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Proyecto “Conservación de la biodiversidad y manejo comunal de recursosnaturales en la cuenca del río Nanay”IIAP- BANCO MUNDIAL/GEF
CUIDANDO NUESTRA SELVA
Cartillas para trabajo escolar 
II. LA FAUNA AMAZÓNICA
José Álvarez Alonso
Dibujos: Jaime Choclote Martínez 
Julio 2004
 
II.- FAUNA SILVESTRE AMAZÓNICA
ALGUNAS HISTORIAS PARA REFLEXIONAR
1.- El Chullachaqui y los cuatro amigos
(*)
Hace muchos años, cuatro amigosLoretanos, Alfonso (conocido por susamigos como “Machín”), Rafael(“Rafico”), Marcial (“Mashico”) yGerardo (“Gerucho”), estabantrabajando madera en la cabeceraremota de una quebrada, el TacshaBaratillo, en el alto Pucacuro, dondehabía buenos manchales de cedro. Ellugar era tan apartado que necesitabanremar quince días en canoa desde sucomunidad para llegar allí. El pequepeque del patrón les llevaba víveres ypertrechos cada tres o cuatro meses(fariña, sal, azúcar, arroz, manteca,cartuchos, etc.) Como era un lugar muyapartado, había muchos animales, ytenían carne en abundancia para comer.Sin embargo, como la carne ahumada noaguantaba más que una o dos semanas,no servía cazar animales para negocio,para llevar a vender en el pueblo o en laciudad, adonde bajaban una vez al año.El único producto de cierto valor,aparte de la madera, que podían“cosechar” en esos lugares lejanos yconservarlo para vender en el pueblo oen la ciudad eran los motelos. En aquellazona había todavía bastantes.Cada vez que encontraban un motelo enel monte, lo amarraban con itininga ysus dos palitos, uno trabando las patasdelanteras y otro las traseras, se loechaban al hombro y lo llevaban alcampamento. Cada uno de los cuatroamigos había hecho un corralito deforma circular al lado del campamento,con palos duros clavados en el suelo,donde iba juntando sus motelos. Estosanimales se acostumbran rápidamente avivir en cautividad, así que era fácilalimentarlos con chonta de shapaja,shebón o huicungo, hasta que venía elbote del patrón o bajaban con la balsade trozas de cedro a vender a la ciudad.El motelo se convirtió en muchoscampamentos de madereros de haceaños en una especie de “moneda” local,pues con él compraban al patrón en ellugar lujos tales como trago, o algúnenlatado, e incluso se dice que algunas“visitadoras” que trabajaban encampamentos madereros cobraban porsus servicios en motelos.Un buen día, Machín, que era el más joven y el mejor mitayero del grupo,mató una huangana. Como tenían hartacarne de mono en la tuchpa, a Geruchose le ocurrió una idea y les dijo a susamigos:
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“Cumpitas, podríamos hacertrampa para cazar motelo yponer de empate la huangana,¿Qué les parece?”
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“Me parece bien”, dijo el Machín.Pero sólo tenemos una huangana,
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 y somos cuatro, cho. Además, yono sé hacer trampa para motelo”.
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“No seas chuncho”, le dice elRafico. La huangana se puedepartir en cuatro cuartos, unopara cada uno.”
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“Y la trampa de motelo es lo másfácil que hay, shameco”, le dice elMashico, el más viejo del grupo.Mira ve, te explico rapidito:buscas un lugar bueno para elmotelo (un sogal, o un sachaaguajal en el monte, por ejemplo), y haces un hueco en el suelo conel machete que tenga una bocasuficiente para que pase elmotelo más grande, y con elfondo más ancho, para que elmotelo no pueda trepar. Luegoamarras el cuarto de huangana auna altura de medio metro o asídel suelo, de modo que cuelguesobre el hueco. Cuando lahuangana comienza a pudrirse y agotear, vas a ver que todos losmotelos de la zona lo huelen ycomo el hambre les gana, poralcanzar el cuarto de carne“huañu huañu” caen al hueco comosi nada. Yo he llegado a coger asíhace años hasta 10 ó 12 motelosde todo tamaño en una trampa enla que puse una pierna desachavaca.
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“Está bueno, yo voy a poner micuarto de huangana en un aguajalal fondo donde vi bastantespisadas de motelo”, dijo alegre elMachín.Y así, los cuatro amigos se repartieronla huanganita, y en la tarde, después dela chamba de librar las viales pararevolcar las trozas hasta la quebrada,cada llevó su cuarto y construyó sutrampa de motelo en un lugar apartadodel monte.Al día siguiente en la tarde, Machínestaba pishtando pescado en el puerto,en la popa de su canoa, cuando vio quebajaba boyando por la quebrada algo.Con el remo lo jaló hacia la orilla, y porla soga que había amarrada en unextremo lo levantó. Se llevó tal sustoque casi se cae al agua desde la canoa:¡Era el cuarto de huangana que él habíacolgado encima de su trampa de motelo!Pálido del susto, subió corriendo alcampamento y les dijo a sus amigos:
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“Cumpitas, no saben lo que me hapasado. He encontrado bajandopor la quebrada el cuarto de
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