intensidad. Es exactamente como si hicierais fructificar un capital. Colocáis estecapital en un banco celestial, y entonces en lugar de malgastarse,despilfarrarse, aumenta y os enri
quecéis. y como sois más ricos, tenéis laposibilidad de instruiros y de trabajar mejor. El que se entrega a los placeres, alas emociones, a las pasiones, dilapida su capital, su vida, porque todo lo queobtiene así debe pagarlo, y acaba pagándolo con su vida. Mientras quecolocando vuestro capital en un banco de los de arriba, trabajáis más, osfortalecéis más porque continuamente nuevos elementos más puros, másluminosos, se van introduciendo en vosotros, reemplazando a los que habéisperdido.
La vida cotidiana: una materia que el espíritu debe transformar
En todos los actos de la vida cotidiana, incluso en los más simples, debéisaprender a poner en acción fuerzas y elementos que
as
permitan trasponer estos actos al plano espiritual, alcanzando así los grados más altos de la vida.Consideremos lo que ocurre en un día normal. Nos despertamos einmediatamente se desencadena toda una serie de procesos: pensamientos,sentimientos, y también gestos, como levantarse, encender la lámpara, abrir lasventanas, lavarse, preparar el desayuno, ir al trabajo, encontrarse condeterminadas personas, etc. Cuántas cosas que hacer, y todo el mundo tiene laobligación de hacerlas. La diferencia está en que algunos las hacenmaquinalmente, mecánicamente, mientras que otros, por el contrario, al poseer una filosofía espiritual, procuran desarrollar en cada uno de sus actos una vidamás intensa, p1ás pura, y entonces todo resulta transformado, todo toma unsentido nuevo, con lo cual se sienten continuamente inspirados.Evidentemente vemos a muchas personas que se muestran dinámicas,emprendedoras, pero toda esta actividad está dirigida a la consecución deléxito, del dinero, de la gloria; no hacen nada para que su existencia sea másserena, más equilibrada, más armoniosa. y esto no es inteligente, pues estaactividad desbordante no consigue más que agotarles y enfermarles.Acostumbraos pues a considerar vuestra vida cotidiana, con los actos quedebéis realizar, los acontecimientos que se os presentan, los seres junto a losque debéis vivir o con los que os encontráis, como una materia sobre la quedebéis trabajar para transformarla. No os contentéis con aceptar lo que recibís,con soportar lo que os llega, no permanezcáis pasivos, pensad siempre enañadir un elemento capaz de animar, de vivificar, de espiritualizar esta materia.Pues verdaderamente la vida espiritual consiste en ser capaz de introducir encada una de vuestras actividades, un elemento susceptible de proyectar estaactividad hacia un plano superior. Diréis: «¿y la meditación, y la oración...?»Pues bien, precisamente la oración y la meditación os sirvenpara captar estos elementos más sutiles, más puros, que os permiten dar avuestros actos una nueva dimensión.Pueden producirse en vuestra existencia acontecimientos que imposibiliten lapráctica de los ejercicios espirituales que estáis acostumbrados a hacer cadadía. Pero esto no debe impediros seguir en contacto con el Espíritu. Pues elEspíritu está por encima de las formas, por encima de las prácticas. Encualquier situación, en cualquier circunstancia, podéis poneros en contacto conel Espíritu para que anime y embellezca vuestra vida.
La nutrición considerada como un yoga
¡ Cuántas personas desequilibradas a causa de una vida trepidante buscan
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