recíprocos, en los que se ve muy claramente en el espacio muchoslugares, cuando el sol aparece, y todo lo que éste ilumina. Así,cuando un mago que conoce la Filosofía natural y la Matemáticay conoce las ciencias medias que de allí provienen, la Aritmética,la Música, la Geometría, la Optica, la Astronomía y las cienciasque se ejercitan con pesos, medidas, proporciones, artículos y junturas; y que también conoce la Mecánica que de allí deriva, alestar por encima de los demás hombres a través del arte y delespíritu, realiza muchas cosas maravillosas que asombranmuchísimo a los más sabios y esclarecidos. ¿Acaso no se ven aúnhoy en día los vestigios de antiguas obras, a saber, las columnasde Hércules y de Alejandro, las puertas caspias confeccionadascon bronce, y aseguradas con planchas de hierro, de manera queningún espíritu ni arte podría realizarlas semejantes; y la pirámidede Julio César alzada en Roma, cerca del Vaticano, las montañasconstruidas y elevadas en medio del mar, las ciudadelas y lasmoles de rocas, como las que vi en Bretaña, que apenas cuestacreer que las creó el arte? ¿Y no se aprecia en los historiadoresdignos de fe, que con artes semejantes cortaron otrora las rocas,rellenaron los valles, y aplanaron las montañas, agujerearon lasrocas, abrieron estrechos, cava-ron las entrañas de la tierra,desviaron los ríos, unieron y detuvieron los mares, escrutaron elfondo del mar, agotaron los lagos, secaron los mares, crearon islasnuevas y unieron otras a tierra firme? Y aunque todas estas cosasparezcan repugnar a la naturaleza, empero se las ve realizadas, yaún hoy en día se hallan sus vestigios. El vulgo inventa que estaclase de obras fueron construidas por los- espíritus, porque sedesconoce su modo de construcción y sus autores, y no seencuentra gente ansiosa de comprenderlas y escrutarlas. Es porello que cuando se observa algún espectáculo maravilloso, porceguera se adosa todo el efecto a los espíritus o se considera unmilagro las obras de las ciencias naturales o matemáticas, comocuando se ve elevarse en lo alto el hierro por medio de la piedraimán, o se lo tiene en el aire, como ocurriera en otro tiempo con elídolo de hierro de Mercurio, en Treves, en medio del templo, queestaba sus-pendido por piedras imán, lo cual lo atestigua esteverso:
Ferreus in mediis volitat caduciter auris.
Leemos incluso acerca de algo semejante respecto del ídolodel Sol en el templo de Serapis, en Egipto. ¿Se dirá acaso que esoera obra de los espíritus? Sin embargo, si se conoce la virtud delimán sobre el hierro, lúego de experimentarla, cesa el asombro yno resulta difícil creer que aquello es obra de la naturaleza. Y esmenester saber que, así como se adquieren las virtudes naturales através de las cosas naturales, de igual modo a través de las cosasabstractas, matemáticas y celestes adquirimos las virtudescelestes; a saber, el movimiento, la vida, los sentidos, el discurso,los presagios y la adivinación misma, en la materia menosdispuesta, sin que eso sea realizado por la naturaleza sinosolamente por el arte; así se dice que pueden confeccionarseimágenes que hablan y predicen el porvenir, como lo ejemplificaGuillermo de París respecto de una cabeza de bronce, fundida a lasalida de Saturno, y que se sostiene que hablaba
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