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Virginia Woolf - La Duquesa y El Joyero

Virginia Woolf - La Duquesa y El Joyero

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La Duquesa y el Joyero
Woolf, Virginia
Publicado:
1938
Categoría(s):
Ficción, Cuentos y Novelas cortas
Fuente:
http://www.ciudadseva.com
1
 
Acerca Woolf:
Virginia Woolf (January 25, 1882 – March 28, 1941) was an English no-velist and essayist regarded as one of the foremost modernist literary fi-gures of the twentieth century. During the interwar period, Woolf was asignificant figure in London literary society and a member of the Blo-omsbury Group. Her most famous works include the novels Mrs Dallo-way (1925), To the Lighthouse (1927), and Orlando (1928), and the book-length essay A Room of One's Own (1929) with its famous dictum, "awoman must have money and a room of her own if she is to writefiction".
También disponible en Feedbooks de Woolf:
(1921)
(1921)
(1921)
(1921)
Copyright:
This work is available for countries where copyright isLi-fe+70.
Nota:
Este libro le es ofrecido por Feedbookshttp://www.feedbooks.comEstricamente para uso personal. En ningún caso puede ser utilizado confines comerciales.
 2
 
O
liver Bacon vivía en lo alto de una casa junto a Green Park. Teníaun departamento; las sillas estaban colocadas de manera que elasiento quedaba perfectamente orientado, sillas forradas en piel. Los so-fás llenaban los miradores de las ventanas, sofás forrados con tapicería.Las ventanas, tres alargadas ventanas, estaban debidamente provistas dediscretos visillos y cortinas de satén. El aparador de caoba ocupaba undiscreto espacio, y contenía los brandys, los whiskys y los licores que de- bía contener. Y, desde la ventana central, Oliver Bacon contemplaba lasrelucientes techumbres de los elegantes automóviles que atestaban losatestados vericuetos de Piccadilly. Difícilmente podía imaginarse unaposición más céntrica. Y a las ocho de la mañana le servían el desayunoen bandeja; se lo servía un criado; el criado desplegaba la bata carmesíde Oliver Bacon; él abría las cartas con sus largas y puntiagudas uñas, yextraía gruesas cartulinas blancas de invitación, en las que sobresalíande manera destacada los nombres de duquesas, condesas, vizcondesas yhonorables damas. Después Oliver Bacon se aseaba; después se comíalas tostadas; después leía el periódico a la brillante luz de la electricidad.Dirigiéndose a sí mismo, decía: «Hay que ver, Oliver… Tú que comen-zaste a vivir en una sucia calleja, tú que… », y bajaba la vista a sus pier-nas, tan elegantes, enfundadas en los perfectos pantalones, y a sus botas,y a sus polainas. Todo era elegante, reluciente, del mejor paño, cortadopor las mejores tijeras de Savile Row. Pero a menudo Oliver Bacon sedesmantelaba y volvía a ser un muchacho en una oscura calleja. En ciertaocasión pensó en la cumbre de sus ambiciones: vender perros robados aelegantes señoras en Whitechapel. Y lo hizo. «Oh, Oliver», gimió su ma-dre. «¡Oh, Oliver! ¿Cuándo sentarás cabeza?»Después Oliver se pusodetrás de un mostrador; vendió relojes baratos; después transportó unacartera de bolsillo a Ámsterdam… Al recordarlo, solía reír por lo bajo…el viejo Oliver evocando al joven Oliver. Sí, hizo un buen negocio con lostres diamantes, y también hubo la comisión de la esmeralda. Después deesto, pasó al despacho privado, en la trastienda de Hatton Garden; eldespacho con la balanza, la caja fuerte, las gruesas lupas. Y después… ydespués… Rió por lo bajo. Cuando Oliver pasaba por entre los grupitosde joyeros, en los cálidos atardeceres, que hablaban de precios, de minasde oro, de diamantes y de informes de África del Sur, siempre había al-guno que se ponía un dedo sobre la parte lateral de la nariz ymurmuraba «hum-m-m», cuando Oliver pasaba. No era más que unmurmullo, no era más que un golpecito en el hombro, que un dedo en lanariz, que un zumbido que recorría los grupitos de joyeros en HattonGarden, un cálido atardecer ¡Hacía muchos años… ! Pero Oliver todavía
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