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mante. Los errores doctrinales y los abusos disciplinaresproliferan en esos años y van creciendo hasta producirconflictos muy fuertes.Un caso de grave resistencia a muchas verdades ynormas de la Iglesia se produce, por ejemplo, en el
Cate-cismo Holandés
y en el
Concilio pastoral de Holan-da
(1967-1969).
Las propuestas doctrinales y disciplinares de éste ledejan a Pablo VI «perplejo» y le parece que «merecen se-rias reservas» (Cta. al Card. Alfrink y a los Obispos de Ho-landa, «L’Osservatore Romano» 13-I-1970).
El Cardenal croata Franjo Seper, en 1972, siendo Pre-fecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, escri-bía estas palabras al padre Mikvlich:
«Me causa gran gozo que esté usted empeñado en elbuen combate de la ortodoxia en materia de educación reli-giosa. No hay duda de que [...] se han traspasado todos loslímites de lo tolerable. Hace poco tuve en las manos un“Catecismo” holandés, que no tenía nada que ver con lareligión cristiana. [...]«Soy incapaz de adivinar cuánto tiempo durará entre loscatólicos la locura actual. Por el momento, abunda la litera-tura sobre el ecumenismo; pero, en realidad, la crisis doctri-nal católica es, al presente, un terrible obstáculo para elecumenismo. El año pasado, en el día de Sábado Santo,tenía a mi mesa a un pastor protestante de Holanda, que measeguraba que sus feligreses holandeses, protestantes, notenían idea alguna de los interlocutores con quienes pudie-ran dialogar, pues no pueden discernir quién representa ladoctrina católica. Y recientemente, si no me equivoco, unprofesor ortodoxo griego se expresaba exactamente en elmismo sentido en un artículo publicado en un boletín delpatriarcado serbio.«Pienso que un día nuestros católicos volverán a la ra-zón. Pero, ¡ay!, me parece que los obispos, que han obteni-do muchos poderes para ellos mismos en el Concilio, sonmuchas veces dignos de censura, porque, en esta crisis, noejercen sus poderes como deberían. Roma está demasiadolejos para intervenir en todos los escándalos, y se obedecepoco a Roma. Si todos los obispos se ocupasen seriamentede estas aberraciones, en el momento en que se producen,la situación sería diferente. Nuestra tarea en Roma es difícil,si no encuentra la cooperación de los obispos»
Quejas semejantes ha expresado recientemente elCardenal Ratzinger, también Prefecto de la Congrega-ción de la Fe.No podemos alargarnos ahora en la descripción y aná-lisis de las tormentas doctrinales y disciplinares aludidas.Pero al menos examinaremos aquí con cierta atención lacrisis, especialmente significativa, ocasionada por la en-cíclica
Humanæ vitæ
(1968).
La crisis de la
Humanæ vitæ
Quizá el acto más valioso de todo el pontificado dePablo VI fue la publicación de la encíclica
Humanæ vitæ.
«En virtud del mandato que Cristo Nos confió» (6), élenseña «la doctrina de la Iglesia» sobre el matrimonio(20, 28, 31). Haciéndolo, ha de de contrariar, en medio deuna inmensa expectación de la Iglesia y del mundo, a lagran mayoría de los opinantes. En aquella ocasión, la au-toridad de su Magisterio supremo actúa ciertamente
exsese
, y no
ex consensu Ecclesiæ
, según los términos delVaticano I.
Pablo VI en su encíclica enseña «la doctrina moral sobreel matrimonio propuesta por el Magisterio de la Iglesia conconstante firmeza» (6). No hace, en efecto, sino continuarla doctrina de la tradición católica, de la
Casti connubii
(1930) de Pío XI, de las enseñanzas de Pío XII, las mismasque Juan Pablo II reitera después en la encíclica
Familiarisconsortio
(1981) y en el
Catecismo de la Iglesia Católica
(1992).
Publicada la encíclica, inmediatamente se le viene en-cima a Pablo VI el mundo y buena parte de la Iglesia. Yase lo esperaba:
«Se puede prever que estas enseñanzas no serán quizáfácilmente aceptadas por todos: son demasiadas las voces–ampliadas por los modernos medios de propaganda– queestán en contraste con la de la Iglesia» (
HV
18).
Oposición de algunos teólogos
La grave maldad de la anticoncepción había sido hastael Concilio unánimemente enseñada por los autores espe-cializados en teología moral católica.
El P. Häring, por ejemplo, en
La Ley de Cristo
(I-II, Barce-lona, Herder 1965
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), enseña que el uso de preservativos«profana las relaciones conyugales». Del onanismo –refi-riéndose aquí con ese término al mal uso del matrimonio–dice que «sería absurdo pretender que tal proceder se justi-fica como fomento del mutuo amor. Según San Agustín, nohay allí amor conyugal, puesto que la mujer queda envileci-da a la condición de una prostituta» (II,318). Por el contra-rio, «la continencia periódica respeta la naturaleza del actoconyugal y se diferencia esencialmente del uso antinaturaldel matrimonio» (316).
Ésta era, conforme al Magisterio apostólico, la ense-ñanza unánime de los moralistas. Pero en torno al Conci-lio se habían suscitado expectivas generalizadas de que laIglesia, como no pocas confesiones protestantes, iba aaceptar la anticoncepción, al menos en ciertas condicio-nes. Por eso la
Humanæ vitæ
ocasionó en muchos indig-nación y rechazo. La rebeldía no se hizo esperar.Mes y medio después de publicada la
Humanæ vitæ
,
elP. Häring hace un llamamiento general a resistirla:
«Si el Papa merece admiración por su valentía en seguirsu conciencia y tomar una decisión totalmente impopular,todo hombre o mujer responsable debe mostrar una sinceri-dad y una valentía de conciencia similares... El tono de laencíclica deja muy pocas esperanzas de que [un cambiodoctrinal] suceda en vida del Papa Paulo... a menos que lareacción de toda la Iglesia le haga darse cuenta de que haelegido equivocadamente a sus consultores y que los argu-mentos recomendados por ellos como sumamente apropia-dos para la mentalidad moderna [alude a
HV
12] son simple-mente inaceptables... Lo que se necesita ahora en la Iglesiaes que todos hablen sin ambages, con toda franqueza, con-tra esas fuerzas reaccionarias» (
La crisis de la encíclica.Oponerse puede y debe ser un servicio de amor hacia elPapa
: «Commonweal» 88, nº20, 6-IX-1968; art. reproducidoen la revista de los jesuitas de Chile, «Mensaje» 173, X-1968, 477-488).
Una parte importante de los moralistas coincide en esosaños con la postura del P. Häring. Una declaración, porejemplo, de la
Universidad Católica de
Washington
,encabezada por el P. Charles Curran, y apoyada por unosdoscientos «teólogos», rechaza la doctrina de la encíclica(«Informations Catholiques Internationales», n. 317-318,1968, suppl. p.XIV).
También en España muchos profesores de teología sehan opuesto y se oponen a la
doctrina de la Iglesia
entemas de moral conyugal.
Oposición de algunos episcopados
En 1968 se produce en Francia, y un poco en todo elmundo,
la Revolución de mayo
. Y ese mismo año, en
Disidencia