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«Vosotros sois malos», dice Jesús (Mt 12,34; Lc 11,13). El bien,ciertamente, es más connatural al hombre que el mal; pero no sedebe ignorar que en el hombre adámico hay una inclinación al error y al mal tan persistente que no puede ser corregida sin la gracia deCristo.Algunos
quieren ignorar que el hombre pecador es un enfermo gravísimo, condenado a muerte
, y que morirá, ciertamente, si nohace penitencia (Lc 13,3.5). Es como si dijeran: «No estamos tangraves, no necesitamos medicinas y regímenes severos de vida, podemos hacer de todo y vivir sin tantos cuidados, como viventodos». Se tiende a trivializar el verdadero mal del hombre, el peca-do, empleando otras palabras más tranquilizadoras: «enfermeda-des de la conducta», «actitudes inadaptadas», «trastornosconductuales»... Si el pecado del hombre no es más que eso, con un poco más que progrese la medicina psicológica y la terapia socioló-gica se verá ya el hombre libre de sus males... Esta actitud relaja por completo la vigorosa
ascética
que el Evangelio propone, y hacetambién que el
apostolado
hacia los otros hombres cese o se debi-lite grandemente.))
Los tratados de gracia, como el de M. Flick - Z.Alszeghy, sintetizan la fe en breves tesis: «El hombre, enestado de pecado,
no puede
cumplir, sin la gracia, los preceptos de la ley natural, ni siquiera según las exigen-cias de la ética natural, durante un período largo de tiem- po». El hombre «no ha perdido la libertad, ni es capaztan sólo de cometer pecados;
puede
, con sus solas fuer-zas naturales, realizar
algunos
actos moralmente bue-nos». Por otra parte, «
la gracia es absolutamente nece- saria para todo acto saludable
[meritorio de vida eter-na]; incluso para el comienzo de la justificación» (
El Evangelio de la gracia
, Salamanca, Sígueme 1967, 814).El hombre, pues, es un enfermo tan grave que no puedecurarse a sí mismo de su mortal enfermedad. Necesitaabsolutamente la gracia divina. Bien claro lo dice Jesús:«Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5).Conviene en todo esto recordar que no existe
un ordennatural
cerrado en sí mismo, aunque por abstracción dela realidad actual podamos extraer su concepto.
Existeun orden sobrenatural que incluye el natural
, lo cual esmuy distinto. Por eso precisamente no puede la natura-leza alcanzar una perfección puramente natural, pues sila lograra, sería con el auxilio de la gracia, y tendría en-tonces calidad sobrenatural. En otras palabras:
Hoy loshombres o están en gracia de Dios o están en pecadomortal
. O crecen como hijos de Dios o se van desarro-llando como monstruos, es decir, en formas contrarias asu vocación.
((
Hay, sin embargo, cristianos que, dejando a un lado la fe, piensan y dicen que
puede ser bueno el hombre que niega a Dios
.Se trata de un optimismo ingenuo, más derivado de Rousseau quede Pelagio: «Yo conozco ateos que son buenísimas personas»...Tres respuestas hay para esta objeción implícita a la doctrina de lagracia:1ª.–«Muchos actos parecen buenos y son malos». Concreta-mente, todas las obras que –más o menos conscientemente– noestán finalizadas en Dios son obras malas –más o menos–, pues sefinalizan en criaturas, en valores creados: autocomplacencia, ganar dinero o prestigio, evitarse líos, tener comodidad, solidaridad, afánde perfección, etc. Puede decirse que la moral de quien no cree enDios es muy poco de fiar, sobre todo ante las grandes pruebas de lavida, cuando la virtud, para poder afirmarse, necesita ser heroica. No puede haber una moral
absoluta
en quien sólo cree en valorescreaturales, limitados y
relativos
.2ª.–«Muchos que se dicen ateos no lo son realmente». Les faltauna
idea
de Dios suficientemente aceptable, pero en sus concien-cias hay una tendencia, una adhesión a veces heroica, a un Absolutomisterioso, al que sirven sinceramente, y que
es
Dios, aunque ellosignoren su nombre, o incluso lo nieguen con ignorancia invencible(+ Rm 2,14-15).3ª.–«No puede ser muy bueno quien niega a Dios, pues estanegación es el mayor pecado posible». Cuando alguien dice: «Qué bueno es Fulano; lástima que sea ateo», eso viene a sonar como sidijera «Qué bueno es Mengano; lástima que asesine tanto». Incre-dulidad y homicidio son
objetivamente
dos crímenes enormes;mayor la incredulidad, por supuesto. Otra cosa es que, en las per-sonas concretas, tales crímenes puedan tener una responsabilidad
subjetiva
muy pequeña, o incluso nula, por ignorancia invencible.Enseña Santo Tomás que «todo pecado consiste formalmente en laaversión a Dios, y tanto mayor será un pecado cuanto más separaal hombre de Dios. Ahora bien,
la infidelidad
[no creer en Dios] eslo que más aleja de Dios, porque priva hasta de su verdadero cono-cimiento –y el conocimiento falso de Dios no acerca, sino que alejamás al hombre de él–. En consecuencia, es manifesto que el pecadode infidelidad es el mayor de cuantos pervierten la vida moral»(
STh
II-II,10,3). Y quien nada oyó de la fe –dice el mismo Doctor– está excusado del pecado de infidelidad, pero no de los demás pecados (
Ad Romanos
10,3).Aún hemos de señalar otro error, el de quienes dicen: «
El peca-dor no suele conocer la maldad de su pecado; y por tanto apenases culpable
». Es verdad que en la cruz dijo Jesús: «Padre, perdóna-les, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). Pero también dijo enotra ocasión: «Todo el que obra el mal odia la luz y no viene a la luz, para que no se manifiesten sus obras; en cambio el que realiza laverdad viene a la luz, para que se manifieste que sus obras estánhechas en Dios» (Jn 3,20-21). Es decir, el hombre bueno busca laluz, se acerca a ella, la encuentra: cree en Dios («Dios es la luz», 1Jn 1,5), acepta sus mandatos, y distingue así el bien del mal. Encambio, el hombre malo, bajo el influjo del padre de la mentira (Jn8,44), puede llegar a una oscuridad tal que confunda en ella el mal yel bien –creyendo, por ejemplo, que «el aborto puede ser una obrade caridad»–. N es posible, sin embargo, caer en ese abismo detinieblas –Dios no lo permite– sin que los hombres hayan traicio-nado antes su conciencia grave y reiteradamente. Es así como ahora«su mente y su conciencia están contaminadas» (Tit 1,15): perdie-ron la buena conciencia y naufragaron en la fe (1 Tim 1,19), nosupieron «guardar el misterio de la fe en una conciencia pura» (3,9);enfermados sus ojos, el cuerpo entero quedó en ellos tenebroso(Mt 6,23); y es que «amaron más las tinieblas que la luz» (Jn 3,21).«¡Ay de los que al mal llaman bien y al bien mal!» (Is 5,20).))
Pecado mortal y pecado venial
Juan Pablo II, en la
Reconciliatio et pænitentia
(nº17), expone
los fundamentos bíblicos y doctrinales de ladistinción existente entre pecados mortales
, que llevan ala muerte (1 Jn 5,16; Rm 1,32), pues quienes los come-ten no poseerán el reino de Dios (1 Cor 6,10; Gál 5,21),
y pecados
veniales
, leves o cotidianos (Sant 3,2), queofenden a Dios, pero que no separan de él. Esta es, enefecto, la doctrina tradicional, que Santo Tomás enseña(
STh
I-II,72,5) y que el concilio de
Trento
propone (Dz1573, 1575, 1577).
El pecado mortal
es algo tan terrible, produce conse-cuencias tan espantosas, que no puede producirse a noser que se den estas tres condiciones:
materia grave
, oal menos apreciada subjetivamente como tal;
plena ad-vertencia
, es decir, conocimiento suficiente de la maliciadel acto; y
perfecto consentimiento
de la voluntad. Unsolo acto, si reune tales condiciones, puede verdadera-mente separar de Dios, es decir, puede causar la muertedel pecador. En este sentido, dice Juan Pablo II que sedebe «evitar reducir el pecado mortal a un acto de «op-ción fundamental» –como hoy se suele decir– contraDios, entendiendo con ello un desprecio explícito y for-mal de Dios o del prójimo» (
Reconciliatio
17). La mal-dad del pecado mortal consiste en que rechaza un grandon de Dios, una gracia que era necesaria para la vidasobrenatural; mata, por tanto, ésta; separa totalmente alhombre de Dios, de su amistad vivificante; desvía gra-vemente al hombre de su fin, Dios, orientándole hacia bienes creados.
El pecado venial
rechaza un don menor de Dios, algono imprescindible para mantenerse en vida sobrenatural;no produce muerte, sino enfermedad y debilitamiento;no separa al hombre de Dios completamente, no excluyede su gracia y amistad (
Trento
1551,
Errores Bayo
1567:Dz 1680, 1920); no desvía al hombre totalmente de su
Parte III - La lucha contra el pecado 1. El pecado
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