“Sobre la relaci
ó
n de la psicoterapia con la cura de almas”, dictada en 1932, “con ladecadencia de las creencias religiosas las neurosis han incrementado considerablementesu n
ú
mero”. En consecuencia, “el problema de la curaci
ó
n es un problema religioso”,pues aquello “que el paciente necesita para vivir es fe, esperanza, amor y
sabidur
í
a
”.La experiencia numinosa, esa “particular alteraci
ó
n de la consciencia” ante lofascinante y tremendo, no es empero una sensaci
ó
n beat
í
fica, como estudia Jung en“Hermano Klaus”, de 1933. Las visiones de este beato, fallecido en 1487 y canonizadoen 1947, no fueron para
é
l una fuente de placer, sino que “el terror se hab
í
a apoderadode todos sus miembros y su rostro era causa de espanto incluso para los extra
ñ
os”.Enfrentado a ese pavor pudo transformar, tras “a
ñ
os de intens
í
simos esfuerzosan
í
micos” viviendo como un eremita, la imagen del Dios col
é
rico y terror
í
ficoaparecido en su visi
ó
n en una forma mand
á
lica de la Trinidad, hoy expuesta en la iglesiaparroquial de Sachseln —una rueda con seis rayos a la que posteriormente a
ñ
adi
ó
otrosseis c
í
rculos secundarios.Precisamente por la peligrosidad de la experiencia religiosa, Jung consideraimportante la dogm
á
tica, que ofrece un caudal de s
í
mbolos con los que canalizar dichaexperiencia individual. En ese sentido, la Iglesia cat
ó
lica le parece de m
á
s ayuda que elprotestantismo, dividido en 400 Iglesias, para elaborar esa experiencia: “La Iglesiacat
ó
lica cuenta con v
í
as y recursos […], el pastor protestante carece de dichos medios”,escribe en “Psicoan
á
lisis y cura de almas”, publicado en 1928. Diez a
ñ
os despu
é
s, ensus Conferencias Terry, recuerda que “el protestantismo se vio privado de todos los m
á
sfinos matices del cristianismo tradicional: la misa, la confesi
ó
n, la mayor parte de laliturgia y la funci
ó
n mediadora del sacerdote”. En suma, “el protestante se ha quedadosolo ante Dios”. Por ello, en una
é
poca descre
í
da, “la ola psicol
ó
gica que inundaactualmente los pa
í
ses protestantes europeos est
á
muy lejos de haberse detenido. Avanzacogida de la mano con el abandono masivo de las creencias religiosas”. Son palabraspronunciadas en 1932. Jung parte de su experiencia profesional durante tres d
é
cadas:“Por mis manos han pasado varios centenares de pacientes. En su mayor
í
a se trataba deprotestantes, acompa
ñ
ados por unos pocos jud
í
os y no m
á
s de cinco o seis cat
ó
licospracticantes[…] En
ú
ltimo t
é
rmino los padecimientos de todos y cada uno de ellosobedec
í
an a que hab
í
an perdido lo que toda religi
ó
n viva ha procurado desde tiempoinmemorial a sus fieles, y ninguno se sinti
ó
realmente curado hasta no haberserecuperado de esa p
é
rdida, lo cual, preciso es decirlo, no tiene nada que ver con laadopci
ó
n de una confesi
ó
n o la pertenencia a una Iglesia”.As
í
pues, la investigaci
ó
n de la religi
ó
n por parte de Jung es un paso obligadopor razones pr
á
cticas. Si la psicolog
í
a m
é
dica ha demostrado que “las neurosispsic
ó
genas no son enfermedades org
á
nicas […ni] enfermedades mentales, [… sino] elsufrimiento de ese alma que todav
í
a no ha encontrado su sentido”, seg
ú
n leemos en sutexto de 1932, ser
á
necesaria la colaboraci
ó
n con los especialistas en el alma. Y son
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