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Sujetos que piensan más allá del Estado y el Capital

Sujetos que piensan más allá del Estado y el Capital

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Sujetos que piensan más allá del Estado y el Capital
Miguel Aponte
Desplegar la posición política, ética y epistémica de formas de hacer que van más allá del Estado y el capitalsignifica dejar de hacer política pragmática e instrumental, decir no a la realpolitik,que es negar el realismo político con sus connotaciones liberales y positivistas.Incluye también liberarse de los juegos discursivos propios de la estrategiade la geopolítica y la acumulación de fuerzas,pues de suyo esta lógica corresponde a los déspotas ilustrados que habitanel supuesto de que hay quien sabe y quien no sabe,consideran obligatorio pensar en clave de correlación de fuerzasy de formación de dirigentes, es decir, de relaciones de dominio
 Rafael SandovalAntropólogo
Deshacerse del dominio del capital es imposible si no somos capaces de deshacernos a la vez del
Estado. Hablar del “Estado capitalista” pretendiendo ver o presumiendo que habrá un “Estado
socia
lista” que sustituirá a aquel y que será capaz de llevar o “enseñar” a la sociedad hacia la
sociedad desalienada es un error teórico y político que sólo ha conducido al totalitarismo y, enrealidad, constituye siempre un nuevo modo de capitalismo, ésta vez total y totalitario: es otraservidumbre que -paradójicamente ¿paradójicamente?- ahoga definitivamente al sujeto y a la
política en nombre de una “nueva” estafa a la comunidad política.
 Un error teórico porque desembocará siempre en la burocratización y la corrupción del proceso decambio: el vicio liberal de esencia de esta doctrina -la democracia representativa y su hijo elEstado- termina trasmutado a la cosmovisión emancipadora garantizando su fracaso porenvenenamiento masivo y desde el comienzo. Un error político porque nos obliga a confiar en losrepresentantes y sobre todo a negar a la democracia directa. Única, convenzámonos, únicaposibilidad real del proyecto por la libertad. Quienes sueñan que ese Estado va a terminarcediendo su poder son los
verdaderos utópicos. Terminarán ellos como ahora se dice “rodilla entierra”, pero con ambas rodillas en tierra resignados ante el poder del maldito Leviatán.
 El Estado socialista no será nunca superación del capitalismo sino el hundimiento en uncapitalismo aún empeorado para despecho de todos aquellos que creen en el funcionalismo de lastesis marxistas hoy inservibles. Las experiencias de la Unión Soviética y de todos los socialismoreales lo demostró hasta la saciedad en el siglo XX; y, por si hubiera hecho falta, pasó loimpensable: Rusia y China hoy en día son sociedades abierta y brutalmente capitalistas con unañadido aún más inexplicable para quienes insisten en hacer gárgaras marxistas: son capitalismosdirigidos por las antiguas élites burocrátic
as comunistas ahora “convertidos” a la ideología liberal
-capitalista, como en el caso Ruso; o, más inexplicable aún: son capitalismos dirigidos desde lospropios partidos comunistas como en el caso del imperialismo chino en evolución.
 
 Si debido a los vicios teóricos y filosóficos desde su origen nunca ha habido una verdadera teoríaeconómica en el marxismo, con las experiencias actuales de Rusia y China, ¿qué queda delmaterialismo histórico? Es una completa ruina que muy seguramente el propio Marx habríareconocido para seguir trabajando en un proyecto teórico-político coherente. Pero los seguidoresde su legado no han hecho eso: han preferido ocultar las fallas de origen para terminar sirviendo anuevas clases dominantes y para continuar sirviendo a las mismas significaciones capitalistas quedicen combatir. Por otro lado, resulta comprensible que siendo la historia y la economía lasdisciplinas que resultaron catapultadas por el proyecto marxiano al formar los dos lados del alicatecon el cual Marx creyó
“atrapar” la historia y determinar su evolución para siempre, sean estas dos
disciplinas a las que más costará romper la clausura y liberar su reflexión de cara a un futuroposible de la acción política, teórica y revolucionaria. No es casualidad que los verdaderos avancesen la reflexión revolucionaria desde hace años provienen de otras disciplinas más advertidas delparcelamiento positivista-racionalista-determnista y más dispuestas a auto-cuestionarse: laantropología, la sociología, la psicología social, la etnografía, entre otras. No la economía. No lahistoriografía.Aquellos que de buena fe creen que sin Estado es imposible el cambio social no solamente hanmistificado su propia relación con la idea de revolución y transformación social, sino que seconforman con sustituir una clase explotadora por otra. Critican a quien denuncia toda formaestatalista de dominación como utópica sin advertir que están sirviéndose a sí mismos como carnede cañón para ser violados por la burocracia: son utópicos posmodernos, lo que queda de los
intelectuales de izquierda después de que todas las “certezas” que desesperadamente necesitan
para poder seguirse viendo como revolucionarios han fracasado y ellos mismos no han sidocapaces de reconocerlo para indagar en la práctica y en la teoría nuevas formas de mantener elproyecto de transformación social sobre una base coherente.Pero los movimientos por la autonomía de la sociedad, a su vez, continúan avanzando en elmundo porque afortunadamente la historia es creación y no requiere de intelectuales, rescatandoen la práctica histórica lo que es rescatable de los legados anarquistas y del propio marxismo, así como de una concepción legítima de la política no como la forma de cooptar con el poder delEstado, no como la forma de arrodillarse ante él, sino como la manera de crear la institución en ycon la comunidad política.Pero no podemos quedarnos simplemente acusándonos de utópicos unos a otros entre quienescreemos que todo Estado es factor de dominación y quienes creen que es posible un Estado alservicio de la emancipación. Recordemos que fue el mismo Marx quien pensó siempre que el

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