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Las Organizaciones de la Sociedad Civil y su relación con la sociedad política y con elgobierno federal en México
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Documento preparado para el IX Congreso Anual de Investigación sobre el Tercer Sector yla VII Conferencia Regional de América Latina y el Caribe de la Sociedad Internacional deInvestigación sobre el Tercer Sector -ISTR-"Sociedad civil y cooperación intersectorial en América Latina: los retos del entorno"Ciudad de México, junio de 2009.Dr. Felipe HeviaCentro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, CIESASfhevia@ciesas.edu.mxLic. Sergio GarcíaIniciativa Ciudadana, Incide Social, A.C. / Instituto Tecnológico Autónomo de México,ITAMsergiosalvad@hotmail.comLic. Myriam Cervantes.
clmairim@yahoo.com.mx
Resumen
Los partidos políticos y el gobierno federal en México no logran concebir conceptual ypolíticamente a las organizaciones civiles como actoras de interés público, y limitan supercepción al situarlas como ejecutoras de programas e intermediarias de servicios con lapoblación pobre. En esta ponencia se analiza esta limitación y se establecen las causassociopolíticas que propician tal desconocimiento. Para ello, se estudian los documentosdoctrinales de los principales partidos políticos así como las iniciativas de ley presentadasen la actual legislatura y se analizan las principales características entre las relaciones de lasOSC con el gobierno federal. El documento concluye que esta limitación conceptual, así como el distanciamiento entre organizaciones, movimientos sociales y partidos, generandificultades para fomentar el asociativismo y para considerar a la sociedad civil como unactor necesario para la gobernabilidad democrática del país.
Palabras claves
Sociedad civil; partidos políticos; relaciones sociedad-Estado; administración pública;organizaciones civiles; Legislación; Leyes-México.
Introducción.
En términos normativos, el asociativismo, es decir, la capacidad de grupos de ciudadanosde actuar conjuntamente en pos de un bien común, es una de las características quecomparten sociedades con sistemas democráticos más estables y con menores grados de
 
desigualdad. El fortalecimiento de organizaciones de la sociedad civil así, no sólo resultaun beneficio para los mismos ciudadanos que hacen parte de estas asociaciones, sinotambién que fomentan el desarrollo, disminuyen las desigualdades y promueven mejoresniveles de bienestar social (PNUD 2004; Ministerio de Planificación de Chile 2001).El entorno político, normativo y cultural es vital para fomentar la creación y fortalecimientode asociaciones y organizaciones de ciudadanos (Avritzer, 2002; Incide Social, 2007). Poresto desde la década de 1980 en México múltiples organizaciones promovieron la creaciónde nuevos marcos legales y políticos que fomentaran a las agrupaciones y sus actividades yque culminó en la promulgación por unanimidad de la Ley Federal de Fomento a lasActividades Realizadas por las Organizaciones de la Sociedad Civil (en adelante LFF) en2004. A pesar de las limitaciones y vacíos de esta legislación, su implementación sin dudaresulta un gran avance para transparentar las relaciones entre las organizaciones de lasociedad civil (OSC) y el gobierno federal, las que en la historia reciente el país estuvieroncaracterizadas por la opacidad, el intento de control o cooptación gubernamental y ladesconfianza mutua (Isunza, 2001; Olvera, 1999; Saúl, 2009: 9).Sin embargo, a cuatro años de su promulgación, diversas investigaciones muestran lospocos impactos que ha tenido su implementación en dos áreas centrales para elfortalecimiento de las OSC y el cumplimiento de la LFF: el financiamiento público y lainclusión de OSC en instancias públicas de deliberación. (Incide Social, 2007; López yRuiz, 2007: 141; Villalobos y otros, 2007; Ablanedo y otros, 2007; Hevia, Vergara Lope yÁvila, 2009).En efecto, las investigaciones muestran que importantes cantidades de recursos siguensiendo asignados de manera discrecional a organizaciones para-estatales (2), y la inversiónpública sigue siendo sólo una fracción menor respecto al monto que las OSC reciben dedonaciones privadas (Villalobos y otros, 2007). Paralelamente, al sistema corporativohegemónico se contrapone una energía social de ciudadanos, fundaciones y empresas aldonar a organizaciones civiles no lucrativas en 2006 la cantidad de 40 mil millones depesos, un monto varias veces superior a los mil setecientos millones de pesos canalizadospor el gobierno federal para organizaciones civiles en el mismo periodo. Estos donativosprivados representan más recursos que el principal programa federal de combate a lapobreza, el programa Progresa/Oportunidades, cuyo presupuesto fue de 35 mil millones depesos para atender a cinco millones de familias. Esta situación se mantiene, ya queprácticamente los recursos federales no se han incrementado sustancialmente y parte de
 
éstos se canalizan a organizaciones para gubernamentales. (Bucio, 2007; Villalobos, 2007;Delgado, 2008; Ocejo y otros, 2009).Algo similar pasa con la inclusión de OSC en espacios de participación y deliberación alinterior de la administración pública federal. A pesar de que la implementación de consejosconsultivos y deliberativos en diversos campos es uno de los objetivos estratégicos del PlanNacional de Desarrollo, la inclusión de OSC en estos espacios es limitada, y los impactosde estas instancias también. En una investigación reciente Hevia, Vergara Lope y Ávila(2009) revisando 253 leyes, 131 reglas de operación, el portal de obligaciones detransparencia del IFAI y fuentes secundarias identificaron un total de 409 instanciaspúblicas de deliberación -instituciones colegiadas donde actores gubernamentales y nogubernamentales deliberan en el espacio público sobre diversos campos de políticassectoriales- de las cuales sólo 162 (el 31.7%) incluía la presencia de actores nogubernamentales. Luego de un análisis sobre el nivel de información pública y eldesempeño de estas instancias, los autores concluyen que estos espacios funcionan más omenos y sirven poco. Esto porque existe un desbalance entre eficiencia y legitimidad quedeviene en altos niveles de instancias no implementadas a pesar de existir en normaslegales (23.2% de las instancias identificadas no están implementadas en la realidad); ypresencia de instancias de participación “decorativas” (sin funciones ni atribuciones claras),y “tecnócratas” (con limitada representación de intereses). A esto se suma altos niveles deopacidad y baja articulación entre instancias locales, municipales, estatales y federales;bajos niveles de capacitación a los consejeros; desconocimiento de las funciones yatribuciones de los consejos y comités; pocos y débiles mecanismos de autorización; bajosniveles de rendición de cuentas; tendencia a la creación de instancias “de arriba haciaabajo”; y limitaciones en la autonomía de estas instancias.En este sentido, el argumento central de este documento es que el poco impacto de la LFF yla falta de una política auténtica de fomento se deben principalmente a la dificultad de losactores políticos y gubernamentales para definir, comprender e interactuar a lasorganizaciones de la sociedad civil como entidades de interés público, limitándolas adefinirlas, en el mejor de los casos, como organizaciones auxiliares del podergubernamental. Esta dificultad cognitiva/cultural redunda en diseños institucionaleslimitados, y representa, la condición política más urgente de superar para potenciar laparticipación efectiva de la ciudadanía en el espacio público estatal.
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