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María Piñole
Bidezko merkataritza
Cristina de la Cruzy Pedro M. Sasia
“No se puede pensar en BancaÉtica si no miramos a la ciudadanía”
ALBOAN
   N   º   5   0  •   2   0   0   8   I   n  v   i   e   r   n   o   /   N   e   g  u   a
FUNDACIÓN PARA EL DESARROLLO SOLIDARIOELKARREN GARAPENERAKO FUNDAZIOA
Miguel González
La otra cara de la crisis
Pág. 4Pág. 6Pág. 8
Krisia: AldaketarakoaukeraKrisia: Aldaketarakoaukera
Crisis:Una oportunidadpara el cambio
ALBOAN
es una ONG promovidapor la Compañía de Jesús, que trabajapor la
solidaridad entre los pueblosHerrien arteko elkartasunaren alde
lan egiten duen Fundazioa da
ALBOAN.
Jesulagundiak sortu eta bultzatzen du
 
a criterios de comercio justo y ecológico y consu-mir productos y servicios de empresas de la lla-mada economía social.Cuando producimos para que las demás personasconsuman, también elegimos. Podemos tratar defomentar el reparto del trabajo y buscar el equili-brio entre nuestra vida profesional y personal, o lamaximización del salario y la competencia ferozpor las responsabilidades y el reconocimiento.Así mismo, cuando ahorramos en productos fi-nancieros que alimentan el sistema de créditoque hace funcionar el sistema económico, tam-bién tomamos una opción. Podemos elegir entrelos productos y las entidades, primando la trans-parencia y el uso solidario de los depósitos o lamaximización del tipo de interés.Pensemos por un momento que, cuando exigi-mos mayores intereses y productos cada vez másbaratos, estamos presionando al sistema paraque busque marcos laborales más precarios ybaratos e inversiones “mágicas”, basadas en laespeculación y alejadas de la economía real.Consumir de manera más consciente y por cana-les más justos, si es un ejercicio cada vez másextendido, puede favorecer la emergencia deuna economía que sea capaz de satisfacer lasnecesidades de todas las personas, tanto las delNorte como las del Sur, sin poner por ello en peli-gro la vida de nuestro planeta.Vivimos una crisis económica –otra más–; pero laactual crisis es más profunda y comenzó hacemucho tiempo. Es una crisis cultural, de compor-tamientos y de valores. Esperamos que los análi-sis y alternativas que en este boletín te mostra-mos puedan ser piedra de toque para transfor-mar nuestra cultura y nos permitan soñar conerradicar las crisis económicas.
Eso sí sería todauna revolución.
E
ditorial
2
E
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ALBOAN
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BI-1386-96
N.I.F.G - 48811376
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EVISTAIMPRESAENPAPELRECICLADO
100%
LIBREDECLORO
Crisis¿económica?
En los últimos meses
el fantasma de la crisisha ocupado un lugar central en nuestras vidas. Sellamó primero financiera –de los bancos e inverso-res– y luego económica –de las PYMES y las perso-nas trabajadoras de a pie–. Muchas voces hablan hoyde una crisis del propio sistema económico y político.Algunos, como Nicolás Sarkozy, claman incluso poruna refundación del capitalismo, y lo hacen desde unpartido conservador y un país del mal llamado “pri-mer mundo”.
¿Vivimos acaso una revolución?
Los cierto es que empieza a parecer inaplazable lapuesta en marcha de un sistema de gobierno glo-bal, que permita reconducir la marcha de este glo-balizado mundo que algunas personas disfrutamosy otras muchas padecen. Los estados nación sonincapaces de gobernar la codicia del sistema. Losmercados de capitales necesitan una mejor regula-ción. Las transacciones financieras deben ser pena-lizadas si se orientan por la especulación. Los para-ísos fiscales deben desaparecer. Afirmacionescomo éstas han sido defendidas por unos pocospolíticos, algunos economistas de prestigio –comolos premios Nobel Stiglitz y Krugman– y la prácticatotalidad del movimiento altermundista, del que lasONG formamos parte, propugnando desde haceaños una globalización, una economía y una políti-ca al servicio de todas las personas, y no de solounas pocas.Ante semejante tarea, resulta fácil perder el alientoy desmovilizarse: las decisiones se toman en forosa los que la ciudadanía no tiene acceso. Pero hayuna dificultad aún mayor, queimpide tomar las decisiones enbeneficio de la mayoría exclui-da: el sistema económico quegenera estas crisis cíclicas, conel consiguiente sufrimiento delas capas más vulnerables denuestras sociedades, está pro-fundamente arraigado en elADN de nuestra cultura. Todosy cada uno de nosotros y noso-tras, muchas veces sin darnoscuenta, aplicamos y alimenta-mos la lógica del sistema.Cuando consumimos produc-tos y servicios que otras perso-nas producen estamos eligien-do. Podemos tratar de consu-mir todo lo que podamos almenor precio posible o atender
Modu arduratsuagoaneta bide zuzenagoenbidez kontsumitzeak, geroz eta ekimenhedatuagoa den heinean,bestelako ekonomiabaten sorrera lagundudezake: Iparraldeko zeinHegoaldeko pertsona guztien beharrakasetuko dituenekonomia, gure planetaren bizitzaarriskuan jarri gabe.
Consumir de manera más consciente depende de nuestra elección.
 
3
Utopiak ez dira Davos-en edoG-20-ko inongo batzarretaneraikitzen; utopiek gureegunerokotasunean zabaltzendituzte beren erroak, gureetxe, kale, plaza, merkatuedota lantokietan.
I
ritzia
El retode la crisis
T   e  n  e  m  o  s   e  l    r   e  t   o   d   e   e  m   p  e  z  a  r    a    p  e  n  s  a  r   n  o  s   d   e   f    o  r   m  a   d   i   f    e  r   e  n  t   e  
Vivimos tiempos de cambio.
A comienzos de los noventa, el poli-tólogo estadounidense Francis Fu-kuyama proclamaba el fin de la his-toria. La economía había triunfadofrente a las ideologías, las utopíasdejaban paso a la hegemonía delmercado. La ambición y la codiciapasaron a ser valores indispensablespara el bien común. Por alguna extra-ña lógica, el enriquecimiento de unospocos traería consigo el bienestar dela mayoría. Hoy, recién estrenado elnuevo siglo, la palabra de moda ennuestro globalizado mundo es “cri-sis”, en todas sus acepciones:financiera, energética, alimentaria,medioambiental…Durante años, cientos de millones depersonas de todo el mundo han vistonegado su derecho a un futuro dignoy han sido condenadas a un presen-te de pobreza y marginación, mien-tras que desde nuestras cada vezmás fortificadas sociedades delNorte mirábamos para otro lado,semejando no conocer esta injustarealidad. El mundo es así y nadapodemos hacer por cambiarlo, se afir-maba entonces. Ahora, cuando losendebles cimientos del sistema neoli-beral han empezado a temblar ynuestros pequeños paraísos del con-sumo han notado la sacudida, de re-pente nos resulta urgente e impres-cindible efectuar profundas reformasen nuestro mundo.Donde no había fondos para acabarcon la pobreza surgen, como por artede magia, cientos de miles de millo-nes destinados a reactivar los siste-mas financieros y a estimular nues-tro consumo. Incluso desde los sec-tores más conservadores se alzanvoces que reclaman una reformula-ción del actual sistema económicomun-dial,mientrasque los gobier-nos del mundopugnan por acudir aWashington y partici-par en el diseño de unnuevo orden internacional.Sin embargo, todo parece indi-car que, como siempre, serán lossectores más vulnerables de la pobla-ción quienes sufrirán las peores con-secuencias de la crisis y que esterepentino proceso renovador seguirá,una vez más, la tradicional lógicalampedusiana de “a veces, es nece-sario que todo cambie para que todosiga igual”.A pesar de ello, el fenómeno de la cri-sis esconde en su interior un enormepotencial transformador. Las estruc-turas que hasta el momento parecíaninquebrantables empiezan a mostrargrietas y los inamovibles dogmascomienzan a ser cuestionados. Elactual contexto ofrece la oportunidadde que una sociedad civil crítica, acti-va y movilizada asuma un mayor pro-tagonismo frente a los actores tradi-cionales e impulse la construcción deun mundo alternativo, cimentadosobre sólidas bases como la justicia,la solidaridad y la sostenibilidad. Unmundo que deje de rendir culto alcapital y tenga como principal misiónprocurar el desarrollo integral –eco-nómico, educativo, político, social…–de todas las personas.Pero, para que la sociedad civil puedaasumir su liderazgo en la consecuciónde ese otro mundo posible, resultaimpres-cindibleque cada unode nosotros ynosotras asuma-mos el reto de trans-formar nuestra propiaforma de ver, vivir y sentir elmundo. Las utopías no seconstruyen ni en Davos ni en nin-guna reunión del G-20, sino queechan sus raíces en nuestro día a día,en nuestras casas, calles, plazas,mercados o lugares de trabajo. Se ali-mentan de nuestra manera de rela-cionarnos, comunicarnos, trabajar,consumir o querer. Tenemos el retode empezar a pensarnos de formadiferente, de cuestionar nuestra coti-dianeidad, de estrenar estilos de vidamás consecuentes y de inaugurarexperiencias alternativas de cons-trucción social. Sin pretender rein-ventarnos de un día para otro, peroapostando de manera decidida yvaliente por ser motores de cambio y,porqué no, aprendiendo a disfrutardel proceso.El reto que enfrentamos se antojaenorme, pero no podemos dejar pasarla oportunidad. Además, ¿de verdad seatreve alguien a volver a dejar nuestrofuturo en manos de los señores detraje y corbata de siempre?
Zigor Uribe-etxebarria
ALBOAN
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