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HISTORIA HOSPITALES EXTREMADURA

HISTORIA HOSPITALES EXTREMADURA

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Published by: Antonio Blazquez Martin on Jun 25, 2009
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HOSPITALES DE EXTREMADURA ANTERIORES AL SIGLO XIX
María Victoria Rodríguez MateosCáceres, 28 de abril de 2009En la actualidad los hospitales son exclusivamente los establecimientos en losque se acogen, cuidan y tratan personas enfermas, pero en sus primeros tiempos el con-cepto de hospital abarcaba una realidad mucho más amplia, estando su función más di-rectamente relacionada con la etimología de la palabra que servía para nombrarlo, puesera el lugar en el que se practicaba la hospitalidad, es decir, en el que se acogía y atendíade forma gratuita a quien lo necesitaba, fuese enfermo, pobre o transeúnte. Este concep-to se prolongó en el tiempo hasta muy avanzada la Edad Moderna, no ocurriendo unaverdadera orientación hacia tareas estrictamente sanitarias hasta el siglo XVIII, quedan-do el término hospital limitado a designar los establecimientos en los cuales se atendíanenfermos con la intención de tratarles de sus enfermedades, mientras que aquellos en losque se acogían pobres y transeúntes sanos empiezan a conocerse como asilos o alber-gues.En Extremadura tenemos uno de los primeros hospitales occidentales del que seconoce con certeza su existencia. Se trata del xenodoquio fundado en Mérida por elobispo Masona a finales del siglo VI (del que una cuidadosa excavación ha sacado a laluz sus cimientos), que se destinó al alojamiento de peregrinos y a la curación de enfer-mos tanto emeritenses como forasteros, fuera cual fuera su condición o su religión ocreencias. Aunque no se conoce con certeza hasta cuando estuvo en funcionamiento,algunos autores suponen que su actividad terminaría con la invasión árabe de Mérida,ocurrida en el año 713.Ya durante la Edad Media la mayoría de los pueblos y ciudades de Extremaduracontó al menos con un hospital -casi siempre modesto y de reducida capacidad-, en elque se desarrollaba una escasa actividad sanitaria, y si se acogían enfermos era más porsu condición de pobres que de dolientes. Lo más común es que se destinaran tanto a
 
2hombres como a mujeres, aunque en algunos lugares, sobre todo en los de mayor pobla-ción, existían establecimientos independientes para uno y otro sexo. Los dedicados a lasmujeres fueron mucho menos numerosos, de menor capacidad y peor dotados que los delos hombres, y cuando en un mismo establecimiento se acogían hombres y mujeres, elnúmero de camas reservadas a éstas era mucho menor que el de las destinadas a loshombres.En la Edad Media también se crearon en Extremadura algunos lazaretos en losque se recluía a los afectados por la lepra (en Fuente del Maestre, Jerez de los Caballe-ros, Llerena, Mérida, Plasencia y Trujillo). Cuando la incidencia de esta enfermedaddisminuyó hasta casi desaparecer, los edificios que se habían destinado a esta función entiempos anteriores se utilizaron en ocasiones para alojar a transeúntes, aunque lo máscomún es que lo único que permaneciera en funcionamiento fuera la ermita que habíaformado parte de la leprosería y a su lado una casa en la que vivía el santero encargadode su cuidado.A lo largo de la Edad Moderna comenzó a producirse en los hospitales una pro-gresiva dedicación a actividades más propiamente sanitarias, creándose centros dedica-dos fundamentalmente a la atención de los enfermos, aunque sus puertas estuvieranabiertas también a pobres y transeúntes sanos, mientras que en los que antes sólo seacogían pobres se comenzaron a dedicar parte de sus instalaciones a enfermerías. Juntoa ellos siguieron funcionando establecimientos cuya misión era exclusivamente dar co-bijo por una o dos noches a los numerosos transeúntes y peregrinos que deambulabanpor los caminos de la región. En una situación intermedia entre unos y otros se encon-traban los hospitales de convalecientes, en los que se acogían aquellos individuos que,aunque curados de sus enfermedades, aún necesitaban un lugar en el que fueran cuida-dos para evitar recaídas.El ejemplo más representativo de hospital destinado a enfermos, es el de SanJuan Bautista de Guadalupe, que fue creado por el prior del monasterio don ToribioFernández de Mena a mediados del siglo XIV y levantado de nueva planta a principiosdel XV. Fue sin duda el más importante hospital de enfermos de la región, tanto por lacategoría profesional de los médicos y cirujanos que lo atendían, como por la calidad dela asistencia que se prestaba, sin olvidar su importante función como centro de enseñan-za de medicina y cirugía. Se destinó exclusivamente a hombres enfermos y disponía deunas instalaciones independientes para el tratamiento de la sífilis.
 
3Otro ejemplo interesante de hospital destinado a enfermos es el de San Sebastiánde Badajoz, mucho más tardío, pues fue fundado por el capitán don Sebastián Monterode Espinosa en su testamento de 1639, aunque no comenzó a funcionar hasta finales deese siglo. En principio sólo era para hombres, pero desde la creación en 1743 de la obrapía de don Juan Vázquez Morcillo también se destinó a mujeres. Se unió al HospicioReal a finales del XVIII, y desde mediados del XIX compartieron edificio bajo la tutelay administración de la Diputación Provincial.En cuanto a hospitales destinados a pobres y transeúntes, se puede citar el deSanta María o de San Juan de Dios de Mérida, que comenzó a funcionar en el siglo XVbajo la tutela del concejo y de la parroquia de Santa María. Posteriormente se ampliópara atender también a enfermos de ambos sexos, y desde el siglo XVII, cuando sehicieron cargo de él los hermanos de San Juan de Dios, hasta el XIX sólo a hombres,manteniéndose en activo hasta la apertura del hospital comarcal del Insalud en 1981.También en Mérida se encuentra uno de los pocos hospitales extremeños desti-nados en exclusiva al cuidado de convalecientes. Se trata del hospital de Jesús Nazare-no, que se levantó en en siglo XVIII por la orden de este nombre para atender a los con-valecientes del hospital de San Juan de Dios, aunque desde mediados del siglo XIXcambió su función y pasó a acoger a los enfermos mentales de la provincia de Badajoz.Este cambio de orientación funcional dio lugar a numerosas transformaciones enel funcionamiento de los hospitales, como la contratación de profesionales sanitarioscomo parte de su personal habitual o la ampliación de la duración de las estancias de lospobres, que pasaron de tener limitada su permanencia en ellos entre uno y tres días aprolongarla tanto como fuera necesario para recuperarse de su enfermedad.A pesar de ello, y debido a la gran influencia de la religión en la sociedad de laépoca, en todos los establecimientos siguió manteniéndose la costumbre medieval deprestar más atención a la salud del alma que a la del cuerpo, existiendo numerosas leyesy normas que obligaban a médicos y hospitales a no tratar ni admitir enfermos si pre-viamente no se habían confesado y comulgado, además de ser obligatoria la asistencia amisa y a los distintos oficios religiosos mientras permanecieran ingresados.Durante los siglos XVI y XVII las instituciones hospitalarias, además de su fun-ción asilar o sanitaria, tenían también en muchas ocasiones una intencionalidad rehabili-tadora, en el sentido de que algunos de los individuos acogidos en ellas, debido a suconducta alejada de los preceptos de la religión católica, necesitaban -según los criterios

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