Remataba en su cara principal conepisodios de la vida de la Virgen yángeles en sus pináculos, y cerraba enla zona inferior con una predela conescenas de la infancia de Cristoalternando con figuras de profetas. Ensu cara posterior se representabanveintiséis episodios de la vida de Cristoy en la predela otros nueve. Esteconjunto ambicioso, que se colocó enel Duomo con gran magnificencia, sedesmontó en el siglo XVIII,dispersándose algunas de sus tablas.BELLOSI, L.:
Duccio. La Maestà
. Milán,1988.BOSCOVITS, M.:
The Thyssen-Bornemisza Collection. Early ItalianPainting. 1290-1470
. Londres, 1990.DEUCHLER, F.:
Duccio
. Milán, 1984.STUBBLEBINE, J. H.:
Duccio di Buoninsegna and his School.
2 vols.,Princeton, 1979.A lo largo de los siglos XIV y XV, lapintura italiana sufrió unatransformación gradual que la llevó aalejarse de los postulados bizantinospara adentrarse y explorar otrasfórmulas de figuración que llegarían asu culminación a principios del sigloXVI. Parte de esta transformación sedebe a dos figuras que trabajaron en laToscana: Giotto, en Florencia y Duccio,en Siena. Ambos rompieron con losesquematismos y limitacionesformalistas de la pintura bizantinaabriendo paso a una nueva época. Elcambio revolucionario operado por estos artistas en conjuntos como las
capillas Bardi
y
Peruzzi
de Giotto enSanta Croce, Florencia, o la
Maestà
deDuccio en el Duomo de Siena,descubrió las vías para asentar unproceso que estuvo, desde entonces,en continua evolución.Dotar a las composiciones de unsentido narrativo, situar los distintoselementos que constituían estacomposición en espacios queresultasen reales, así como una vueltaa la imitación de la naturaleza comofuente de inspiración, fueron lasnovedades que estos pintoresconsiguieron introducir y transmitir modificando con ello las bases en lasque se asentaba la pintura.
Cristo y la Samaritana,
una de lastablas que formó parte, en su caraposterior, de la predela del conjuntomonumental de la
Maestà,
contienealgunas de estas innovaciones. Duccio,valiéndose de la arquitectura y de unasrocas, elementos estos entre los queencuadra la escena, se esfuerza por narrar un episodio recogido en elEvangelio de san Juan. Este pasaje,según el Nuevo Testamento, tienelugar en la ciudad de Samaria llamadaSicar, representada a la derecha. Por su puerta asoman, agolpándose, cincode los discípulos con las provisiones ensus ropas. Jesús, sentado en el pozode Jacob, habla con la Samaritana,diálogo que Duccio interpreta medianteel juego gestual de las manos. En lapintura observamos una detalladapuesta en escena del relato y elempeño por situarlo en un fondo queempieza a tener profundidad espacial:el pozo con sus escalones, larepresentación de Sicar, el caminoempedrado que conduce desde laciudad al pozo, o la posición delcántaro en la cabeza de la Samaritanahan roto los lazos formalistasbizantinos. En esta composiciónsencilla, pero efectiva, las figuras,elegantes y refinadas, mantienen unarelación con su entorno a la vez queadquieren peso y volumen. En cuantoal oro, que sigue sirviendo de fondo, seextiende, pero ya con un carácter decorativo, a la túnica y manto deCristo perfilando las telas. Lamodulación de los tonos y lacombinación elegante de los colorestienen en la obra de Duccio una marcapersonal. Sus figuras, realizadas conuna contraposición delicada de luces ysombras, brillos y tonos saturados, nosintroducen en unas variacionescromáticas nuevas. Basta mirar laestilizada figura de la Samaritana o lagama de colores seleccionada en las
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