que teníamos criterio propio, brújula propia, gustos propios... y que simplementeadoptamos el molde masivo porque la presión a que nos vimos sometidos fuedemasiada, y demasiada también era nuestra necesidad de ser aceptados,queridos, integrados al grupo.
El condicionamiento nos impregna... más allá de lo que vemos
Una de las cosas que más trabajo me cuesta transmitir en los cursos que doy es laidea de que el condicionamiento nos ha afectado seriamente a todos. En general,cuando hablo de los efectos de las enseñanzas de los padres, sociedad, Iglesia y, engeneral, el tremendo efecto que conlleva el criarse en una sociedad como la nuestra-que tolera tan poco la diferencia-, mi auditorio o lectores suelen creer que ellos noestán implicados. ¨Sí, sí, claro que captamos la idea. Qué interesante como ocurre.Claro que nosotros ya estamos libres de eso, porque somos inteligentes, lúcidos,cultos...¨, o "Ya sé que me parezco a mi papá (o mi mamá) en muchas cosas...pero ya lo tengo asumido y superado", o "Tengo claro que mi niñez fue difícil, peroeso ya lo dejé atrás: prefiero olvidarlo".La mayoría cree, entonces, haber ya superado su condicionamiento. De veras creenque sus opiniones, gustos y preferencias son suyas, y no simples implantessociales. Paul Lowe dice, "Nuestro condicionamiento es tan profundo que no nosdamos cuenta de que es condicionamiento: creemos que las cosas son así".Aquí en Chile, en mi relativamente corta vida he visto que de un momento a otronos ponemos a odiar a los argentinos, a los peruanos, a los bolivianos, a losbrasileños, a los norteamericanos, a los rusos, a los cubanos, a los ingleses y a losespañoles -por nombrar algunos-. ¿Los motivos? Las más bizarras idioteces, desdeun partido de fútbol en que no nos fue como queríamos, un pedazo de tierra quenadie va a conocer nunca, la negativa a vendernos armamento o supuestas ofensasa "la dignidad y la independencia" nacionales. ¿Qué hacemos? Apedreamos sedesdiplomáticas, amenazamos con corte de relaciones diplomáticas, nos hacemosfrotaciones con la bandera y nos ponemos a balar como ovejas diversos slogansque hablan de la ofensa y de lo dignos y soberanos que somos.Es uno más de los ejemplos de cómo la mente nos hechiza: los valores como el"patriotismo", la "dignidad nacional" y otros similares son puro condicionamiento.Cualquier idea que nos oponga a los otros países es condicionamiento. A muchosnos contaron cuando niños el cuento aquél de la competencia internacional decanciones nacionales y banderas, en la cual, ¡por supuesto, ganamos los chilenos! Aveces es así de burdo el condicionamiento... La Tierra y la Humanidad son una sola,y podemos ser condicionados a inventar una ficticia rivalidad a partir de lasdiferencias entre nosotros, convirtiéndolas en un problema... o podríamos aprendera apreciarlas.
Nuestra capacidad de abstracción
También se nos enseña a creer que, si logramos comprender un fenómeno odescribirlo en forma intelectual, obtenemos control sobre él. Como si leer sobrenatación fuera equivalente a saber nadar... Obviamente, éste es un craso error. Enrealidad, esta capacidad de la mente -la de imaginar cosas y de reflexionar como silos objetos concretos se hallaran presentes- nos resulta útil en muchos casos, perotiene escalofriantes implicancias. Al abstraer conceptos de la realidad,generalmente no estamos en contacto con la forma como esta realidad nos toca los
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