bargo, es la degradación, un subproducto de la actividad de la inmadurez, más que la deformación, laque le confiere al estilo de Gombrowicz un carácter propio. Si el hombre no puede expresarse contransparencia no es sólo porque los demás lo deforman sino, sobre todo, porque sólo es expresable loque tiene forma, lo demás, es decir, la inmadurez, se queda en silencio. La forma desacredita a la inma-durez y humilla a esta parte del hombre; las bellas artes, las filosofías y las morales nos ponen en ridícu-lo porque nos superan, porque son más maduras que nosotros."Interiormente no somos capaces deestar al nivel de nuestra cultura, es un hecho que hasta ahora no ha sido suficientemente tenido encuenta y que sin embargo es decisivo para la tonalidad de nuestra vida cultural. En el fondo somos unoseternos mocosos"Gombrowicz cumplía al pie de la letra con este programa de mocoso: cuando le pagó a dos jóvenesfrancesas con seis gatitos recién nacidos recogidos de la calle la traducción al francés que habían hechode "El casamiento"; cuando delante de un cordero asado recién puesto a la mesa le dijo a la criada:
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Qué hermosa ave; cuando se miraba al espejo y recitaba:
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Miro mis rasgos de aristócrata, pareciera quemis facciones, día a día, registran mejor todo mi linaje; cuando delante de un mozo comunista que loestaba sirviendo dijo:
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Primero los alemanes, luego los rusos, ¿qué ha sido de mis vacas y de mis cria-dos?; cuando se presentaba como conde con derecho al taburete porque su abuelita era grandeza deEspaña; cuando nos explicaba que no había retornado a la lejana Polonia debido a sus intensos estudiosdel alma sudamericana comenzados el día anterior a la partida del barco; cuando...En la foto de este gombrowiczidas se ve una parte su programa de mocoso, aparece Gombrowicz jugan-do con un gatito...TRES PERSONAS DISTINTAS"Tal vez la cosa estuviera ligada al hecho, que he observado muchas veces, de que suactitud cambiara de una manera evidente cuando se encontraba ante un polaco. Unatensión se apoderaba de él. Se hubiera dicho que entonces se encontraba súbita-mente en una situación que superaba en mucho las circunstancias reales del encuen-tro (...) Se notaba el doloroso esfuerzo que hacía para estar a la altura de todo eso...(...)"Esta observación del Esperpento es bastante atinada, efectivamente, la actitud de Gombrowicz cambia-ba, tenía un estilo con los polacos y otro distinto con los argentinos; vamos a dar unas vueltas alrededorde este asunto aunque es medio peliagudo porque está en los límites de su naturaleza y de su yo. Siem-pre tuvo dificultades para vivir, su primera dificultad fue la facilidad con la que se le presentó la existen-cia desde el mismo momento de su nacimiento, los problemas del carácter y de las enfermedades vinie-ron después.No es tan difícil imaginar a Gombrowicz no haciendo nada, lo difícil es imaginarlo entregado a la espon-taneidad y a la lasitud, nada en su mundo era espontáneo y flojo, por eso vivía esforzadamente, por esoentre él y lo otro siempre había un mediador, un mediador al que finalmente terminó por ponerle unnombre, le puso forma.Los hombres se protegen de las dificultades poniéndose debajo de los paraguas de las ideas, del dinero ydel poder, pero al desventurado polaco las tormentas de la vida le arrancaron los paraguas de las manosy se quedó a la intemperie. Gombrowicz era un conspirador, no quería ocupar su lugar en la sociedad,rechazaba a los mayores y se acercaba a los jóvenes para enaltecerlos y enaltecerse. La edad es la cul-pable, esa diosa que reparte las cartas y nos asigna los papeles en la vida social.Pero la diosa le hacía trampas a Gombrowicz, no le daba una sola carta, le daba dos; una, con el papelde superior, adulto, maduro; otra, con el papel de inferior, joven, inmaduro.