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ESPIRITUALIDAD Y PASTORALPresentación
Estamos acostumbrados a relacionar a S. Ignacio con los Ejercicios Espiritualesy con la Compañía de Jesús, lo cual es absolutamente lógico. Pero dejamos a un lado, sindarnos cuenta, otra faceta de su obra y de su personalidad espiritual: su preocupación ydedicación a la pastoral ordinaria del pueblo de Dios. Este es el punto que desarrolla el primer capítulo de este Cuaderno, traducido por Guido Jonquières, S.J., de
Cahiers deSpiritualité Ignatienne
, Québec, Abril-Junio de 1993. El autor es un jesuita holandésque da Ejercicios y trabaja en parroquia. Ojalá su análisis nos ayude a afrontar conespíritu ignaciano nuestras tareas pastorales más corrientes.En la misma línea, aunque con una referencia más explícita a la teologíadogmática y a la enseñanza moral de la Iglesia, prosiguen los dos capítulos siguientes. Eldel P.Ochagavía fue su aporte a un seminario efectuado en la Pontificia UniversidadCatólica de Chile y publicado en Teología y Vida, Santiago, vol.XXXVI (1995). Susegunda parte rebalsa ampliamente nuestro enfoque pero permite situarlo mejor, en elmarco de toda espiritualidad.
 CEI
 
 
SAN IGNACIO Y LA PASTORAL ORDINARIA
Ed Niessen, S.J.El P. Nadal estimaba que la Compañía de Jesús tenía sus cimientos en la vidadel fundador y que Ignacio, con sólo narrar su vida, había realmente "fundado" la orden.Quisiera pues describir la vida de Ignacio con un enfoque específico, el del pastor queatiende simplemente el cuidado ordinario de las almas. Por consiguiente, no miraré aIgnacio como fundador de orden, que demuestra con sus actos sus talentos de líder; nicomo gran hombre de oración y místico; ni tampoco como el que transmite su propiaexperiencia de vida en el método típico de los Ejercicios Espirituales; sino a Ignacioatendiendo al cuidado ordinario de las almas, en el contacto pastoral directo, obvio paratodo sacerdote, sea éste docente en un colegio o profesor, comprometido en la tarea pastoral que se presenta concretamente y en los contactos múltiples de la vida cotidiana.O para decirlo de otro modo: Ignacio, no como pastor especializado, sino como pastor enel sentido general de la palabra. Esto es lo que él fue siempre, desde Manresa: unsacerdote, para todos y cada uno; nunca se dedicó a especialidades, aunque tuvo algunas.Voy a describir, pues, en primer lugar su comportamiento en las relacionesordinarias con los demás, cuando sus primeros contactos con la gente, a partir deManresa; luego, sus relaciones propiamente pastorales; y, por último, algunas de susdirectrices fundamentales y algunas conclusiones que manan de su práctica pastoral.
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 I. El trato de Ignacio con la gente
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“Entrar por la puerta delotro”Entrarporlapuertadelotro
 Comenzamos con un fracaso: el conocido encuentro con el moro, mientrasIgnacio caminaba con él hacia Igualada, ambos montados en sus mulas. El moro decía no poder creer que María hubiese dado a luz permaneciendo virgen. Iñigo se sintiófuertemente inclinado a apuñalar a ese hombre, y sólo un desvío inexplicable de la mula,
 
 
utilizado por la divina providencia, le impidió cometer un crimen. Así comenzó. ¿Peroqué pasó luego con él?En sus cinco Reglas para los que andan viajando, escritas hacia el final de suvida, Ignacio apunta
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: “Guarden un humor igual y mantengan la paz, en el éxito como enel fracaso, en la alegría como en la tristeza, sin perder el equilibrio”. Y en un documentomuy distinto, también redactado poco antes de su muerte y hoy llamado Reglas denuestro Padre, Maestro Ignacio: “No contradigas nunca a nadie, ni con razón niequivocadamente, trátese de un superior, un igual o un subordinado; acoge siempre laopinión de los demás...” Encima de esas Reglas, Ignacio escribe: “Jesús mi amor escrucificado”, lo cual atestigua que su manera de actuar con la gente era harto distinta deuna cortesía calculada y política.Se había acostumbrado a dejarle espacio a Dios para que pudiera actuar en losdemás, o, como lo relata Ribadeneira: “Decía a menudo que se debe hacer como elenemigo malo que entra por la puerta de un hombre para hacerlo salir por la suya propia.Hay que adaptarse, pues, a los demás, a su carácter y temperamento, a sus inclinacionesy costumbres, tanto como sea posible y permitido, y hacerlos más disponibles a laPalabra de Dios y a la causa del Señor”.“Era para él una necesidad, dice Gonzalves da Cámara, llegar a conocer a lagente que quería ayudar. Se mostraba interesado literalmente en todo lo que llenaba susdías, lo que motivaba su vida cotidiana, hasta en el número de pulgas que les picabandurante la noche”. Trataba de captar “en qué circunstancias una persona había vivido,cuál era su carácter, sanguino o melancólico, cuáles habían sido sus ocupacionesanteriores y lo que en el momento estaba haciendo”, dice Nadal. “Como un marino, antesde embarcar, observa el viento y la temperatura, así, al tomar contacto con la gente,especialmente cuando se trata de príncipes y de altos dignatarios, debemos primeroinformarnos de su carácter y sus relaciones con los demás, antes de intentar unaaproximación y ganar su confianza”, escribe Ribadeneira.
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En el presente artículo, el autor cita a S.Ignacio, Ribadeneira, Nadal en su idioma, como es lógico, y dafrecuentemente las referencias, sin demasiada precisión, en fuentes que no son de acceso fácil. Como no pretendemos aquí un nivel científico, nos hemos ahorrado el tiempo de buscar de nuevo la letra misma deesos autores antiguos, salvo cuando aparece en la edición corriente de las
Obras completas
de S.Ignaciode la BAC. Encontraremos, pues, a continuación citas formales y otras en castellano de hoy.
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