La historia de la revolución, como toda his-toria, debe, ante todo, relatar los hechos y sudesarrollo. Mas esto no basta. Es menesterque del relato se desprenda con claridad porqué las cosas sucedieron de ese modo y node otro. Los sucesos históricos no puedenconsiderarse como una cadena de aventurasocurridas al azar ni engarzarse en el hilo deuna moral preconcebida, sino que deben so-meterse al criterio de las leyes que los go-biernan. El autor del presente libro entiendeque su misión consiste precisamente en sacara la luz esas leyes.El rasgo caracterÃstico más indiscutible delas revoluciones es la intervención directa delas masas en los acontecimientos históricos.En tiempos normales, el Estado, sea monár-quico o democrático, está por encima de lanación; la historia corre a cargo de los espe-cialistas de este oficio: los monarcas, los mi-nistros, los burócratas, los parlamentarios,los periodistas. Pero en los momentos decisi-vos, cuando el orden establecido se hace in-
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