El Libro que mata a la MuerteDon Mario Roso de Luna
INTRODUCCIÓN
"Et l'insensé déja croyait, comme aujourd'hui que I'âme commençit et finissait en lui"LAMARTINE.
La Chûte d'un Âge.
Homo divina est stirpis origo.PITÁGORAS.
Versos áureos.
Non est umbra tenebrae, sed vet tenebrarum vestigium in lumine, vel luminie vestigium in tenebris.GIORDANO BRUNO.
La génesis de esta obra, cuya segunda edición damos hoy al público, es por demáscuriosa.Al leer por primera vez el célebre libro
Old diary leaves
("Hojas de un viejo diario"), delpresidente-fundador de la Sociedad Teosófica, Henry Steel Olcott, nos hubieron de causar lamás viva impresión determinados pasajes relativos a la residencia de éste y de H. P.Blavatsky en la India. Eran estos pasajes, en efecto, algo de tal naturaleza, que ningún lector sensato puede dejarlos pasar sin serio estudio o sin solemne protesta.Uno de los indicados pasajes se refería a cierta quinta en la costa de las inmediacionesde Bombay, adonde la recién llegada H. P. B.
hubo de llevar en carruaje a uno de susnuevos amigos. En la quinta, que era muy hermosa y llena de rosales floridos, salió a recibir a H. P. B. un venerable hindú del tipo de los que los teósofos llamamos Mahatmas oMaestros, mientras que ésta ordenaba a su acompañante que "por nada ni por nadie semoviese del carruaje si estimaba en algo su vida". H. P. B. penetró en la quinta con el hindú,y a la salida recogió de manos de él un espléndido ramillete de rosas con encargo de que lefuesen regaladas al coronel Olcott. De regreso ya en casa de los viajeros, hubo deentablarse entre los de la tertulia de H. P. B. viva discusión, pues todos afirmaban, comobuenos conocedores de Bombay, que por semejantes sitios no existía quinta alguna y sí unespeso bosque, mientras que el acompañante juraba con plena seguridad y aplomo que élhabía visto la quinta con sus propios ojos y hasta podría conducir otra vez a sus puertas aquien apostase en contra de él. H. P. B. sonreía, asegurando que él no sería capaz desemejante hazaña, por lo que perdería la apuesta, como efectivamente sucedió, por cuanto,después de vagar aquél largas horas por el bosque con los de la apuesta, y creyendosiempre llegar a la orilla del mar, se veían él y los que con él iban, fatalmente llevados al ladocontrario... H. P. B. aseguró después que la tal quinta era un punto de cita o lugar de reuniónde algunos Maestros, y que su acceso a ella, más aún, su misma visión, estaba protegidacontra los profanos por una "maya" o ilusión de los sentidos, que no les permitía el llegarsehasta allí, a no ser en compañía de alguien como H. P. B....Otro de los casos de Olcott se refería a cierto pobre maestro de escuela de Benarés, querecibía con frecuencia de la madre de uno de sus educandos pequeños obsequios. Elprofesor, agradecido, quiso un día visitar a los padres de su alumno, a lo que éste replicó"que no sabía si ello sería posible". Por fin, de allí a pocos días, el muchacho vino una vezcon la noticia de que sus padres acogerían con gusto al maestro, "siempre que éste jurasepreviamente que no revelaría a nadie el camino que conducía hasta su mansión, y que siluego el visitante faltaba algún día a su juramento, al punto quedaría ciego". Hizo su promesael maestro y salió con su discípulo hacia las afueras de la población. Ya en pleno campo, ycuando aquél temía ser víctima de una emboscada o de una burla. he aquí que el chiquillo sedetiene; exige de nuevo la ratificación del juramento, y realizada ésta, un simple empujóndado por el chico a una piedra que por allí había dejó expedita la bajada al mundo
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Iniciales de H. P. Blavatsky con las que esta insigne escritora es conocida por los teósofos.
Instituto Cultural Quetzalcoatl (Gnosis)3www.samaelgnosis.net
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