Praefatio
Algunos de los trabajos recogidos en este volumen han sido publicados en periódicos, páginas web y revistas, mientras otros han permanecido inéditos. Comprenden un proceso de reflexión iniciado, sólo bajo pretexto, por la entrada de un nuevo siglo y deun nuevo milenio. Estamos inmersos en una indefinición llamada posmodernidad queestá exigiendo una nueva y profunda reflexión. Algunos de los temas que esta situación plantea están aquí examinados: efectos massmediáticos, la concepción del tiempo, la pérdida de códigos sin sustitución, la desaparición de las utopías y las ideologías, lacrisis del amor, la perplejidad del hombre, la crisis de la literatura y la misión que lecorresponde, la democracia (que adjetivo como trágica), la globalización, el terrorismo,el economicismo y tantos otros que plantean serios dilemas enmarcados en la tragicidad posible de la muerte del hombre.Este volumen no fue, pues, originalmente concebido como una ensayo riguroso, sinoescritas sus partes al calor del momento. No obstante, creo que engloba los grandestemas actuales. Un paseo por la historia de las ideas nos demuestra que el “mundo perfecto” conque el hombre soñó en diversas etapas simplemente no es posible. Quizásdeba aprender todavía, y reponerse -claro está- de esta conclusión, que la desapariciónde las utopías y de los cuerpos ideológicos que pretendían respuestas incontrastables,debe ser suplantada por la aceptación del pluriculturalismo y, principalmente, de lalimitación humana. Si el cansancio y el esfuerzo banal en persecución del éxito, endetrimento del pensar y del reflexionar, hacen presa definitivamente en elcomportamiento humano, quedaremos reducidos a la inmovilidad que denuncio en estelibro. Hay un combate por librar contra las injusticias y los desajustes de todo tipo quehoy nos agobian, pero la batalla principal es domeñar a la tecnología impidiéndole sesobreponga sobre nuestro control y entendimiento y, sobre todo, darle al hombre elalimento que suplante la larga lista de muertes que le hace pensar en el camino único delhedonismo. Un fenómeno tan positivo como la globalización, con sus fallas y taras,como todos los procesos, no puede, debemos impedirlo, convertirse en ununiformitarismo (uniformitarianism, conforme a la expresión de Lovejoy que encuentroen Isaiah Berlin). Varias de las enfermedades que acompañan paralelamente a laglobalización, como los nacionalismos, no pueden llevarnos a otro brote de relativismo,es decir, a un apego a actitudes o escalas de valores que lleven al rechazo de otras perspectivas o ideales por extraños e ininteligibles. Deberemos, sí, conservar la vastamultiplicidad de lo humano aún en las formas políticas que podrán venir comoconsecuencia de la crisis del Estado-nación.Es cierto que este comienzo de milenio cristiano está marcado por una profundaabulia, por una crisis de las ideas y por un aburrimiento fatal, pero, aún así, una de lasvirtudes fundamentales del hombre, la de producir ideas, deberemos salvarla en mediode la mercantilización de la cultura, de la producción en serie de bodrios para impedir pensar al “atareado” hombre del siglo XXI y de los efectos perversos (bondadosos lostiene) de la tecnología de las comunicaciones. La literatura, al fin y al cabo no soy otracosa que un escritor, tiene un desafío fundamental, el de producir por la palabra la cargaque el hombre apoltronado necesita para recomenzar siempre la aventura de la vida.Cierto que vienen cambios drásticos en lo que hemos conocido. Con estascaracterísticas los hay que llenan el pasado del hombre, ciertamente que no tan