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10.OrnelasDelgado

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08/25/2013

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HACIA UNA TEORÍA LATINOAMERICANA DEL DESARROLLO
 Jaime Ornelas Delgado.
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Introducción
La situación económica y social en América Latina ha puesto en tensión a las fuerzas sociales en laregión y colocado en la agenda política de varias naciones de la región la búsqueda de una opcióneconómica y social que permita superar la modalidad neoliberal, que actualmente se encuentra en plena crisis de legitimidad originada por su evidente impotencia estratégica para satisfacer lasnecesidades sociales.
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La creciente deuda social del neoliberalismo con nuestros pueblos ha traído, entre otrasconsecuencias, el ascenso del movimiento popular que en los años ochenta del siglo XX pasó de lasderrotas políticas a la resistencia civil y al fortalecimiento de sus organizaciones en los años noventay, luego, a las victorias electorales contundentes, cuya respuesta ha sido la actual contraofensiva delos sectores desplazados del gobierno en países como Bolivia, Ecuador y Argentina.El rechazo al neoliberalismo, aunque necesario no es suficiente aún para definir los rasgosfundamentales de las nuevas sociedades latinoamericanas. Para esto, para construir la sociedadlatinoamericana postneoliberal del siglo XXI, se requiere además de mantener y acrecentar lasacciones del movimiento social que ha sostenido una desigual y dura batalla contra elneoliberalismo y el poder de los grupos que ostentan el poder, de un debate generalizado en el senode nuestras sociedades con la mira de crear y fortalecer el poder popular. De esas acciones ydebates, habrán de surgir propuestas precisas capaces de guiar e impulsar la movilización de la población en pos de la construcción de una sociedad donde pueda realizar sus aspiracioneseconómicas, políticas, sociales y culturales.Entre los temas de ese debate se encuentra, hoy, el referido a las posibilidades que puedeofrecer el desarrollo como concepto teórico–práctico capaz de permitir a nuestros pueblos pensarse así mismos en un entorno de globalización neoliberal y avanzar para superar la actual etapa de
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Centro de Investigaciones Interdisciplinarias sobre el Desarrollo Regional (CIISDFR), Universidad Autónoma deTlaxcala. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), Nivel II.
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La siguiente información puede permitir ilustrar algunas de las consecuencias sociales que el neoliberalismo hasignificado para América Latina: el Producto Interno Bruto por habitante creció en la región únicamente 1.1% anual en promedio entre 1990 y 2005, tasa bajísima que con la década perdida de 1980 acumula ya un cuarto de siglo desemiestancamiento económico y social. En efecto, la población latinoamericana en condiciones de pobreza creciócontinuamente durante la etapa en que predominaron los gobiernos neoliberales al pasar de 136 millones (40.5% de la población total de la región) en 1980 a 221 millones (44% de la población) en 2002 y sólo a partir de ese año empezó adisminuir, en términos absolutos y relativos, la población que se encontraba en esa situación de pobreza, al bajar a 217millones de personas (42% de la población total) en 2004 y a 209 millones (39.8% de la población latinoamericana) en2005. (CEPAL, 2007)
 
 2transición que en América Latina se caracteriza por el cuestionamiento y abandono de los postuladosdel “Consenso de Washington” para forjar otros de diferente contenido ético, político, social yeconómico.
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Por supuesto no se trata de asumir el concepto de desarrollo tal y como se formuló en susorígenes en los años inmediatos posteriores a la segunda guerra mundial; sin embargo, en sureconceptualización, sin duda, resulta indispensable remontarse críticamente a esas primerasformulaciones teóricas y a las que siguieron expuestas por los pensadores latinoamericanos sobre eldesarrollo, ya que sólo comprendiendo cómo se construyó y teorizó aquel presente se estará encondiciones de trazar los caminos que nos conduzcan a superar los problemas estructurales por losque atraviesan las sociedades latinoamericanas que han llevado a nuestra región a ser una de las másdesiguales del mundo.
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Recuperar el pensamiento latinoamericano en materia de desarrollo no es refocilarse en lanostalgia del pasado, sino adentrarse a una tradición donde los pensadores han tratado de responder siempre a la necesidad de encontrar los caminos de la transformación social y, lo que es quizá lamejor lección: comprometerse con sus propias conclusiones para llevarlas a cabo junto almovimiento social. Hacerlo así, recurrir al pasado y hacerlo presente vivo nos puede permitir atisbar con mayor claridad los caminos viables a seguir en la construcción de la sociedad latinoamericana postneoliberal del siglo XXI.De la misma manera, la necesidad de redefinir el desarrollo partiendo de nuestra realidadconcreta exige superar las visiones sesgadas de las teorías metropolitanas que solamente consideransu parte económica –el crecimiento– y soslayan sus dimensiones sociales y políticas como la
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El discurso conservador, que explicó la bancarrota fiscal del Estado de Bienestar de los años setenta por los “excesosdel gasto gubernamental”, se tradujo en una receta que recibió el nombre de
Consenso de Washington
“por lacoincidencia de recomendaciones económicas formuladas por los organismos propulsores de las reformas(principalmente el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), todos ellos domiciliados en lacapital de Estados Unidos”. La estrategia
recomendada
por el Consenso de Washington para superar el estatismo yalcanzar los equilibrios macroeconómicos con bajas tasas de inflación, se sustenta en el siguiente decálogo: 1. Disciplinay equilibrio fiscal; 2. Priorizar el gasto público en áreas de alto retorno económico; 3. Reforma tributaria; 4. Tasas positivas de interés fijadas por el mercado; 5. Tipo de cambio competitivo y liberación financiera; 6. Aperturacomercial; 7. Apertura total a la inversión extranjera a la que se dará trato de nacional; 8. Privatización de todos losactivos públicos; 9. Desregulación de la economía; y 10. Protección a la propiedad privada. (Borón y Gamina, 2004:133–134 y Vilas, 2000: 35.)
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“Según el Banco Mundial, desde que se dispone de datos sobre los niveles de vida, América Latina y el Caribe seencuentran entre las regiones del mundo que presentan la mayor desigualdad. Con excepción de la parte de Áfricaubicada al sur de Sahara, esto es válido respecto de casi todos los indicadores, desde los ingresos o gastos en consumohasta la mayoría de los resultados de salud y educación. (Banco Mundial,
 Desigualdad en América Latina y el Caribe:ruptura con la historia, 2003.)
Aunque la décima parte más rica de la población de la región percibe 48% del ingresototal, la décima parte más pobre sólo recibe 1.6%. en cambio, en los países desarrollados, la décima arte superior recibe29.1% del ingreso total, en comparación con el 2.5% de la décima parte inferior.” (Cetré, 2006: 35)
 
 3distribución del ingreso y la participación social en la orientación y los objetivos del desarrollo. Setrata, en todo caso, de repensar y reconceptualizar el desarrollo vinculando la economía con la política para hacerlas un solo instrumento con estrategias, objetivos e instrumentos únicos.
La influencia de las teorías metropolitanas en el pensamiento económico latinoamericano 
América Latina, sin duda, ha sido una importante fuente de creación teórica sobre su propia realidady las vías de su transformación. Todas ellas como el funcional–institucionalismo, el estructuralismode la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el propio populismo o elmarxismo y la manera como éste fue apropiado en Latinoamérica, son las fuentes indispensables para construir un concepto de desarrollo que mantenga la añeja tradición latinoamericana de hacerlo pensando en la transformación de una sociedad que, hoy como nunca, requiere cambios radicales para empezar a resolver sus problemas seculares: la pobreza, la desigualdad y la falta de democracia.Sin embargo, durante algún tiempo el monopolio de las explicaciones de lo que ocurría ennuestra región lo mantuvieron las teorías neoclásicas y keynesianas elaboradas fuera de AméricaLatina, principalmente en Estados Unidos pero también en Europa como es el caso de la “Teoría delos Polos de Desarrollo” elaborada en sus aspectos fundamentales por el francés Francois Perroux yque tanta influencia ejerciera en los planes de industrialización que, por lo menos en México, sediseñaron en la etapa de la industrialización sustitutiva de importaciones.El hecho es que al concluir la Segunda Guerra Mundial, los economistas de los paísesmetropolitanos dedicaron la mayor parte de su atención a los problemas del desarrollo y elcrecimiento. En esa época, diversos economistas (Lewis, 1955; Schumpeter, 1970; Kaldor, 1961;Adelman, 1964; Bénard, Kaldor, Kaleki, Leontief y Tinbergen, 1965; Bangs, 1968 y Currie, 1966),se propusieron definir el desarrollo al que, en general y con distintas variantes, lo identificaban conel crecimiento del valor de la producción económica, lo que además facilitaba su medición.
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 El esfuerzo de los economistas neoclásicos por comprender el desarrollo como un procesorestringido al crecimiento y expansión de la economía capitalista, es decir, como un procesoestrictamente
economicista
, fue el punto de ruptura y diferenciación de esta corriente con la escuelaclásica para la cual, según David Ricardo uno de sus máximos exponentes: “El problema principal
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Incluso, entre los economistas soviéticos se sostenía la misma identificación entre el desarrollo y el crecimiento. Unode ellos, Fedorenko (1976: 33), escribía a mediados de los años setenta: “Bajo el socialismo, la identificación y elreciproco condicionamiento, que existe entre los factores y metas económicas y políticas, cristaliza en la estrategia decrecimiento económico. Esto significa que la elección de la estrategia es uno de los puntos cardinales de la dirección dela economía nacional.”
 

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