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KOINONEl Comunismo y el Destino del Ser
(1939/40)
por MARTÍN HEIDEGGER 
Introducción y traducción de Nicolás Alberto González Varela
 
INTRODUCCIÓNStalin-Heidegger-Marx
 por Nicolás Alberto González Varela
A modo de introducción
“Yo esperaba del Nacionalsocialismo una renovación espiritual de la vida entera, una conciliaciónde la lucha de clases y la salvación de la existencia occidental ante el peligro del Comunismo...”, asíle confesaba en una carta privada escrita en 1948 el filósofo más importante del siglo XX, MartinHeidegger, a otro filósofo, discípulo y ex ayudante suyo, Herbert Marcuse. Toda su analítica de laexistencia desembocó en esperar una renovación del Espíritu alemán de las manos de Adolf Hitler.¿Puede un vulgar acto de adhesión política transformarse en un gesto filosófico? Sin dudas. Se hadebatido en extensión e intensidad el compromiso personal del filósofo o si éste no es más que unaderiva natural de su propia filosofía. El
 Fall-Heidegger 
, el archiremanido debate sobre su relacióncon Hitler y el nacionalsocialismo, se ha transformado en un interminable debate desde 1945.Se puede sostener la peregrina idea, como lo hacen los heideggerianos franceses (como Aubenque)y los hagiógrafos alemanes (como Pöggeler), que la obra de Heidegger no produjo, ni siquieramediatamente, ningún germen de filosofía práctica o filosofía política pura y que, sin embargo,dentro de los diferentes estadios evolutivos, su magno
 Denkweg 
oficial, fue siempre un filósofo profesional políticamente comprometido con la coyuntura de su tiempo según los parámetros de losuniversitarios en la época de Weimar. La relación de Heidegger con el mundo histórico se reduciríaa intereses puramente corporativos universitarios locales de Freiburg y poco más. La torpeza en la política pedestre, “no sirvo para la política” como le confesaba con candor a su ex amante HannaArendt, magnificaría por contraste al maestro de Messkirch enzarzado con pensar el Ser milenario.Con esta operación hermenéutica, muy sofisticada por cierto, sus trabajos filosóficos más abstractosestaan impregnados de manifestaciones y posiciones con respecto a lo potico (los
heideggeriannes
no pueden eliminar sus textos y proclamas) pero esta espuria del mundo lógicosobre su obra sería esencialmente periférica al
 Kern
, al núcleo más puro de su pensar.La proximidad, incluso léxica, al universo ideológico
Völkische
o al
 Nationalbolschewismus
delmovimiento alemán tendría referencia no tanto a las orientaciones fundamentales que Heidegger leimprimió a su intento de “abrir brecha” en la historia acontecida desde la aparición de
Sein und Zeit 
,sino a una suerte de enredos. Heidegger, como Thales, por observar con claridad la luz del Ser sehabría caído en el terrestre pozo de la política de Weimar. Simplemente se habría metido encompromisos en los cuales el filósofo “carne-y-hueso” arrastró al filósofo “guardián-del-ser”.La obra filosófica de Heidegger sería así apolítica por definición, y es justamente este apoliticismovisceral lo que la hace negativamente responsable de la serie de traspiés políticos del Heidegger humano, demasiado humano, cuyas ideas y visión del mundo en 1933 se deben a la psicología de lafrustración, a la geografía o al resentimiento provinciano o a cualquier cosa (sigo la hermenéuticade la inocencia de Aubenque, Derrida, Lacoue-Labarthé y Palmier,). La síntesis de todos losargumentos sería más o menos la siguiente: en su confusión por re-encontrar el verdadero destino deOccidente, en una época de crisis personal profunda, donde se estaba extinguiendo el Heidegger 
christlicher Theologe
y coincidiendo con el derrumbe de la república de Weimar, al profesor  pequeño burgués pobre de provincias el ascenso del nacionalsocialismo “se le vino encima” comohipercontextualiza sin ruborizarse el hagiógrafo Otto Pöggeler. Pese a toda su miopía política, laontología de Heidegger, en sus preguntas esenciales, habría cruzado incólume el “Mar de los
 
Sargazos” de la experiencia nacionalsocialista, incluso habría tenido energía oculta para realizar unaferoz crítica desde 1934, lo que demostraría, en negativo, que existía
in nuce
en la filosofía deHeidegger una posibilidad real de “uso” político (que contradice todas las propias premisas de losheideggerianos).Pero las ideas centrales de su filosofía no habrían sufrido mella post o ex-ante de 1933, no habríansido la causa esencial o eficiente, de las debilidades psicológicas, de la “ataraxia” del hombreMartin Heidegger, uno más de los miles de alemanes confundidos y arrastrados en el torbellino político del ascenso meteórico del NSDAP, como piadosamente Pierre Aubenque nos recuerda. Alfinalizar esta manipulación interpretativa se reconoce que la ontología heideggeriana efectivamentese estacionó en la vecindad de la política, o sea: Heidegger mismo “urbanizó” su provincia del ser altrasladar categorías de
Sein und Zeit 
al campo político, pero todo ello se realizó sin sufrir “afinidades electivas”, sin ser su “soporte” al NS-Staat motivo de sospecha ni recoger en su seno“prejuicios” de la empiria política. En suma: no sería posible encontrar ningún punto de partidafirme para la solución de problemas de una agenda de filosofía práctica en 1933, ni siquiera algúncriterio utilizable para guiar en la práctica o ponderar la toma de decisión de un compromiso político resuelto, según Aubenque.Sólo se concede la posibilidad de preguntar, en la dimensión de lo político, utilizando la cuestión dela
Technik 
, por lo que el pensamiento heideggeriano podría converger elípticamente con lascuestiones candentes de la historia universal, pero su relación es inesencial a ella y al reino de la política. La obvia conclusión es que es imposible que la ontología heideggeriana pudiera “orientar”o colaborar en la toma de decisión política al Martin Heidegger mortal entre las tendencias políticasoscuras y confusas de la Alemania de los años ’20, y menos de manera “ideológico-crítica”.Al no existir posibilidad de encontrar un esbozo de filosofía práctica en la filosofía de Heidegger, nisiquiera en estado latente, es improbable que el año 1933, el
 Jahre der Entscheidung 
, el año de ladecisión según lo bautizó Spengler, se haya podido relacionar esencialmente al
 Kern
, al núcleocentral de su
 Denkweg 
. Esta rigurosa y autoritaria concepción de la no unidad entre obra y autor,donde el contenido de verdad de una corpus filosófico no tiene que reflejarse necesariamente en lamentalidad y en la ética de la vida del filósofo, entre pensamiento y mundo histórico (escisión quenegaba ¡el propio Heidegger!) exacerba y agudiza de tal forma la autonomía “débil” de la filosofía,que cualquier comportamiento o acción en el ámbito de lo político, de por sí despreciable y relegadaa mera nota biográfica, no puede arrojar ningún cono de sombra sobre su opus magnum o ser utilizado como via regia para nuevas lecturas interpretativas. Dicho secamente: no puededesacreditarse, al realizar la conexión entre política y filosofía, la ontología heideggeriana, nininguna otra, poniéndola a trasluz con asuntos que resultan, por definición, “externos”, como lo esuna decisión resuelta en política. A lo sumo se reconoce que Heidegger tuvo que “distorsionar”, lafamosa inflamación e inflación repentina de la palabra
Geist 
en el estudio de Derrida, su filosofía pre-1933 para poder 
aggiornarse
con el universo léxico del NSDAP. Esta distorsión fue producida por elementos absorbidos de la cosmovisión de su época, y tanto la caución con respecto alnacionalsocialismo como el gesto metafísico se remitirían a medios retóricos de expresión o la
Weltanschauung 
nihilista o la ideología de mandarines “apolíticos” del universitario alemán.Todo este fantástico proceso, que finalmente conlleva a una incoherencia terminológica, un “ajustede cuentas verbal” (Derrida) que finalizará en 1935 con la lección Introducción a la Metafísica,concluirá en una retirada de su corto compromiso político y punto de inicio de la fantástica
 geistigeWiderstand 
, la “resistencia espiritual” contra el NS-Staat, como la bautizó su hijo Hermann.A estas alturas de la historia de la crítica y la exégesis estas brillantes piezas de sofística quedanobsoletas y ridículas. Y se debe al trabajo en el desierto y contra corriente del filósofo chileno

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