Sargazos” de la experiencia nacionalsocialista, incluso habría tenido energía oculta para realizar unaferoz crítica desde 1934, lo que demostraría, en negativo, que existía
in nuce
en la filosofía deHeidegger una posibilidad real de “uso” político (que contradice todas las propias premisas de losheideggerianos).Pero las ideas centrales de su filosofía no habrían sufrido mella post o ex-ante de 1933, no habríansido la causa esencial o eficiente, de las debilidades psicológicas, de la “ataraxia” del hombreMartin Heidegger, uno más de los miles de alemanes confundidos y arrastrados en el torbellino político del ascenso meteórico del NSDAP, como piadosamente Pierre Aubenque nos recuerda. Alfinalizar esta manipulación interpretativa se reconoce que la ontología heideggeriana efectivamentese estacionó en la vecindad de la política, o sea: Heidegger mismo “urbanizó” su provincia del ser altrasladar categorías de
Sein und Zeit
al campo político, pero todo ello se realizó sin sufrir “afinidades electivas”, sin ser su “soporte” al NS-Staat motivo de sospecha ni recoger en su seno“prejuicios” de la empiria política. En suma: no sería posible encontrar ningún punto de partidafirme para la solución de problemas de una agenda de filosofía práctica en 1933, ni siquiera algúncriterio utilizable para guiar en la práctica o ponderar la toma de decisión de un compromiso político resuelto, según Aubenque.Sólo se concede la posibilidad de preguntar, en la dimensión de lo político, utilizando la cuestión dela
Technik
, por lo que el pensamiento heideggeriano podría converger elípticamente con lascuestiones candentes de la historia universal, pero su relación es inesencial a ella y al reino de la política. La obvia conclusión es que es imposible que la ontología heideggeriana pudiera “orientar”o colaborar en la toma de decisión política al Martin Heidegger mortal entre las tendencias políticasoscuras y confusas de la Alemania de los años ’20, y menos de manera “ideológico-crítica”.Al no existir posibilidad de encontrar un esbozo de filosofía práctica en la filosofía de Heidegger, nisiquiera en estado latente, es improbable que el año 1933, el
Jahre der Entscheidung
, el año de ladecisión según lo bautizó Spengler, se haya podido relacionar esencialmente al
Kern
, al núcleocentral de su
Denkweg
. Esta rigurosa y autoritaria concepción de la no unidad entre obra y autor,donde el contenido de verdad de una corpus filosófico no tiene que reflejarse necesariamente en lamentalidad y en la ética de la vida del filósofo, entre pensamiento y mundo histórico (escisión quenegaba ¡el propio Heidegger!) exacerba y agudiza de tal forma la autonomía “débil” de la filosofía,que cualquier comportamiento o acción en el ámbito de lo político, de por sí despreciable y relegadaa mera nota biográfica, no puede arrojar ningún cono de sombra sobre su opus magnum o ser utilizado como via regia para nuevas lecturas interpretativas. Dicho secamente: no puededesacreditarse, al realizar la conexión entre política y filosofía, la ontología heideggeriana, nininguna otra, poniéndola a trasluz con asuntos que resultan, por definición, “externos”, como lo esuna decisión resuelta en política. A lo sumo se reconoce que Heidegger tuvo que “distorsionar”, lafamosa inflamación e inflación repentina de la palabra
Geist
en el estudio de Derrida, su filosofía pre-1933 para poder
aggiornarse
con el universo léxico del NSDAP. Esta distorsión fue producida por elementos absorbidos de la cosmovisión de su época, y tanto la caución con respecto alnacionalsocialismo como el gesto metafísico se remitirían a medios retóricos de expresión o la
Weltanschauung
nihilista o la ideología de mandarines “apolíticos” del universitario alemán.Todo este fantástico proceso, que finalmente conlleva a una incoherencia terminológica, un “ajustede cuentas verbal” (Derrida) que finalizará en 1935 con la lección Introducción a la Metafísica,concluirá en una retirada de su corto compromiso político y punto de inicio de la fantástica
geistigeWiderstand
, la “resistencia espiritual” contra el NS-Staat, como la bautizó su hijo Hermann.A estas alturas de la historia de la crítica y la exégesis estas brillantes piezas de sofística quedanobsoletas y ridículas. Y se debe al trabajo en el desierto y contra corriente del filósofo chileno
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