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Discurso Michelle Bachelet por los 40 años del golpe de Estado

Discurso Michelle Bachelet por los 40 años del golpe de Estado

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09/09/2013

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 – 1 – Queridas amigas, queridos amigos,Gracias por estar aquí, en esta conmemoración que trae nuestro pasado reciente a la retina  y al alma. Aquí estamos, situados en el presente, pero abrigados con nuestra memoria. Aquí estamos, respaldados por esta estructura, este Museo de la Memoria que está construi-do como un puente, que es un símbolo. Un símbolo de la labor esencial que nuestra memoria cumple en la arquitectura de nuestra historia.Y esta mañana somos muchos más de lo que parece. Somos una multitud, porque conme-morando con nosotros, abrazados a nosotros, están todos los que recordamos, todos los queamamos, todos los que no han partido ni partirán jamás.Ellas y ellos son los primeros invitados.
 Y es por ellos y ellas, pero también por todos los chilenos y chilenas, que mantene-mos viva la antorcha de la memoria 
, que no es otra cosa que la persistencia del amor y dela humanidad a pesar de las terribles heridas que han marcado a nuestro país.Heridas que por estos días volvemos a mirar de frente y vuelven a doler. Hemos sido testigospor estos días de innumerables entrevistas, testimonios, reportajes que testifican y traen alpresente las atrocidades del pasado.Son recuerdos duros para quienes los vivimos. Y son imágenes impactantes para miles y milesde chilenas y chilenos que eran muy niños o aún no nacían en ese tiempo.
CONMEMORACIÓN
AÑOS
MICHELLE BACHELET
DISCURSO
museo
 
de
 
la
 
memoria
 
y
 
los
 
derechos
 
humanos
|
santiago
, 9
de
 
septiembre
 
de
2013
 
 
 – 2 – Este ejercicio de verdad y de reconocimiento no es un ejercicio autocomplaciente ni victimi-zante. Es el ejercicio de un país que confronta “cara a cara” el horror de lo vivido.Conocer la verdad es condición de cualquier relato de presente y de futuro como Nación.Hoy, Chile está en condiciones de mirar a los ojos su realidad pasada, reconociendo respon-sabilidades y condenando la violencia de Estado que vivimos como pueblo.
Pero esa mirada no puede estar desprovista de las dos condiciones básicas de la reconciliación de un pueblo: me refiero a la verdad y la justicia.
La verdad, porque tenemos necesidad de conocer lo que vivieron las víctimas y qué pasó conellas, con ellos. Por el derecho mínimo e innegable de hacer el duelo. Y de tener un lugarfísico para hacerlo.Y la justicia,
porque allí donde la justicia se niega, la impunidad ocupa su espacio,ahondando las fracturas de un pueblo.
No existe reconciliación que se construya sobre la ausencia: la ausencia de verdad, la ausen-cia de justicia o la ausencia de duelo. Sólo si somos capaces de llenar de sentido estos vacíosestableceremos nuevas bases sobre las cuales edificar nuestra vida social.En este ejercicio activo de la memoria, es necesario que al hablar de lo ocurrido, digamos loque es “justo” y lo que no.Es justo hablar de la agudización del conflicto social, la ausencia de diálogo, la intolerancia y la polarización en todos los sectores políticos.Es justo decir que si se hubiesen construido los acuerdos mínimos en torno a lo fundamentalde la democracia como valor en sí misma, todo habría sido distinto.Es justo decir, sobre todo, que cuando la política fracasa,fracasamos todos.Es entonces cuando triunfa la violencia, y la violencia golpea siempre a los más débiles.Lo que no es justo es hablar del golpe de Estado como un destino fatal e inevitable.No es justo afirmar que hubiera una guerra civil en ciernes, porque para dar continuidad y respaldo a la democracia se requería más democracia, no un golpe de Estado.
 
 – 3 – Las responsabilidades de la implantación de la dictadura, los crímenes cometidos por agentesdel Estado, la violación de los derechos humanos, no son justificables, no son inevitables y son responsabilidad de quienes los cometieron y de quienes los justificaron.Y es justo y es legítimo que las percepciones de lo sucedido sean diferentes. Incluso muy di-ferentes. Pero es necesario establecer claridad sobre la naturaleza de lo sucedido. Solo sobrela base de esa claridad se puede construir un “nosotros” en la diversidad.Ello significa reconocer la diferencia radical entre democracia y dictadura. Hay algo inacep-table, ayer, hoy y mañana respecto de la dictadura.
 Y es el abismo moral y político entredictadura y democracia que constituye la base sobre la que se construye y se sos- tiene nuestra vida en sociedad.
De lo que se trata es de establecer claridades sobre lo sucedido. Y es necesario comprenderque aún tenemos una fractura profunda entre quienes justifican la dictadura y aquellos queconfiamos en la democracia para enfrentar una crisis.Una crisis tan profunda, que nos costó décadas volver a sentirnos parte de una misma comu-nidad y partícipes de una misma historia, de un mismo destino.
Por la profundidad de esta fractura debemos reflexionar como sociedad al menos
 en torno a dos grandes materias:1) Nuestras instituciones democráticas.2) Y nuestra capacidad de hacernos cargo de las tareas en torno a los derechos humanos.Debemos deliberar acerca de la salud de nuestras instituciones representativas, y de cómoéstas abren más y más caminos a la participación ciudadana.Nuestras instituciones existían para procesar las demandas de una minoría de ciudadanos,hombres y no mujeres, básicamente urbanos, provenientes de la clase alta y de a poco, delas clases medias. Esas mismas instituciones debieron hacerse cargo, a lo largo del siglo XX,de las demandas de cientos de miles de obreros, campesinos, mineros, mujeres, estudiantes,migrantes del campo a la ciudad, que multiplicaron por diez el padrón electoral.Chile no supo sopesar el gigantesco cambio que significaba pasar de una democracia reduci-da, a una democracia genuinamente de masas y sufragio extendido.

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