Salvador Bayona- 180 –Todos los capítulos de la novela enhttp://jungladeasfalto.com
miradas iban alternativamente del suelo al otro y nuevamente al suelo.Estaba claro que ninguno de ellos quería ser el primero en abordar el tema.
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Hemos visto el cuadro –dijo, al fin el profesor–.
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De modo que se trata de eso. ¿Es que acaso no parece un utrillo? –había formulado la pregunta con absoluta serenidad, que podíasonar desafiante, pero que en realidad respondía a la más simple delas curiosidades, pues aunque tenía presente la pintura, norecordaba haber utilizado con ella la metodología de reproduccióncuya pauta había seguido en sus anteriores trabajos-.
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En absoluto. Es un utrillo perfecto, nadie podría decir que no se tratade un utrillo…
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Al menos técnicamente –interrumpió Susana-.
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No entiendo. ¿Qué quieres decir con eso?
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Verás, querido –nunca antes le había llamado así, y en aquelmomento sonó mucho más falso de lo que lo hubiera hecho encualquier otro-, el profesor y yo pensamos que podría ser muycomprometido sacar al mercado tu cuadro. O, al menos, quefuéramos nosotros los que hiciéramos pública la obra en estemomento, y sin embargo estamos obligados a darles algo.
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Sigues sin hablar claramente.
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Tu cuadro tiene reminiscencias de la Madonnina della Creazione.¡Ya sé que parece absurdo, no me interrumpas!. Susana y yo lashemos visto, aunque no podemos decir en qué: no es lacomposición, ni el dibujo, los colores, texturas, gestos oexpresiones… en fin, ningún aspecto concreto. Y sin embargo¡resulta tan evidente que la Madonnina está ahí, en algún sitio!
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Eso que decís es absurdo –se defendió Guillermo-, son tan diferentescomo el cielo y la tierra. No hay ningún análisis que pueda poner enrelación ambas obras, te lo garantizo.
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Estamos seguros, Guillermo –Susana tomó el relevo del profesor conuna agilidad y naturalidad que el restaurador no se dio cuenta deque la conversación había comenzado a seguir el guión que amboshabían preparado–, pero lo cierto es que ambos hemos tenido lamisma sensación. Es cierto que ninguno de nosotros puede aislar laconexión entre el utrillo y la Madonnina, pero a simple vistasabemos que existe.
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Quiero que entiendas que estamos jugando un juego en el que noexiste la presunción de inocencia –intervino de nuevo el profesor-,
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