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Erna von der Walde - costumbrismo decimonónico

Erna von der Walde - costumbrismo decimonónico

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ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura
CLXXXIII 724 marzo-abril (2007) 243-253 ISSN: 0210-1963
EL “CUADRO DE COSTUMBRES”Y EL PROYECTO HISPANO-CATÓLICODE UNIFICACIÓN NACIONALEN COLOMBIA
1
Erna von der Walde
Universidad de Essex, Reino Unido
ABSTRACT: 
In the 1858-1872 period, a group of lawyers who met in the gathering of 
El Mosaico
processed all the material collected by the Geographic expedition that had taken place between 1851and 1859 and which was lead by the Italian geographer AgustínCodazzi and made an overview of the Nation as a country made up of regions or areas. This picture got transmitted through the local customs. At the same time, José María Vergara y Vergara, co-founder of the gathering wrote the first history about the literature of Nueva Granada which is the basis for a new evaluation of the Hispanic colonial past. Both the regional vision of the local customs and the Hispanic-Catholic view by Vergara y Vergara showed to be the basic elements for the National unification which was consolidated under a conservative ideology since 1880.
KEY WORDS: 
Local customs, hispanic-catholic project, geography,colonial past.
RESUMEN:
Entre 1858 y 1872, un grupo de letrados que se reuníaen la tertulia de
El Mosaico 
procesó los materiales recogidos porla expedición geográfica que se había realizado entre 1851 y 1859bajo la dirección del geógrafo italiano Agustín Codazzi y elaboróuna visión de la nación como un país de regiones. Esta visión setransmitió a través del cuadro de costumbres. Al mismo tiempo,José María Vergara y Vergara, cofundador de la tertulia, escribió laprimera historia de la literatura de la Nueva Granada a partir de lacual elabora una reevaluación del pasado hispánico colonial. Tantola visión regional del costumbrismo como la hispano-católica quecimentó Vergara y Vergara resultaron elementos fundamentales enla unificación nacional que se consolidó bajo la ideología conser-vadora a partir de 1880.
PALABRAS CLAVE:
Costumbrismo, proyecto hispánico-católico,geografía, pasado colonial.
Entre 1858 y 1872, en medio de una crisis política, socialy económica que amenazaba con llevar a Colombia auna ruina total, un grupo de hombres y mujeres ilustresse congregó informalmente en la tertulia de
El Mosaico,
 dedicada especialmente a asuntos literarios. Los fundado-res de este espacio fueron José María Vergara y Vergara,periodista y político conservador, y Eugenio Díaz, autor decuadros de costumbres y de la primera gran novela cos-tumbrista,
Manuela 
(1859). Si bien, como en toda tertulia,las intenciones y proyecciones se formulaba ligeramentey no se pretendía llevar a cabo ningún proyecto de granenvergadura, de hecho este grupo resultó consolidando loscontornos de la literatura nacional, afectando sus desarro-llos futuros, al mismo tiempo que su actividad le otorgóun papel fundamental a la literatura en la formación deimaginarios nacionales.
El Mosaico 
se fundó inicialmente como un espacio de di-fusión del costumbrismo y organizó su labor alrededor deese género. La noción con la que se operó era muy ampliay suelta, posicionando bajo el rubro otro tipo de escritoscomo las crónicas de viaje y los informes científicos. Entérminos generales, se catalogó como costumbrismo todotrabajo de descripción de los espacios geográficos del te-rritorio nacional, de sus gentes, sus formaciones socialesy económicas.Tras la muerte de Díaz en 1865, el grupo quedó en manosde Vergara y Vergara, la figura pívote, y es su obra la que leimprime a la labor relativamente informal de la tertulia elsentido de un proyecto de literatura nacional. La mayoríade los miembros hacían pequeñas contribuciones, orga-nizaban de vez en cuando los encuentros en sus casas(esto se registraba en las actas que se publicaban en larevista), pero el grueso de sus actividades transcurría enlos círculos de la política o en otras publicaciones, comoes el caso de José María Samper, uno de los ideológos li-berales más influyentes del siglo; su mujer Soledad Acosta,periodista e historiadora, directora de la
Biblioteca para señoritas; 
el periodista y educador liberal Manuel Ancízar;o el geógrafo Felipe Pérez. Fueron miembros más cons-tantes y más dedicados a la labor literaria específica de
El Mosaico,
además de Díaz y Vergara y Vergara, sus fun-dadores, José Manuel Groot, autor y pintor costumbrista e
 
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“   C  U  O  C  O  S  U M S ”  O  C  O I   S N O - C  Ó  I   C  O  U NI  I   C  C I   Ó  NN C I   O NN C  O  O MI  
ideológo católico; Ricardo Carrasquilla, educador, autor decuadros de costumbres y orador católico; y José ManuelMarroquín, novelista, cuentista, gramático, compositor deuna ortografía en verso, y, años después, presidente de larepública cuando los Estados Unidos intervino para separara Panamá de Colombia en 1903.La tertulia se convirtió en un lugar de autoridad sobrecuestiones literarias y Vergara y Vergara se hizo cargode organizar y ordenar las letras nacionales. Del círculosalieron publicaciones como
La lira granadina 
(1860), unacolección de lo más sobresaliente en poesía después dela independencia, recopiladas por José Joaquín Borda yel mismo Vergara y Vergara, el
Museo de cuadros de cos-tumbres 
(1866), recopilado también por este último concolaboración de otros miembros de la tertulia, publicacio-nes que arbitraban sobre calidad en forma y contenido yacompañadas de prólogos que definían valores “naciona-les”. En las reuniones del grupo se introducía a los nuevostalentos literarios y se sometía a aprobación los materialesque llegaban de distintos rincones del país. La revista de
El Mosaico 
se convirtió en un importante órgano de di-fusión de novedades literarias: en sus comienzos publicópor entregas
Manuela,
la novela de Díaz, y en 1864 pre-sentó las primeras poesías de Jorge Isaacs. Tanto Vergaray Vergara como Ricardo Carrasquilla leyeron y corrigieronel manuscrito de
María 
(1867), la más importante novelaromántica de Colombia.En este artículo, me ocuparé de señalar las conexionesque existen entre el costumbrismo que cultivó
El Mosaico 
 y el proyecto de unificación nacional que cristalizó en ladécada de 1880 alrededor de una visión conservadora,hispano-católica de la nación. Me centraré en particularen los dos ejes que cultivó Vergara y Vergara: primero, ellugar que se le adjudicó al costumbrismo como vehículode descripción de la realidad nacional, para lo cual tendréen cuenta los antecedentes, la procedencia de los mate-riales y el tipo de mapa imaginario, tanto geográfico comosocial, de la nación que contribuyó a crear; segundo, eluso específico que le dio Vergara y Vergara a este génerocomo instrumento para hacer una revisión del pasado his-pánico colonial y los lazos que existen entre esta variantey su obra más importante, la
Historia de la literatura enla Nueva Granada 
(1867), la primera historia literaria deColombia y una de las primeras del continente (GonzálezStephan, 1987). La
Historia 
resulta un espacio especial-mente privilegiado para analizar el papel que le cupo a laliteratura en el trazado de una continuidad cultural conel legado colonial español, sobre todo en lo que respectaa la lengua y la religión. En este punto, la obra de Vergaraconstituye una contribución fundamental para la cimen-tación del pensamiento hispano-católico conservador quehabría de cristalizar en el proyecto de unidad nacional enla década de 1880.Quiero además tener presente la función del costum-brismo en la creación de la idea de Colombia como “unpaís de regiones” que opera como la definición básica yfundamental de lo que es no sólo la base geográfica delterritorio, sino de manera significativa la divisoria culturaldel país y, por ende, de su desarrollo histórico. Si bien lamultiplicidad y diversidad geográfica, cultural e históricade Colombia son innegables, la “región” es ante todo undiscurso, un dispositivo que se ha hecho operativo dentrode las relaciones de poder y en los conflictos políticos.Rebasa las intenciones de este ensayo hacer una críticade ese discurso, cuya complejidad atraviesa multitud deinstancias, pero es importante poner de presente que la“región” opera como una ideología. La región en el discursode la nación en Colombia ha tenido la función muy impor-tante de “naturalizar” formaciones sociales y económicas,así como de organizar aspectos culturales e interpretarprocesos históricos. En este sentido, ha sido funcional paraocultar otras diferencias, para allanar y simplificar proce-sos sociales y culturales. Aquí señalaré algunos momentosde la construcción de esa ideología de la región para lacual el costumbrismo fue un vehículo privilegiado.
E
L
 
PROYECTO
 
DE
 
UNIFICACIÓN
 
NACIONAL Y 
 
LA
 
FUNCIÓN
 
DE
 
LA
 
LETRA
La unificación y consolidación nacional en Colombia hacia1880 fue un fenómeno más tardío que en la mayoría delos países hispanoamericanos. Desde la década del 40,profundas diferencias entre facciones de la elite fuerondefiniendo los perfiles de lo que habrían de ser los dospartidos políticos, el liberal y el conservador. El puntoque los diferenciaba sustancialmente era el del papelque le adjudicaban a la Iglesia en los asuntos del estado.Esto tenía, por supuesto, repercusiones que también eraneconómicas, pues los fueros eclesiásticos significaban la
 
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N O NW
pérdida de importantes réditos para la hacienda pública ylos liberales, apoyándose en el racionalismo económico, nodejaban de señalar este aspecto. Pero más importante re-sultaba la disputa respecto al papel civilizador, moralizadory educador de la Iglesia que alimentaba los argumentosde los conservadores y les servía de base para definir alpueblo que querían gobernar. En las cuatro décadas deintensa rivalidad y conflicto, en las que se lucharon cuatroguerras civiles a nivel nacional, tres de las cuales dieroncomo resultado una nueva constitución
2
, se agudizaron lasdiferencias, se intensificaron los argumentos a favor o encontra de las posiciones y se demonizó al rival hasta elpunto de hacer imposible una reconcialiación.Si bien, como afirma Cristina Rojas, a los letrados de laelites los unía su “voluntad de civilizar”, en el discursopúblico pesaban más las diferencias, hasta el punto deque el partido opositor no se veía como un contendor sinocomo una desviación de la verdad, y por tanto como algoque debía ser eliminado (Rojas, 2002, 35-41). Fue el mo-vimiento de Regeneración nacional el que salió finalmentevictorioso en la contienda, un movimiento que tenía comofigura política central a Rafel Núñez, un liberal moderado,y como líder intelectual y moral a Miguel Antonio Caro, elconservador más ilustrado, más consistentemente católicoultramontano e hispanista. Bajo la dirección de Caro seredactó la constitución de 1886, la cual habría de regir aColombia durante más de un siglo, una constitución queentregó a manos de la Iglesia la conducción de la forma-ción ciudadana como una educación moral.Dado el impacto de las guerras y la rivalidad política enla formación de un proyecto nacional en Colombia, podríapensarse que el papel de la literatura no podría ser muysignificativo. Adicionalmente, hacia finales del siglo XIX,el país consistía en su mayor parte de comunidades cam-pesinas autosuficientes y el nivel de la matrícula escolarera bajísimo, apenas de un 5,3% en la década de 1870(Palacios, 1995, 17). Por lo tanto, hay que tener en cuentala doble función de la literatura. Por un lado, era el vehí-culo a través del cual se consignaba una realidad que seordenaba a través de la escritura, formando así una imagendel país. Esta labor estaba confinada casi en su totalidad alos círculos de letrados urbanos, bien fuera como produc-tores directos o mediadores de las producciones de otrosactores sociales (recopilaciones de folclore, introducciónde poetas de provincias, clasificación del valor adjudicadoa las diversas producciones), constituyendo lo que ÁngelRama llamó la
ciudad letrada 
(1984). Esta
ciudad letrada 
 estaba directamente ligada al poder, no sólo porque engeneral los escritores eran también políticos (y las másde las veces, la viceversa: los políticos adiestraban su artedel buen gobierno a través de la pluma), sino porque enúltimas la lógica que comandaba la letra era la que bus-caba imponerse sobre una realidad que se percibía comocaótica, desenfrenada y, en términos generales, inciviliza-da. De ahí que se pueda establecer, como lo hace Rama,una continuidad sin fisuras entre el proyecto civilizatoriocolonial y el republicano poscolonial.Más allá de la superficial diferencia entre la cultura letraday la oral cuando se mide sólo por los medios que utilizanpara su transmisión, lo que separa sustancialmente al le-trado del resto de la comunidad es el logos civilizador ycolonizador que impulsa a través de la letra. Es decir, no esel medio mismo –la escritura–, sino su inscripción dentrode una sociedad dividida en castas, razas y clases lo quehace que la práctica del hombre de letras hispanoameri-cano se entienda como una continucación de esa lógica.El espacio de la letra se traduce en un espacio de controlde los cuerpos (abolición de otras prácticas escriturales)y de las mentes (saber decir) que se halla estrechamenteligado a la vigilancia del lenguaje por medio de la normagramatical.El lugar en el que se confunden las prácticas del hombre deletras como observador y escribano del mundo circundantey como actor dentro de él en cuanto gobernante son lasConstituciones. Esto pude verse claramente en el caso deAndrés Bello, cuya obra como poeta, gramático y legisladorconjuga magistralmente las tres variantes letradas dentrode un proyecto civilizatorio de profundas repercusiones.Las visiones que se ponen a prueba tentativamente en lapoesía (como en la
Silva a la agricultura de la zona tórrida,
 su proyección de una civilización fundamentalmente fisio-crática) se traducen en normas y leyes que han de regirlos destinos de naciones (Chile, en este caso). La consti-tución colombiana de 1886 tradujo en muchos sentidosla visión que tenía Miguel Antonio Caro de lo que debíaser el pueblo colombiano. Un punto ilustrativo es el quese refiere al voto. Mientras los liberales, temerosos de lainfluencia que podía ejercer la Iglesia en los analfabetos,preferían un voto restringido a los hombres mayores de21 años que supieran leer y escribir, Caro, profundamente

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