utilizado por la divina providencia, le impidió cometer un crimen. Así comenzó. ¿Peroqué pasó luego con él?En sus cinco Reglas para los que andan viajando, escritas hacia el final de suvida, Ignacio apunta
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: “Guarden un humor igual y mantengan la paz, en el éxito como enel fracaso, en la alegría como en la tristeza, sin perder el equilibrio”. Y en un documentomuy distinto, también redactado poco antes de su muerte y hoy llamado Reglas denuestro Padre, Maestro Ignacio: “No contradigas nunca a nadie, ni con razón niequivocadamente, trátese de un superior, un igual o un subordinado; acoge siempre laopinión de los demás...” Encima de esas Reglas, Ignacio escribe: “Jesús mi amor escrucificado”, lo cual atestigua que su manera de actuar con la gente era harto distinta deuna cortesía calculada y política.Se había acostumbrado a dejarle espacio a Dios para que pudiera actuar en losdemás, o, como lo relata Ribadeneira: “Decía a menudo que se debe hacer como elenemigo malo que entra por la puerta de un hombre para hacerlo salir por la suya propia.Hay que adaptarse, pues, a los demás, a su carácter y temperamento, a sus inclinacionesy costumbres, tanto como sea posible y permitido, y hacerlos más disponibles a laPalabra de Dios y a la causa del Señor”.“Era para él una necesidad, dice Gonzalves da Cámara, llegar a conocer a lagente que quería ayudar. Se mostraba interesado literalmente en todo lo que llenaba susdías, lo que motivaba su vida cotidiana, hasta en el número de pulgas que les picabandurante la noche”. Trataba de captar “en qué circunstancias una persona había vivido,cuál era su carácter, sanguino o melancólico, cuáles habían sido sus ocupacionesanteriores y lo que en el momento estaba haciendo”, dice Nadal. “Como un marino, antesde embarcar, observa el viento y la temperatura, así, al tomar contacto con la gente,especialmente cuando se trata de príncipes y de altos dignatarios, debemos primeroinformarnos de su carácter y sus relaciones con los demás, antes de intentar unaaproximación y ganar su confianza”, escribe Ribadeneira.
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En el presente artículo, el autor cita a S.Ignacio, Ribadeneira, Nadal en su idioma, como es lógico, y dafrecuentemente las referencias, sin demasiada precisión, en fuentes que no son de acceso fácil. Como no pretendemos aquí un nivel científico, nos hemos ahorrado el tiempo de buscar de nuevo la letra misma deesos autores antiguos, salvo cuando aparece en la edición corriente de las
Obras completas
de S.Ignaciode la BAC. Encontraremos, pues, a continuación citas formales y otras en castellano de hoy.
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