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maravillados o no de su crecimiento, han diseñado variadas interpretaciones para hacer inteligible suavance.”
El sociólogo suizo Christian Lalive fue una de las primeras “personas con nombre y apellido” enplantear una interpretación del avance Pentecostal chileno en su ahora clásico libro
El refugio dela masas
(1968). Este autor, tal como señala Guerrero
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, identifica factores tanto
externos
como
internos
para explicar el arraigo de este movimiento en Chile. Entre los primeros, considerafundamental el cambio histórico y social operado en el país en las primeras décadas del siglo XX,cuando el modo de vida tradicional (la hacienda campesina) empezó a derrumbarse y empujó afamilias campesinas hacia la ciudad. Como dice el propio Lalive
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el cambio de velocidad en ladifusión del Pentecostalismo en Chile aconteció en los años críticos en que una sociedadtradicional y señorial dio paso a otra secularizada y democrática.En otras palabras, en un contexto de
anomia
, de ausencia de reglas claras de convivencia social—injustas o no— y de desorientación valórica, el Pentecostalismo ofrece una estructura conreglas claras y un mensaje de salvación y vida nueva para cada individuo. Y en última instancia,en las iglesias del movimiento se reproduce el antiguo modelo de la hacienda: “el Patrón devieneen Pastor y la vieja Hacienda, en la nueva comunidad Pentecostal
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”. El Pentecostalismo ofreceentonces la posibilidad de vivenciar una
communitas
en medio de la urbe hostil, en el sentidoturneriano de “experiencias de unidad, compañerismo e igualdad
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”.Por su parte, Emile Willems (1967) y Hans Tennekes (1985) han complementado elplanteamiento de Lalive al advertir los vínculos entre el Pentecostalismo y el catolicismo popular.Mientras Willems observa estos vínculos en la creencia de experiencias místicas y el papel delíderes carismáticos, Tennekes
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señala la relación entre la religiosidad y los problemas cotidianosen inmediatos como la salud y el trabajo, pero el Pentecostalismo se aparta de la religiosidadcatólica popular en tanto su influencia se extiende a todos los aspectos de la vida social de laspersonas. Es interesante la siguiente caracterización que hace Tennekes
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:
“Los Pentecostales constituyen un espectáculo común en los barrios y poblaciones populares delas ciudades y pueblos del país. En cada esquina, pequeños grupos proclaman a pleno pulmón elEvangelio, para después reagruparse, cantando con guitarras y mandolinas, y marchar juntos haciael templo. El mensaje Pentecostal es comprendido y aceptado por los humildes y es lógico que así sea. En un estrato social que sufre mayores riesgos de enfermedades y que tienen acceso máslimitado a atención médica; donde el alcoholismo representa una tragedia que aniquilaliteralmente a miles de individuos y familias, y donde abundan los problemas hogareños, losPentecostales proclaman que la fe en Dios derrota los males físicos y que la fuerza del EspírituSanto puede hacer que los hombres abandonen los vicios, asuman sus responsabilidades hogareñase inicien una vida nueva”.
Lo que destaco de esta observación —que sin duda comparten todos los estudiosos delmovimiento— es el papel de la
música
en la configuración de la presencia Pentecostal dentro delcontexto urbano. Tres puntos se pueden desprender al respecto. Primero, mediante sus cantostanto en el “punto de predicación (el lugar en la ciudad donde realizan su proclamación)” como
3
1994: 10-11.
4
1968: 62.
5
Guerrero 1994: 11.
6
Cerletti & Citro 2006: 54.
7
1985: 77-87.
8
1985: 18.