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La religión en Jung

La religión en Jung

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08/14/2013

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text

original

 
La religi
ó
n en Jung
+Enrique Gal
á
n Santamar
í 
a+Carl Gustav Jung.
 Acerca de la psicolog
í 
a de la religi
ó
n occidental y de la religi
ó
noriental
.
Obra completa,
volumen 11. Trad. R. Fern
á
ndez de Maruri. Trotta Ed. 692p
á
ginas. 46
 €
*Dentro de la meritoria y esforzada labor que est
á
llevando a cabo la EditorialTrotta al publicar la
Obra completa
de Jung, le ha llegado el turno al volumen dedicadoa sus escritos relativos a la religi
ó
n. En
é
l se recogen algunos textos ya conocidos allector en castellano por ediciones anteriores, vertidas desde la publicaci
ó
n original y,por lo tanto, no revisadas para su inclusi
ó
n en la O.C. El lector curioso podr
á
as
í 
 comparar las traducciones de esas antiguas ediciones, algunas descatalogadas desdehace tiempo, con esta nueva traducci
ó
n, que sigue los criterios establecidos por laFundaci
ó
n Carl Gustav Jung de Espa
ñ
a para la publicaci
ó
n de esta O.C., ya disponibleen m
á
s de su mitad —12 vol
ú
menes de los 20 que la componen.Este grueso volumen 11 recopila libros, art
í 
culos, conferencias y pr
ó
logosexpl
í 
citamente dedicados por Jung al fen
ó
meno religioso desde la psicolog
í 
a anal
í 
tica,con excepci
ó
n de los escritos de esta
í 
ndole recogidos en el volumen 18 de la O.C., cuyoprimer tomo ya est
á
tambi
é
n a la venta para el interesado, y del que se tratar
á
en otraocasi
ó
n.La mayor parte de sus p
á
ginas, 480, se ocupan de asuntos relativos alcristianismo en su relaci
ó
n con la psique occidental, y el resto, unas 140 p
á
ginas quere
ú
nen art
í 
culos y pr
ó
logos, est
á
dedicado a algunos aspectos de la sabidur
í 
a oriental ensu recepci
ó
n por Occidente —yoga, budismo,
 I Ching
. El texto m
á
s antiguo,“Psicoan
á
lisis y cura del almas”, es una conferencia de 1928, y el m
á
s reciente es supol
é
mico
 Respuesta a Job
, publicado en 1952, aunque todos ellos fueron revisados porJung durante la d
é
cada de 1950 para su ordenaci
ó
n como
Obra completa
.Inicia este volumen
Psicolog
í 
a y religi
ó
n
, el texto de sus Conferencias Terry,dictadas en la Universidad de Yale en 1937, cuando Europa se encontraba a las puertas
 
de la Segunda Guerra Mundial, cuya primera se
ñ
al ser
í 
a la Guerra Civil espa
ñ
ola. Elhorror se ense
ñ
oreaba otra vez de la Cristiandad. Las purgas estalinistas evidenciaban laverdad del comunismo triunfante en Rusia el a
ñ
o 1917, quebrando as
í 
el posible sue
ñ
ode la Europa ilustrada en un sistema econ
ó
mico que no necesitara la rapi
ñ
a imperialistay el sometimiento nacional para crecer. Junto a sus especulares reaccionesanticomunistas y antiliberales —fascista en Italia desde 1928, nacionalsocialista enAlemania desde 1933 y el levantamiento franquista en 1936—, se evidenci
ó
elcrecimiento del poder del totalitarismo. Su trasfondo religioso lo expresacontundentemente Jung en la segunda de estas conferencias: “En el momento actualasistimos al sorprendente drama de que los
 Estados
reclaman para s
í 
los antiqu
í 
simosderechos de las teocracias, es decir, los de la
totalidad 
[…] No es dif 
í 
cil ver que lospoderes del inframundo —por no decir los del infierno—, que hasta ahora hab
í 
an sidoamarrados y domesticados con mayor o menor fortuna en un gigantesco edificioespiritual, se apresuran de nuevo a convertir a los Estados —o como m
í 
nimo a intentarlo— en una c
á
rcel y una plantaci
ó
n de esclavos que carece de todo atractivo an
í 
mico yespiritual. [… Un] volc
á
n enfurecido”. Jung se va a ocupar crecientemente en indagaren ese “gigantesco edificio espiritual” que ya no tiene ning
ú
n inter
é
s para el hombremoderno.Llevar
á
adelante su tarea como psiquiatra ante la expansi
ó
n de esa pandemiaps
í 
quica que multiplica el asombrado horror de la I Guerra Mundial, dos d
é
cadasanterior: “Una vez m
á
s, vemos c
ó
mo los hombres se cortan el cuello unos a otros acausa de teor
í 
as infantiles sobre c
ó
mo ha de construirse un para
í 
so en la tierra”. Noparece que la raz
ó
n, la “mera raz
ó
n humana”, sea capaz de hacerse o
í 
r. Es el momentode una sinraz
ó
n aguijoneada por el odio y la sed de destrucci
ó
n: “Nuestro mundo se vesacudido y atravesado por las olas de la ansiedad y el miedo”. El individuo no es nadaante las masas invictas, desarraigadas de su fuente espiritual y ciegas seguidoras de sus jefes iluminados. Conviene, pues, diferenciar qu
é
es del C
é
sar y qu
é
de Dios,tr
á
gicamente indiferenciados ahora en un mundo donde ingenuamente se proclama quecomo Dios ha muerto todo est
á
permitido.Jung observa que “la religi
ó
n es una de las manifestaciones m
á
s tempranas yuniversales del alma humana”, e hipotetiza en consecuencia que existe “una genuinafunci
ó
n religiosa en lo inconsciente”. Esta funci
ó
n religiosa, que se manifiesta enexperiencias individuales numinosas, da lugar a las diferentes confesiones religiosas,esas “formas modificadas y dogmatizadas de las experiencias religiosas originales” que“reemplazan la experiencia inmediata por una selecci
ó
n de s
í 
mbolos apropiados”.Frente a la atea visi
ó
n racionalista, que hace de toda experiencia numinosa pura patra
ñ
airracional, cuando no una neurosis obsesiva, y de las confesiones un modo deadormecer las conciencias, un opio del pueblo, Jung entiende, sin embargo, que eldogma y el ritual son “m
é
todos de higiene espiritual” que pueden evitar al individuo sersumergido por ese inconsciente que desconoce. De ah
í 
, como afirma en su conferencia
 
“Sobre la relaci
ó
n de la psicoterapia con la cura de almas”, dictada en 1932, “con ladecadencia de las creencias religiosas las neurosis han incrementado considerablementesu n
ú
mero”. En consecuencia, “el problema de la curaci
ó
n es un problema religioso”,pues aquello “que el paciente necesita para vivir es fe, esperanza, amor y
sabidur 
í 
a
”.La experiencia numinosa, esa “particular alteraci
ó
n de la consciencia” ante lofascinante y tremendo, no es empero una sensaci
ó
n beat
í 
fica, como estudia Jung en“Hermano Klaus”, de 1933. Las visiones de este beato, fallecido en 1487 y canonizadoen 1947, no fueron para
é
l una fuente de placer, sino que “el terror se hab
í 
a apoderadode todos sus miembros y su rostro era causa de espanto incluso para los extra
ñ
os”.Enfrentado a ese pavor pudo transformar, tras “a
ñ
os de intens
í 
simos esfuerzosan
í 
micosviviendo como un eremita, la imagen del Dios col
é
rico y terror
í 
ficoaparecido en su visi
ó
n en una forma mand
á
lica de la Trinidad, hoy expuesta en la iglesiaparroquial de Sachseln —una rueda con seis rayos a la que posteriormente a
ñ
adi
ó
otrosseis c
í 
rculos secundarios.Precisamente por la peligrosidad de la experiencia religiosa, Jung consideraimportante la dogm
á
tica, que ofrece un caudal de s
í 
mbolos con los que canalizar dichaexperiencia individual. En ese sentido, la Iglesia cat
ó
lica le parece de m
á
s ayuda que elprotestantismo, dividido en 400 Iglesias, para elaborar esa experiencia: “La Iglesiacat
ó
lica cuenta con v
í 
as y recursos […], el pastor protestante carece de dichos medios”,escribe en “Psicoan
á
lisis y cura de almas”, publicado en 1928. Diez a
ñ
os despu
é
s, ensus Conferencias Terry, recuerda que “el protestantismo se vio privado de todos los m
á
sfinos matices del cristianismo tradicional: la misa, la confesi
ó
n, la mayor parte de laliturgia y la funci
ó
n mediadora del sacerdote”. En suma, “el protestante se ha quedadosolo ante Dios”. Por ello, en una
é
poca descre
í 
da, “la ola psicol
ó
gica que inundaactualmente los pa
í 
ses protestantes europeos est
á
muy lejos de haberse detenido. Avanzacogida de la mano con el abandono masivo de las creencias religiosas”. Son palabraspronunciadas en 1932. Jung parte de su experiencia profesional durante tres d
é
cadas:“Por mis manos han pasado varios centenares de pacientes. En su mayor
í 
a se trataba deprotestantes, acompa
ñ
ados por unos pocos jud
í 
os y no m
á
s de cinco o seis cat
ó
licospracticantes[…] En
ú
ltimo t
é
rmino los padecimientos de todos y cada uno de ellosobedec
í 
an a que hab
í 
an perdido lo que toda religi
ó
n viva ha procurado desde tiempoinmemorial a sus fieles, y ninguno se sinti
ó
realmente curado hasta no haberserecuperado de esa p
é
rdida, lo cual, preciso es decirlo, no tiene nada que ver con laadopci
ó
n de una confesi
ó
n o la pertenencia a una Iglesia”.As
í 
pues, la investigaci
ó
n de la religi
ó
n por parte de Jung es un paso obligadopor razones pr
á
cticas. Si la psicolog
í 
a m
é
dica ha demostrado que “las neurosispsic
ó
genas no son enfermedades org
á
nicas […ni] enfermedades mentales, [… sino] elsufrimiento de ese alma que todav
í 
a no ha encontrado su sentido”, seg
ú
n leemos en sutexto de 1932, ser
á
necesaria la colaboraci
ó
n con los especialistas en el alma. Y son

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