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La virtud fundamental
La humildad es el fundamento de todas las virtudes
por dos razones principales:1.
Porque toda perfección es gracia de Dios
, y no dael Señor sus dones al hombre en tanto éste se enorgulle-ce de ellos y los recibe como si procedieran de sí mis-mo. En efecto, «Dios resiste a los soberbios y da sugracia a los humildes» (Prov 3,34; Sant 4,6; 1 Pe 5,5).Por eso el edificio entero de la vida espiritual se cimentaen la humildad y, como dice Santa Teresa, «si no hayésta muy de veras, aun por vuestro bien no querrá elSeñor subirle muy alto, para que no dé todo en el suelo»(
7 Moradas
4,9). En este sentido,
«la humildad, en cuanto
quita los obstáculos
para la virtud, ocupa el primer puesto[entre las virtudes]: ella expulsa la soberbia, a la que Diosresiste, y hace al hombre someterse al influjo de la gra-cia divina. Y desde este punto de vista, la humildad tienerazón de
fundamento del edificio espiritual
» (
STh
II-II,161,6).2.
Porque Dios siempre «santifica en la verdad»
(Jn17,17), y ésta falta donde no hay humildad. Santa Tere-sa era muy sensible a esta
veracidad
de la humildad:«Una vez estaba yo considerando por qué razón era nues-tro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad, y me puso delante –a mi parecer sin considerarlo, sino de pron-to– esto: que es porque Dios es suma Verdad, y
la hu-mildad es andar en verdad
; que es verdad muy grandeno tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien esto no entiende, anda en mentira» (
6 Moradas
10,8). La humildad, en efecto, libra de todaclase de engaños, mentiras e ilusiones. «El alma humildey no curiosa ni interesada en deleites, aunque sean espi-rituales, sino amigo de la cruz, hará poco caso del gustoque da el demonio», que es todo mentira (
Vida
15,10), ytampoco podrá ser engañada por un confesor inepto omalo (34,12), pues la humildad le guarda en la verdad yen la paz.
La humildad es virtud grata a todos, incluso a los malos
, cosaextraña. Otras virtudes, como la pobreza o la castidad, resultanodiosas para los que aman el lujo y el vicio; pero la hermana humil-dad, servicial y amable, ajena a toda prepotencia, resulta amable para todos, buenos y malos, lo que no quiere decir que los malos laquieran para sí mismos.
En el paganismo
La antigüedad pagana conoció el ideal moral de la mo-deración –«nada en exceso», «mesura en todo» (
me-triotes
)–, apreció la afabilidad de carácter (
praytes
), y laactitud ordenada e indulgente, lejana de todo desenfreno(
epieikes
). Los paganos reconocieron la maldad de lasoberbia, y supieron ver en el conocimiento propio laclave de la sabiduría –como decía la inscripción del tem- plo de Delfos, «conócete a ti mismo»–. Más aún, desdeel punto de vista religioso, ya en tiempos de Homeroeran usuales expresiones como «con la ayuda de la divi-nidad», y en no pocos autores –Sócrates, Platón o Cle-antes–, hallamos oraciones de súplica.Parece, sin embargo, que
predominó en el paganismouna ética voluntarista
, cerrada al don de Dios. ParaSéneca el alma sólo se debe a sí misma su propio res- plandor (
Ctas. a Lucilius
IV, 41,6). Y según Epícteto, elsabio no tiene nada que pedir a Dios (
Conversaciones
I,6,28-32; II, 16,11-15). Por eso no es raro en el
antro- pocentrismo
griego el desprecio hacia la humildad, la cualfrecuentemente es considerada como una pusilanimidadabyecta, que debe ser evitada en el pensamiento y en laacción. A esta visión
regresa
el pensamiento de un Fede-rico Nietzsche, para el cual la humildad es una inversiónde valores producida por la tradición judeo-cristiana, enla que se hace mérito de la ignorancia y de la debilidad, yse consagran como virtudes la impotencia y la cobardía.
En el Antiguo Testamento
El Señor inició en Israel la revelación de la humildad
.Los
anawim
, es decir, los hombres inferiores y depen-dientes, más aún, los oprimidos (Is 32,7; Sal 37,14; Job24,4), son
los preferidos de Yavé
(Ex 22,24; Dt 24,14s).Es ésta una misteriosa constante en los profetas (Is3,14s; 10,2; 57,15; Am 2,7; 8,4; Zac 7,10), lo mismoque en la literatura sapiencial (Prov 14,21; 22,22; 31,9.20). Efectivamente, los desvalidos, los hombres que noencuentran ayuda ni consuelo en este mundo, son losque más fácilmente buscan y hallan en el Señor refugioy fortaleza (Is 29,19; Job 36,15; Sal 25,9; 149,4). Sonlos
anawim
, pobre gente, gente humilde, que busca enDios su salvación, y en él la encuentran, no en los hom- bres (Sal 40,18; 102,1; Sof 2,3; Is 41,17; 49,13; 66,2).Son el
Resto fiel
, pobre y humilde, que pone en el Señor su confianza (Sof 3,12), y no en el hombre. «Maldito elhombre que en el hombre pone su confianza, y de la carnehace su apoyo, y aleja su corazón del Señor» (Jer 17,5).
El Mesías salvador, él mismo, será humilde
, tomaráforma de Siervo (Is 42,1s; 53), se presentará ante el pueblo humildemente, «montado en un asno», la montu-ra de los pobres (Zac 9,9), tendrá la gran mansedumbrede Moisés (Núm 12,3; Eclo 45,4), y será enviado preci-samente para la salvación de los pobres y desvalidos (Sal72; Is 11,4; 61,1).
Cuando la versión de los LXX traduce los
anawim
de los judíos por
prays
,
praytes
–por ejemplo, en Zac 9,9–, disminuye un tanto el sentidosocial-pasivo del término hebreo, y acentúa el sentido helénico moral-activo, propio de la
virtud
de la humildad y de la mansedumbre, que por otra parte será el sentido predominante en el cristianismo.
En el Nuevo Testamento
La humildad se revela plenamente en el Evangelio
. Yaen el umbral del mismo, Juan Bautista se inclina ante elque viene detrás de él, y se declara indigno de soltar sussandalias: «Conviene que él crezca y que yo disminuya»(Mt 3,11; Jn 3,30). Aquel ensalzamiento de los humildes(
tapeinoi
), anunciado y prometido por los profetas, serealiza en la humildad (
tapeinosis
) de la Virgen María, la«esclava del Señor» (
Magnificat
, Lc 1,46-55), y llega asu plenitud en Jesucristo. En efecto:1.
Jesús es «anaw», pobre y humilde
. De una familiamodesta, nace en un lugar para animales, sufre exilio enEgipto, vive largos años en un pueblecito ignorado de lamontaña galilea, no adquiere títulos académicos, eligecomo compañeros a gente sencilla, entra en Jerusalénsobre en un jumento, muere desnudo y difamado en unacruz, y es enterrado en un sepulcro prestado. Pero apar-te y además de estas circunstancias exteriores, interior-mente Jesús es «suave y humilde de corazón (
prays kaitapeinos
)» (Mt 11,29). Siendo rico, se hizo pobre, paraenriquecernos en su pobreza (2 Cor 8,9). Siendo divino,se hizo humano, y aceptó la humillación de la muerte, ymuerte de cruz (Flp 2,6-11).2.
Jesús ha sido enviado «para evangelizar a los po-bres (ptojoi)»
(Lc 4,18), y él mismo ve en ello un signode su condición mesiánica (7,22; Mt 11,5). De hecho,Jesús será acogido sobre todo por la gente sencilla yhumilde, en tanto que los sabios y poderosos le rechaza-rán y le llevarán a la muerte (Lc 10,21; Jn 7,48-49; 1Cor 1,26-28).
Parte IV - El crecimiento en la caridad - 1. La humildad
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