discurrir, el poeta no deja de preguntarse por la razón de su oficio, casi clamando por una respuesta o “formula” que puedaexplicar y regir su destino, que le garantice una seguridad y le sirva de consuelo, como puerto firme.Sin embargo la única respuesta que encuentra, dondequiera que va, es una paradoja: “todo no valenada, si el resto vale menos.” Es decir, ninguna razón, nada más valido que las oscuras “razones”que pueda ya tener el poeta.Dándose cuenta de que no hay una razón práctica, “diurna”, para explicar su oficio, el poeta asumela formula paradojal, sin preocuparse ya de poder estar yendo hacia la nada, seguro de que no hayrazones que tenga que buscar fuera de la poesía misma.
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