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Ovidio Lagos
Arana, rey del caucho
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Crace, JimCRA La despensa del Diablo.- Emecé, 2003.p. ; 23x15 cm.- (Lingua franca)Traducción de: Ernesto MontequinISBN 950-04-I. Título – 1. Narrativa
A mis hijos, Natalia, Violeta y Joaquín.
Emecé Editores S.A.Independencia 1668, 1100 Buenos Aires, ArgentinaE-mail: editorial@emece.com.ar http://www:emece.com.ar 1ª edición: 4.000 ejemplaresImpreso en Industria Gráfica Argentina,Gral. Fructuoso Rivera 1066, Capital Federal,en el mes de octubre de 2002.Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida,sin la autorización escrita de los titulares del “Copyright”, bajolas sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o totalde esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidosla reprografía y el tratamiento informático.IMPRESO EN LA ARGENTINA / PRINTED IN ARGENTINAQueda hecho el depósito que previene la ley 11.723ISBN: 950-04-2414-2
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Título original:The Devil’s Larder Copyright © Jim Crace, 2001© 2003, Emecé Editores, S. A.Diseño de cubierta:Mario Blanco
 
 
Agradecimientos
Mencionar a quienes contribuyeron con su información y su buena vo-luntad a este libro, implica agradecer a los cuatro puntos cardinales, porquela elaboración provino de Sudamérica, de Europa y de los Estados Unidos,en numerosos casos, a través de Internet.En el Perú, recibí ayuda en Iquitos y en Lima. En la capital amazónica,conversé largamente con el padre agustino Joaquín García, en la deslumbran-te Biblioteca Amazónica de esa ciudad, cuya valiosa colección de libros so-bre la historia del caucho y de sus protagonistas me fueron de enorme utili-dad. Agradezco la contribución de Alejandra Schindler, de esa institución,que resolvió cada problema que surgía, y me envió por correo electrónico lafotografía de la casa de Julio César Arana en Iquitos. No menos importantefueron los testimonios de Humberto Morey, perteneciente a una legendariafamilia amazónica y de Luis Tafur, en la Biblioteca Municipal, que me brin-dó valiosísima información sobre los períodos en que Julio César Arana fuealcalde de Iquitos. Allí también pude apreciar los retratos al óleo de los al-caldes, entre los cuales figuran el del cauchero y el de su hijo, Luis Arana Zu-maeta. Por último, mi reconocimiento al piloto norteamericano, cuyo nom-bre lamentablemente he olvidado, que me trasladó hasta el río Putumayo ensu inverosímil hidroavión construido en 1955, viaje que podrá apreciarse enel Epílogo.En Lima, Roger Rumrill García, hombre amazónico, historiador y pro-fundo conocedor de los problemas de Loreto, me brindó bibliografía y su vi-sión personal de Arana. Un viejo amigo, Enrique Zileri Gibson, editor deltradicional e indestructible semanario limeño Caretas, me presentó a RaúlMorey Menacho, una suerte de ícono amazónico que trabaja infatigablemen-te en su departamento de Miraflores, nieto e hijo de dos hombres memora-bles si de historia del Amazonas se trata. Me brindó su excelente material so-bre el Tratado Salomón Lozano y sobre la Toma de Leticia. Aunque nocompartimos la misma opinión sobre Julio César Arana, respeto profunda-
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