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Propuesta de un modelo de comunicación masiva para la construcción de ciudadaníaen América Latina
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Datos del autor
Carlos A. Camacho Azurduy. Comunicólogo boliviano. Coordinador del Área de FormaciónProfesional del Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para AméricaLatina (CIESPAL). Alumno del Programa Doctoral “Comunicación, Derecho a laInformación y Ética” de las universidades Diego Portales de Santiago de Chile y Complutense de Madrid. Docente de postgrado en el Área de Comunicación de laUniversidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador y Sede La Paz, Bolivia. Fue Coordinadordel Área de Formación e Investigación de la Asociación Latinoamericana de EducaciónRadiofónica (ALER). E.mail.:carlili.camacho@gmail.com/ccamacho@ciespal.netWeb site:  www.geocities.com/carcam2000 
¿Por qué hablar, hoy, de ciudadanía?
De una manera real se empieza a percibir, como fundamento para la consolidación de losnoveles sistemas democráticos de América Latina, la urgente necesidad de la legalidad y legitimación de la ciudadanía desde la sociedad civil. No sólo en los ámbitos académicos,sino cada vez con mayor ímpetu entre las organizaciones gubernamentales y nogubernamentales, este tema va cobrando especial importancia por una serie de razones queprovienen fundamentalmente de cuatro vertientes:
Política
 
La falta de reconocimiento y menosprecio, desde el tiempo de la Colonia, dela cultura política de los sectores populares debido a razones políticas eideológicas que impiden concebir al “otro”, en sus múltiples diferencias -especialmente interculturales-, como igual (conciudadano). Esto se manifiestaen desigualdad e injusticia social producto de una profunda negación culturaly de una serie de sentimientos y acciones arraigados de discriminación eintolerancia
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.
 
Paralelamente, se observan marcados procesos de auto negación, donde el“otro” se siente y percibe como inferior (ciudadano de segunda o terceraclase) y desestima su propia identidad cultural.
 
Se siente el agotamiento del sistema de partidos políticos. La gente valora lapolítica como necesidad de participar y ocuparse del destino de lacomunidad, pero siente que esta actividad fue “maleada” por un grupominoritario (“politiqueros”) que se aprovecha de ella para lograr interesespersonales o partidarios y, además, no deja participar a otros en la escenapolítica (clientelismo, nepotismo).
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Esta es una versión revisada por el autor a junio de 2009, a solicitud expresa de la profesora Cicilia M.Krohling Peruzzo.
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Esto se manifiesta, también, en la desigualdad de oportunidades, ya que como se puede observar en el caso deBolivia, “la exclusión social y una cultura de negación del otro, el racismo y los prejuicios regionales, perotambién las desigualdades en las oportunidades educativas y de acceso a los códigos de la modernidad” ( 
PNUD
,
 
2002, p.225).
 
 
Histórica
 
Una modernidad aún inconclusa en la que conviven multiplicidad de sentidosde vida y pluralidad de culturas, en cuyo seno se entrecruzan diferenteslógicas de desarrollo que no logran ser resignificadas y apropiadas por lagente debido a las concepciones lejanas y alejadas desde las que fueronpensadas y trasplantadas.
 
Una larga etapa histórica de gobiernos de facto (militares) en diferentes paíseslatinoamericanos en la década de los años ’70 que avasalló las posibilidadesreales del ejercicio constitucional de derechos, esencialmente los relacionadoscon la libertad de expresión y opinión, y anuló las garantías constitucionalesde los ciudadanos. Todo ello, sumado a violaciones de los derechos humanospor medio del uso de aparatos de represión y muerte, desgastó el sistemademocrático y perfiló un clima de injusticia en el que -ahora en menormedida, pero con clara evidencia- viven las mayorías alejadas o aisladas delpoder económico y político. Estas jóvenes democracias tienen aún muchocamino por recorrer para recobrar la esperanza perdida y el sueño anhelado.
Económica
 
“Paradójicamente, a pesar del crecimiento evidente de la miseria y de lapérdida general de la calidad de vida en muchos aspectos, el debate sobre lapobreza ha quedado relativamente escindido de la discusión sobre laciudadanía” (Calderón y Lechner, 1998, p.36). La pobreza es una “marca deinferioridad” (que califica al otro como carente, indigno, desprotegido,marginal) que desconoce al “otro” -culturalmente distinto- como sujeto dederechos legítimos y, por lo tanto, impide la universalización, elreconocimiento y el ejercicio de estos. En ese marco, coincidimos con losautores abordados, no puede existir el ciudadano.
 
Los altos índices de pobreza llevan a que la gente -fundamentalmente de lossectores populares- se preocupe de satisfacer, en primera instancia, susnecesidades básicas más elementales antes que participar y decidirpúblicamente. Estas condiciones de vida extremadamente difíciles se reflejan,como acertadamente apunta el Programa de las Naciones Unidas para elDesarrollo ( 
PNUD
,
 
2002, p.188), en expresiones de desilusión, fatalismo y pesimismo muy fuertes, sensación de abandono y desamparo, inseguridad y frustración respecto al futuro.Empero, muchas veces, ésta es razón sustancial para el surgimiento demovimientos sociales agrupados en torno a la identidad cultural, el género, elconsumo, etc., que exigen el cumplimiento de sus derechos. Por otro lado, altener estas necesidades resueltas, los sectores más acomodados se repliegan,cada vez más, en ámbitos privados (individuales, grupales o familiares) quelos alejan de la construcción de comunidad.
 
El
PNUD
(2000, p.31, 131) sostiene que la pobreza está vinculada, en sudimensión subjetiva, con la incapacidad de ejercer ciudadanía (condición pre-ciudadana), que se manifiesta en relaciones sociales excluyentes y desigualdadde oportunidades, impidiendo afirmar los valores y traducir las aspiracionesde todos los sectores de la sociedad en proyectos de vida compartidos. En
 
ese sentido, Cançado (en Benvenuto, 2001, p.20), juez presidente de la CorteInteramericana de Derechos Humanos, plantea que en este inicio del siglo
XXI
la erradicación de la pobreza extrema se constituye en uno de los grandesdesafíos de la protección internacional de los derechos humanos.
Social
 
Si bien la democracia ha tenido importantes avances, se percibe un malestar y deterioro social que repercute en una desconfianza generalizada. Esta situaciónocasiona que, tal como afirma el
PNUD
, “A mayor desconfianza, menorposibilidad de ciudadanía, y por tanto mayor dificultad en consolidar proyectosen la perspectiva del desarrollo humano (2000, p.185).
 
Se ha detectado en segmentos sociales amplios una actitud individual negativaque puede constituirse en una enorme barrera para el desarrollo y la formaciónde ciudadanía: el fatalismo
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. De hecho, “conlleva resignación y conformismo y generalmente está asociado con altos niveles de frustración y bajas condicionesy oportunidades para superarlos” (p.224).En mayores y menores grados estas vertientes, entre otras, muestran a la ciudadanía enLatinoamérica como el resultado de un proceso sociopolítico que pretende -en pleno siglo
XXI
- la lucha por la igualación de todos en pos del fortalecimiento de estados con plenasgarantías para dar concreción y vigencia a los derechos humanos en la consolidación desociedades verdaderamente democráticas, justas y equitativas.Por ello, la urgente tarea de encarar un trabajo multidisciplinario en la construcción deciudadanía desde diversos frentes. Este trabajo se aproxima a la labor específica de losmedios de comunicación masiva en esta dirección. A continuación, se detallan algunosrasgos que permiten comprender los aspectos que abarca el tema de la ciudadanía antes deque se analicen los procesos masivos para su gestación activa y responsable.
¿Qué ciudadanía, cuáles ciudadanos?
La vida personal, la expresión, el conocimiento y la historia avanzanoblicuamente, y no directamente, hacia fines o hacia conceptos.Lo que se busca demasiado deliberadamente, no se consigue.
 Maurice Merleau-Ponty 
De acuerdo con la propuesta de Sinesio López Jiménez (1997, pp.53-54), la ciudadanía esuna categoría socio-política resultado, fundamentalmente, de un proceso social de igualaciónde las condiciones sociales (igualdad ante la ley) que se constituye en la base política de lademocracia y la condición del hombre moderno, caracterizado por ser una persona con unconjunto de derechos garantizados y protegidos constitucional e institucionalmente por elestado (dimensión pasiva) y con responsabilidades -establecidas en las leyes- hacia la
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La opinión pública en Bolivia “se divide entre quienes creen en la legitimidad y eficacia de construir planes defuturo y están convencidos de que es posible actuar sobre los procesos (51,9%) y quienes, por el contrario,piensan que hacer planes para el futuro es vano porque estos nunca se cumplen, o que las cosas van a tomar surumbo por sí mismas y por tanto no creen ni tienen la convicción necesaria para actuar sobre los procesos,conformándose con lo que tienen o resignándose a su suerte” ( 
PNUD
,
 
2002, p.224).
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