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Rivera - Iraburu – Síntesis de espiritualidad católica Jesús prefiere la pobreza
, que es en él una señalmesiánica: «Esto tendréis por señal: Encontraréis al Niñoenvuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12).Prefiere la pobreza
porque es el Hijo
,
porque en la pleni-tud de su filiación quiere revelar su absoluta dependen-cia del Padre providente. Y prefiere la pobreza
porque esel Redentor
que viene a librarnos del pecado y de susnefastas consecuencias, una de las cuales es precisa-mente la maldita pobreza. El va a hacer bendición de lamaldición.
Jesús prefiere a los pobres
, pues se sabe enviado «paraevangelizar a los pobres» (Lc 4,18). El realiza el desig-nio divino anunciado en los salmos: «Por la opresión delos pobres, por los gemidos de los menesterosos, ahoramismo me levantaré, y les daré la salud por la que suspi-ran» (Sal 11,6; +71,4. 12-14). La Iglesia Madre, la Es- posa de Cristo, al paso de los siglos, declara y expresacon signos eficaces esa especial solicitud amorosa hacialos desvalidos. «Los oprimidos por la miseria son objetode un
amor de preferencia
por parte de la Iglesia, que,desde los orígenes, y a pesar de los fallos de muchos desus miembros, no ha cesado de trabajar para aliviar, de-fender y liberar a esos oprimidos» (
S. Congr. Fe
, instr.
Libertatis nuntius
68,22-III-1986: DP 1986,67; +JuanPablo II, 21-XII-1984; 1-II-1985). Jesús entiende comosigno mesiánico no sólo su pobreza personal, sino tam- bién el hecho de que «los pobres son evangelizados»(Lc 7,22).
Los pobres prefieren a Jesús,
pues en él reconocen alSalvador verdadero. Los mismos que le odian, lo atesti-guan: «¿Acaso algún magistrado o fariseo ha creído enél? Pero esta gente, que ignora la Ley, son unos maldi-tos» (Jn 7,48-49). Es el mismo reproche, la misma acu-sación, que hallamos en los inicios de la Iglesia –y quedura hasta hoy–.
Cuenta Minucio Félix, cristiano, que los fieles eran vistos comouna «facción miserable vedada por la ley, gavilla de desesperados,hombres ignorantes de la última hez de la plebe, mujercillas crédu-las». «Estos infelices» para Luciano de Samosata son simplementeunos pobres diablos (
kakodaimones
).
Y del mismo modo Celso vea los cristianos como «pobres gentes embaucadas»; es decir,«cardadores, zapateros y bataneros, las gentes, en fin, más incultasy rústicas, que delante de los señores o amos de casa, hombres provectos y discretos, no se atreven ni a abrir la boca; pero apenastoman aparte a los niños y con ellos a ciertas mujercillas sin seso,hay que ver la de cosas maravillosas que sueltan» (BAC 116, 1954:25, 48, 56, 63).
Sin duda, estas acusaciones contra los primeros cris-tianos, para tener fuerza polémica, se basaban más omenos en su deslucida condición social; que, por lo de-más, y a otra luz, viene también atestiguada por los mis-mos Apóstoles (1 Cor 1,26-29; Sant 2,5). Ya se ve, pues,que, antes como hoy, al banquete del Reino –de la Igle-sia– acuden sobre todo «pobres, tullidos, ciegos y co- jos» (Lc 14,21). Y no nos avergoncemos de esto, sino alrevés: demos gracias al Padre celestial con María (Lc1,52) y con Jesús: «Sí, Padre, bendito seas, por haberte parecido eso bien» (10,21).
Bienaventurados los pobres
«
Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el rei-no de Dios»
(Lc 6,20). Esta enseñanza de Jesús es dia-metralmente opuesta al pensamiento del mundo. Para elhombre adámico ésta es una doctrina absurda, escanda-losa. Pero ante todo,
¿quiénes son esos pobres (ptojoi),que Jesús considera dichosos?
Tres tipos de respuestasse han dado a esta pregunta:
((1ª. –
Los pobres del Evangelio son los económicamente po-bres, sin más
. Según esta tosca concepción –antigua y actual–, la pobreza aparece como un bien en sí, y la riqueza como un mal en sí.O desde otro punto de vista: En la escena criminal del mundo, los pobres serían
los buenos
, y los ricos,
los malos
(Lázaro y el rico, Lc16,25). La Iglesia, ya por el año 1250, condenó los
errores deGuillermo Cornelisz
: «Ningún pobre puede condenarse, sino quetodos se salvarán. Como la herrumbre de los metales al fuego, asítodo pecado es consumido en la pobreza y es anulado ante los ojosde Dios» (Guibert 171-172). Santo Tomás enseña que «la pobreza
es loable
en tanto que libera al hombre de los vicios en que algunosestán presos por sus riquezas. Mientras suprima la apetencia quenace de la posesión de las riquezas,
es útil
a aquellos que puedenaspirar a una vida superior. Pero la pobreza, en la medida en que priva a alguien del verdadero bien que puede emanar de las riquezas,es decir, cuando no permite ayudar a los demás e incluso proveer ala propia subsistencia,
es un mal
,
absolutamente hablando. En efec-to, la pobreza no es un bien en sí misma, sino en cuanto libera de las preocupaciones que impiden al hombre dedicarse a las cosas espi-rituales» (
C. Gentes
III,133).))2ª. –
Los pobres del Evangelio son los humildes
, «los pobres deespíritu» (Mt 5,3). Algunos Padres antiguos –San Juan Crisóstomo,San Agustín, San Gregorio Magno–, al menos en algunos de susescritos, entendieron la bienaventuranza de la pobreza en un senti-do marcadamente espiritual. San Bernardo, por ejemplo, dice que elSeñor en esa bienaventuranza «no habla de aquéllos que son po- bres, no por voluntad loable, sino por necesidad miserable»; hablamás bien de «los pobres de espíritu, es decir, de los que son pobrescon la intención espiritual, con un espiritual deseo, por solo el beneplácito de Dios y la salud de las almas» (
Serm
.
1 Todos los santos
8; +San Juan de la Cruz,
1 Subida
3,4). Estas interpretacio-nes, aunque llevan verdad, deben ser consideradas en relación con la3ª interpretación. De hecho, estos mismos autores valoran alta-mente la pobreza material y estiman en mucho el peligro de lasriquezas; para ellos
no da igual
ser pobre o rico.
3ª. –
Los pobres del Evangelio son los que viven la pobrezaefectiva con religiosa humildad de corazón.
Esta pareceser la interpretación mas frecuente en los Padres (Stau-dinger 254). Juan de Maldonado, en el siglo XVI, co-mentando Mt 5,3, afirma: «Para mí es indiscutible que setrata de los verdaderos pobres, porque el nombre griegoque usa el evangelista significa pobres y algo más, men-digos, que es como Tertuliano juzgó acertadamente quese debía traducir. De los humildes se habla en el verso 4,al decir «bienaventurados los mansos». Además se ofre-ce el reino de los cielos como riqueza que se da a losindigentes: Lucas les contrapone los ricos, y no los so- berbios» (BAC 59,233). Es ésta también la interpreta-ción que predomina en los autores actuales (+López Melús43).
Cristo quiso que sus compañeros y colaboradores másíntimos vivieran pobremente,
y de hecho los apóstoles, por iniciativa de Jesús, lo dejaron
todo
(Mt 19, 27; Lc18,29). Dejan campos, casas, barcas, redes, la oficinade recaudación de impuestos, en fin, todo lo que tenían, para mejor servir a Jesús entre los hombres. Y los cris-tianos, cada uno según el modo propio de su vocación,debemos seguir el ejemplo de Jesús pobre (Jn 13,15) yde los Apóstoles llamados a la pobreza (1 Pe 5,3).
¡Ay de los ricos!
«
¡Ay de vosotros, ricos
, porque habéis recibido vues-tro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis har-tos, porque tendréis hambre! ¡Ay de vosotros, los queahora reís, porque gemiréis y lloraréis!» (Lc 6,24-25).La bendición de Jesús sobre la pobreza se entiende mejor cuando se contrapone a esta maldición de la riqueza. Entodo caso,
la grave peligrosidad de las riquezas debe ser considerada a la luz de todas las enseñanzas de Cristo
.1. –
«Toda criatura de Dios es buena»
(1 Tim 4,4).Esta es una enseñanza muy fundamental en la Biblia (Gén1,31; Rm 14,20; 1 Cor 6,12; Tit 1,15), y es la revelaciónde una verdad que muchas religiones y filosofías anti-guas ignoraban. En efecto, todas las criaturas son
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