Editorial
¡Salud!Aquí estamos otra vez, en nuestra querida Comuna. Movidos por el espíritu de siempre disparamos nuestros
escritos al cielo, como echas deseosas de volar. No sabemos si le darán a alguien. Nosotros sólo las vemosascender, rmes y seguras hacia lo alto; ojalá dentro de un tiempo, cuando nosotros nos hayamos olvidado deellas, hieran a algún incauto caminante y le contagien nuestras más inquietantes aspiraciones.
Volvemos con fuerzas renovadas. La revista toma un nuevo impulso, que se traduce en la cantidad y calidad de
los contenidos. El nuevo formato, que mejora, a nuestro parecer, con creces los anteriores, pretende rodear decierta seriedad profesional el proyecto. Pero no se confundan, los joviales impulsos que nos llevaron a funda
-
rla siguen intactos. Seguimos la máxima de Delacroix: hay que corregir mucho, pero no demasiado.
Mientras preparamos el número, nuestras manos tiemblan con la muerte de Antonio Vega y Mario Benedetti.
Son dos pérdidas para la Cultura, con mayúscula bien visible. Costará llenar el hueco que dejan, no lo duda
-mos, pero también somos conscientes de que ellos no mueren del todo. Siguen presentes entre nosotros encada poema, en cada relato, en cada canción. «Cuando muera, no moriré del todo».
La vida, al n y al cabo, se desarrolla dentro del Gran Teatro del Mundo. En él debemos actuar. Allan Poedecidió de joven que el mundo sería su teatro y que debía «conquistarlo o morir». Nosotros, con la disposicióncombativa intacta, nos lanzamos al quite entusiasmados, aunque sea sólo con una revista; porque no es sólouna revista, sino todo un ente. ¿Es que, acaso, somos un mero cúmulo de artículos, de letras? Somos más –la
Comuna lo abarca todo. Es un modus vivendi. Yo paro todos los días para comer, para dormir, para evacuar
y para echarme mis cañas. También lo hago para escribir, porque es una necesidad psicológica y cuasi si
-ológica.¿Se me entiende? Eso es ser La Comuna.
Aunque descubramos, con Gil de Biedma, que «envejecer, morir, / es el único argumento de la obra», siempre
nos queda la esperanza compartida con Verlaine de que «literatura es todo lo que queda». Pero con la eterna
exigencia intelectual del Príncipe de Ligne: «Debería estar prohibido escribir sobre moral, carácter, hombres,mujeres, losofía, legislación, a todos aquellos que no hayan viajado mucho y que no se hayan metido en
grandes aventuras». Amén.Sed, hoy como ayer, bienvenidos.Duque de Algaida,Director.
Add a Comment