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NUESTRA GUERRA QUÍMICA- Jorge Rulli

NUESTRA GUERRA QUÍMICA- Jorge Rulli

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Published by Ramón Rodolfo Copa
Hoy, cuando el mundo entero se conmueve por las atrocidades de la guerra química y cuando el mayor esfuerzo internacional se destina a impedir el ataque norteamericano a Siria y probablemente la guerra que ello pueda provocar y que alcanzaría límites insospechados, nosotros queremos recordar que la Argentina, vive desde hace muchos años, su propia y vernácula guerra química, con aproximadamente unos 300 millones de litros de tóxicos que son arrojados cada año sobre sus poblaciones y su territorio, con la aprobación de la propia clase dirigente y con el respaldo de Corporaciones como Monsanto y como Syngenta. En nombre del Progreso y del Crecimiento, y para lograr cada vez mayores rindes en la agricultura y aumentar las exportaciones, somos permanentemente bombardeados con venenos de todo tipo y a diferencia de los conflictos bélicos reconocidos, pareciera que, carecemos del reconocimiento mínimo que les cabe a las víctimas que son objeto de los llamados daños colaterales en las guerras modernas.
Hoy, cuando el mundo entero se conmueve por las atrocidades de la guerra química y cuando el mayor esfuerzo internacional se destina a impedir el ataque norteamericano a Siria y probablemente la guerra que ello pueda provocar y que alcanzaría límites insospechados, nosotros queremos recordar que la Argentina, vive desde hace muchos años, su propia y vernácula guerra química, con aproximadamente unos 300 millones de litros de tóxicos que son arrojados cada año sobre sus poblaciones y su territorio, con la aprobación de la propia clase dirigente y con el respaldo de Corporaciones como Monsanto y como Syngenta. En nombre del Progreso y del Crecimiento, y para lograr cada vez mayores rindes en la agricultura y aumentar las exportaciones, somos permanentemente bombardeados con venenos de todo tipo y a diferencia de los conflictos bélicos reconocidos, pareciera que, carecemos del reconocimiento mínimo que les cabe a las víctimas que son objeto de los llamados daños colaterales en las guerras modernas.

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NUESTRA GUERRAQUÍMICA
EL GENOCIDIO ARGENTINO
A finales del año 2006, en el prólogo al primer informe sobre Pueblos Fumigados que entregamos
alguna vez y con prioridad, en el despacho de la Presidencia de la República, decíamos: “La
creciente expansión de los monocultivos de soja RR ha barrido con los cinturones verdes demorigeración de los impactos, que rodeaban los pueblos. Estos corredores estaban generalmenteconstituidos por montes frutales, criaderos de animales pequeños, tambos y chacras de pequeñosagricultores. Ahora los monocultivos llegan a las primeras calles de las localidades y lasaerofumigaciones impactan en forma directa e inmisericorde sobre las poblaciones. Las máquinasfumigadoras se guardan y se lavan dentro de las zonas urbanas contraviniendo toda norma deprevención, los aerofumigadores suelen decolar de los aeroclubes de las propias localidades ycruzan los pueblos chorreando venenos cuando se dirigen o cuando retornan de sus objetivos sinque la autoridad municipal lo impida. Los granos se almacenan por razones de comodidad de lossojeros, en enormes silos ubicados generalmente en zonas céntricas de los pueblos, y diseminancon el venteo de los granos partículas tóxicas que afectan el corazón de las pequeñasurbanizaciones. Caravanas de miles y miles de camiones cargados de porotos cruzan los pueblosribereños hacia los puertos, dejando a su paso regueros de muerte en las poblaciones que viven a
orillas de las rutas”.
 
 
Luego continuábamos: “La agricultura industrial de la soja es sinónimo de desmontes, degradación
de suelos, contaminación generalizada, degradación del medio, destrucción de la Biodiversidad yexpulsión de poblaciones rurales. Sin embargo, puede haber consecuencias aún mucho máshorrendas. Creemos haber descubierto a partir del caso de las madres del barrio Ituzaingo, loselementos necesarios para confirmar una vasta operatoria de contaminación sobre miles depoblados pequeños y medianos de la Argentina. Se esta configurando una catástrofe sanitaria deenvergadura tal, que nos motiva a imaginar un genocidio impulsado por las políticas de las grandescorporaciones y que solo los enormes intereses en juego y la sorprendente ignorancia de la clasepolítica logran mantener asordinado. El cáncer se ha convertido en una epidemia masiva ygeneralizada en miles y miles de localidades argentinas y el responsable es sin lugar a dudas el
modelo rural”.
 
“Las anécdotas de tanto dolor que hemos recogido en estos días superan la capacidad en nosotros
de registrar tanto sufrimiento. En un momento dado renuncié a visitar a una enferma de ELA a queme invitaban sus hijos hombres que la cuidan amorosamente. El ELA es una esclerosis lateralamiotrófica, una enfermedad neuromuscular progresiva similar a la que sufre el científico StephenHawking, afección de la que los familiares insistían en responsabilizar a las fumigaciones habidasaños atrás, cuando comenzó en la zona el boom de la Soja. Este tipo de males y otros quereconocimos en la zona, responden sin duda, a un hábitat enfermo, un hábitat en que debido a lasfumigaciones, es decir, a los tóxicos y disruptores hormonales que se asperjan continuamente,causa el desplome de los sistemas inmunitarios de la población, a la vez que genera en losecosistemas microbianos, desequilibrios y disturbios que propician la generación de patógenos y la
multiplicación de elementos de descomposición incompleta en el suelo”.
 
“Aceptemos que no puede haber una población sana en un hábitat enfermo, un hábitat en que el
hombre vive sobre un suelo donde las colonias de bacterias con capacidad de humificar, o sea dedigerir e incorporar, los restos orgánicos, tanto animales como vegetales, están seriamentedisminuidas; donde la tierra está contaminada y las lombrices han desaparecido. La erisipela yotras infecciones que pudimos comprobar en el entorno humano, las neumonías, los problemasoculares, las diarreas intestinales, así como los casos de espina bífida de que nos hablaron, y engeneral las malformaciones congénitas en niños que se han convertido en una pesadilla, son porello la consecuencia directa o indirecta de las fumigaciones y por lo tanto del modelo industrial dela Soja, no importa cuál haya sido la causa desencadenante de la patología visible. Los procesos deputrefacción incompletos del suelo, resultado de los desequilibrios profundos en la química y en lavida microbiana, y consecuencias de la contaminación, son generadores de complejos procesos demuerte, y atentan en forma persistente contra la vida del ecosistema en todas sus
manifestaciones”. Repetimos, dijimos esto en el 2006 y además, se lo
informamos a las máximasautoridades del Gobierno. No pueden decir que no lo sabían.Algo más tarde, en febrero del 2007, desde los micrófonos de la Radio Nacional y a propósito deun viaje que realizáramos por las localidades del sur de la Provincia de E
ntre Ríos, decíamos: “Y
como si algo faltara para consumar estas batallas cósmicas del GRR en que sólo nos falta elarcángel justiciero para ayudar a que acosada por los procesos de muerte y de devastación logre
 
sobrevivir la vida, debemos decir que en medio de tanto dolor y de tanto capitalismo salvaje yglobalizado, reencontramos nada menos que a uno de los exponentes más crueles y aprovechadosdel modelo de la Soja: me refiero a nuestro viejo conocido Gustavo Grobocopatel. Sí,Grobocopatel, el dueño de la empresa Los Grobo, el sojero mayor de la Republiqueta, aquel queorganizara en Venezuela junto con el Ingeniero Carlos Cheppi, Presidente del INTA, la exposiciónde maquinaria agrícola conque pagamos los primeros fuel oil que nos enviara el presidenteChávez, el mismo que una vez nos interrumpiera un debate en Carlos Casares gritándonos que laSoja es bolivariana, y que resultó ser el dueño de uno de los pooles de soja mayores de esa zonadel departamento de Concepción del Uruguay. Sus flotas de centenares de camiones se llevan encada cosecha la riqueza y los nutrientes del suelo entrerriano, para sus inmensos silos en laProvincia de Buenos Aires y luego de marcar las pautas de la agricultura industrial que, conescarnio para nuestra inteligencia, él gus
ta denominar como “el poder del conocimiento”, dejadetrás de sí un escenario inenarrable de contaminación, de devastación y de muerte”.
 
Y continuábamos diciendo en nuestro Editorial: “Los sojeros, los pooles y los políticos que los
respaldan y les aseguran las reglas de juego, han transformado a esos pequeños pueblosantiguamente paradisíacos en un infierno difícil de describir. Han condenado a la vez, a laspoblaciones y en especial a las generaciones futuras a un destino pavoroso. No tienen justificaciónalguna. No tienen perdón tampoco las autoridades y los funcionarios en su actual indiferencia, enla impunidad que les aseguran a los fumigadores y en la rentabilidad que le aseguran a lasCorporaciones que producen los tóxicos. No tiene justificación ni perdón la progresía en eseentusiasmo por transformarnos en un país productor de Biocombustibles, en que todos y cada uno
de los actuales problemas, habrá de multiplicarse exponencialmente hasta lo impensable…”
 En junio del 2009, insistíamos en carta ante
la Presidencia diciendo: “Señora Presidente, conforme
usted seguramente habrá tomado conocimiento a través de los diversos medios públicos de laArgentina, en los últimos tiempos han trascendido serios cuestionamientos en relación con laaprobación de los agrotóxicos que se vienen utilizando en la producción agrícola de nuestro país.Nuestras voces de alarma respecto a estos hechos se han anticipado en años a estoscuestionamientos actuales, tanto como GRR, y ello consta en nuestra propia página Web, comoparticularmente lo he venido haciendo desde el Programa Horizonte Sur que conduzco en RadioNacional AM los días Domingos a las once horas. Lamentablemente, nuestras voces se han vistotristemente corroboradas en los actuales momentos, por la opinión de expertos, los que, conhonestidad y valentía, han puesto las cosas en claro en punto a denunciar que muchas de lassustancias agrotóxicas se habrían aprobado de un modo al menos temerario, sin las suficientescomprobaciones necesarias para resguardar de forma conveniente y segura las salud de laspoblaciones que, durante años fueron expuestas a estos venenos, así como de los diversosecosistemas que dan sustento a la vida en sentido integral. Todo ello consta asimismo en elINFORME SOBRE PUEBLOS FUMIGADOS que le hiciéramos llegar oportunamente y que, puedehallarse en la página Web del GRR. Que, deseo recordar a usted, que, estos procesos que mepermitiría considerar como de irregular aprobación, han sido realizados en la órbita del ServicioNacional de Sanidad
y Calidad Agroalimentaria, SENASA”.
 

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