Cuando entregó un ejemplar de "Memorias del tiempo de la inmadurez" a su respetable fami-lia se sintió raro. Marcelina Antonina se lo agradeció cortésmente mientras los hermanos lorecibieron con una reserva que no auguraba nada bueno:
–
Ah, sabes, acabo de terminar tulibro. Tal vez sea un poco demasiado moderno, pero es interesante... me ha gustado, ya vere-mos qué dice la crítica. De todos modos, ¡te felicito!"Supongo que si hubiera entrado a formar parte de un ballet y me hubiera puesto a saltar me-dio desnudo delante del público, mi familia no se hubiera sentido más incómoda. Era una fami-lia respetable que no sabía a causa de qué pecados tenía que sufrir semejante vergüenza"Jan Onufry, el padre de Gombrowicz, era un hombre íntegro, que reaccionó como patriotacontra la violencia zarista y que fue encarcelado por esta razón en la prisión de Radom. Sushijos vivieron esos acontecimientos con intensidad, y Gombrowicz, que por entonces teníacinco años, los comprendía también en parte, y estaba muy impresionado. Excluido de la com-plicidad que se había establecido entre los hermanos y el padre, se vio dominado por ellos,especialmente por su hermano Jerzy, el favorito de la familia, que lo hacía víctima de bromascontinuas. Gombrowicz estaba subyugado y trataba de imitarlos, pero cuánto más crecía suadmiración más humillado se sentía.El padre le despertaba admiración pero también temor, Gombrowicz carecía de su aire desen-vuelto y de su aspecto viril, además tenía defectos que lo hacían víctima de las burlas de suscompañeros.Gombrowicz se refiere a su padre y a sus hermanos en algunos pasajes de sus escritos."En nuestra familia vivíamos distanciados, éramos demasiado críticos, irónicos, sarcásticos,teníamos un exagerado sentido del ridículo, lo cual mataba en nosotros cualquier reflejo es-pontáneo. Estoy hablando de mí y de mis hermanos, ya que las dos mujeres, mi madre y mihermana, eran más bien víctimas de este estado de cosas. En cuanto a mi padre, tenía unanaturaleza lituana cerrada, y sus relaciones con nosotros no eran estrechas (...) Un hombreguapo, alto, distinguido, muy correcto y puntual, metódico, con horizontes no demasiado am-plios, poco sensible a las cosas del arte, católico practicante, pero sin exageración (...) fue elúltimo de los Gombrowicz en gozar del respeto general e infundir confianza; nosotros, la si-guiente generación, éramos unos excéntricos, de quienes se decía: qué lástima que no hayansalido al viejo Gombrowicz (...)"En los veinte años de independencia que tuvieron los polacos después de la Primera GuerraMundial las costumbres dieron un enorme salto hacia delante, especialmente en un asuntosubstancial para los polacos: la noción del honor. El padre de Gombrowicz era un gentleman ala antigua pero también él empezó a caricaturizar el asunto del honor tan en boga por aquelentonces. Un día Marcelina Antonina lo sorprendió mientras disparaba con una pistola a unasilueta apuntándole al trasero. Lo habían retado a duelo y decidió colocar la bala en esa partedel cuerpo del adversario que, por otra parte, la tenía bastante pronunciada.El hermano mayor, Janusz, se preocupaba más por el honor de los comerciantes que por el delos nobles, en su visión del mundo la economía jugaba un papel más importante que las tradi-ciones y la carga hereditaria de las antiguas castas.