3Otro ejemplo interesante de hospital destinado a enfermos es el de San Sebastiánde Badajoz, mucho más tardío, pues fue fundado por el capitán don Sebastián Monterode Espinosa en su testamento de 1639, aunque no comenzó a funcionar hasta finales deese siglo. En principio sólo era para hombres, pero desde la creación en 1743 de la obrapía de don Juan Vázquez Morcillo también se destinó a mujeres. Se unió al HospicioReal a finales del XVIII, y desde mediados del XIX compartieron edificio bajo la tutelay administración de la Diputación Provincial.En cuanto a hospitales destinados a pobres y transeúntes, se puede citar el deSanta María o de San Juan de Dios de Mérida, que comenzó a funcionar en el siglo XVbajo la tutela del concejo y de la parroquia de Santa María. Posteriormente se ampliópara atender también a enfermos de ambos sexos, y desde el siglo XVII, cuando sehicieron cargo de él los hermanos de San Juan de Dios, hasta el XIX sólo a hombres,manteniéndose en activo hasta la apertura del hospital comarcal del Insalud en 1981.También en Mérida se encuentra uno de los pocos hospitales extremeños desti-nados en exclusiva al cuidado de convalecientes. Se trata del hospital de Jesús Nazare-no, que se levantó en en siglo XVIII por la orden de este nombre para atender a los con-valecientes del hospital de San Juan de Dios, aunque desde mediados del siglo XIXcambió su función y pasó a acoger a los enfermos mentales de la provincia de Badajoz.Este cambio de orientación funcional dio lugar a numerosas transformaciones enel funcionamiento de los hospitales, como la contratación de profesionales sanitarioscomo parte de su personal habitual o la ampliación de la duración de las estancias de lospobres, que pasaron de tener limitada su permanencia en ellos entre uno y tres días aprolongarla tanto como fuera necesario para recuperarse de su enfermedad.A pesar de ello, y debido a la gran influencia de la religión en la sociedad de laépoca, en todos los establecimientos siguió manteniéndose la costumbre medieval deprestar más atención a la salud del alma que a la del cuerpo, existiendo numerosas leyesy normas que obligaban a médicos y hospitales a no tratar ni admitir enfermos si pre-viamente no se habían confesado y comulgado, además de ser obligatoria la asistencia amisa y a los distintos oficios religiosos mientras permanecieran ingresados.Durante los siglos XVI y XVII las instituciones hospitalarias, además de su fun-ción asilar o sanitaria, tenían también en muchas ocasiones una intencionalidad rehabili-tadora, en el sentido de que algunos de los individuos acogidos en ellas, debido a suconducta alejada de los preceptos de la religión católica, necesitaban -según los criterios
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