bastante más de lo que parecería conveniente a mibaja condición aunque por los discretos a cuyanoticia llegó fuese alabado y reputado en mucho),no menos me fue grandísima fatiga sufrirlo:ciertamente no por crueldad de la mujer amada sinopor el excesivo fuego concebido en la mente por elpoco dominado apetito, el cual porque con ningúnrazonable límite me dejaba estar contento, me hacíamuchas veces sentir más dolor del que habíanecesidad. Y en aquella angustia tanto alivio meprocuraron las afables razones de algún amigo y susloables consuelos, que tengo la opinión firmísima deque por haberme sucedido así no estoy muerto. Perocuando plugo a Aquél que, siendo infinito, dio porley inconmovible a todas las cosas mundanas eltener fin, mi amor, más que cualquiera otro ardientey al cual no había podido ni romper ni doblarninguna fuerza de voluntad ni de consejo ni devergüenza evidente ni ningún peligro que pudieraseguirse de ello, disminuyó con el tiempo, de talguisa que sólo me ha dejado de sí mismo en lamemoria aquel placer que acostumbra ofrecer aquien no se pone a navegar en sus más hondospiélagos, por lo que, habiendo desaparecido todos
Leave a Comment