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Adolf Exeler - Fe y palabra. Por una teología del pueblo

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ADOLF EXELER 
 
FE Y PALABRA. POR UNA «TEOLOGÍA DELPUEBLO»
 
Vom sprachmächtigen Glauben zur "Theologie des Volkes",
Diakonia, 9 (1978) 384-393
CRISIS DEL LENGUAJE RELIGIOSO
 La fe es algo que se debe vivir y algo que se debe también confesar: una fe viva es unafe reflexionada y transformada también en lenguaje. El testimonio de la fe se da no sólocon hechos, sino también con palabras.Ahora bien, se constata hoy una notable crisis en el lenguaje religioso. Es cierto quemucha gente posee conocimientos religiosos y tiene también un cierto dominio sobreexpresiones del contenido o él sentido de la fe cristiana. Pero no es menos cierto que esincapaz de relacionar estas expresiones con las que hablan del significado del mundo yde la vida, tanto a un nivel personal como general. Parece, pues, que es tarea urgente delas iglesias el crear estas posibilidades de expresión y mostrar al mismo tiempo sulegitimidad.De hecho, mucha gente conoce el lenguaje oficial de la fe, pero es un lenguaje que no seha hecho propio, y del que se dispone como de una lengua extranjera aprendidadeficientemente: se extiende algo, pero apenas se habla. Y esta incapacidad de la fe deexpresarse en palabras tiene muy variadas formas: entre amigos, o incluso en unmatrimonio, muy raramente la fe se hace palabra. Y la creciente privatización de la feen nuestra sociedad amenaza con agravar este problema.
La necesidad de la expresión
 Sabemos por la psicoterapia cuán sano (y necesario) puede llegar a ser para el hombre elexpresarse. Para la humanidad del hombre la expresión posee un sentido decisivo, puessin ella el hombre no puede crecer en humanidad: es incapaz de relacionarsesocialmente.Si la fe ha de producir un efecto liberador sobre la vida humana es preciso que la fe setransforme en palabra: ante Dios (la plegaria personal, la liturgia) y entre los hombres.Quien permanece mudo en la fe, la pone en peligro. Es cierto que la realización de la fees mucho más que la verbalización, pero debe incluir también la posibilidad de dichaverbalización. La frase de Mt 12, 34 "de lo que rebosa el corazón habla la boca" pareceincluir que aquello de lo que soy incapaz de hablar difícilmente llenará mi corazón,difícilmente será clara posesión mía.
Los "profesionales" tutelares
  No se puede decir que nuestra iglesia sea muda: no faltan manifestaciones de las jerarquías ni de los teólogos. Pero los que hablan son generalmente los "profesionales";
 
ADOLF EXELER 
 los otros permanecen por lo general mudos. No estaría mal todo esto si los que hablan lohiciesen al menos de lo que interesa a los demás. Pero uno no puede quitarse laimpresión de que hablan demasiado teóricamente y sin que afecte al corazón. DorotheeSölle podría tener razón cuando ve en la riqueza de palabras de los "profesionales" unacausa que contribuye al enmudecimiento de los demás.Por lo demás, la forma habitual del lenguaje en la iglesia ya no tiene gancho: niinterpela, ni provoca resonancias vitales. Muchos de los oyentes no llegan jamás a tener la impresión de que lo que se dice en la iglesia podría ayudarles a interpretar de talforma sus experiencias, que ellos se sintieran llamados a responder: "Esto es lo que yoandaba buscando. Esto es lo que yo quiero transmitir".La falta de gancho de
.
lo que dicen los "profesionales" y la mudez de los demás podríantener su razón de ser en que la dirección de la iglesia ha monopolizado cada vez más laexpresión de la fe y ha hecho de los creyentes gente "menor de edad", sin voz,inmadura. Se ha formulado y se ha hecho aprender de memoria, pero no se haestimulado a reflexionar la experiencia de vida y de fe, y a traducirla en palabras. Deesta manera el testimonio de la fe se da en fórmulas y muletillas y ha perdido suvitalidad. Y todo esto es también perjudicial para la eficacia de los dirigentes de laiglesia y de los teólogos.
Por una "Teología del pueblo"
Esta situación reclama la existencia de otro lenguaje de la fe, es decir, reclama una"teología del pueblo", en la que sea reflexionado y elaborado aquello que realmentemueve a "la gente", y en la que "la gente" se sienta estimulada a formular preguntas, aexteriorizar su escepticismo, sus dudas, a encontrar nuevas formulaciones, etc... Esdecir, no se apunta a una teología
 para
el pueblo, sino a una teología
con
el pueblo. Naturalmente no sin -y mucho menos contra- la jerarquía y los teólogos.
Pueblo, teólogos, jerarquía
Cuando se trata de dar un testimonio efectivo de fe o de llegar a un conocimiento vitalde fe, es preciso que el pueblo, los teólogos y la jerarquía trabajen juntos. Y afinando,esto debe traducirse diciendo que los teólogos y la jerarquía han de estar claramente alservicio del pueblo.Sucede, con todo, que la colaboración teólogos-jerarquía no es fácil: pierden muchasenergías peleándose los unos con los otros. La jerarquía pone dificultades, muestradesconfianza y acude a veces a medidas inquisitoriales. Los teólogos usan la críticamordaz e incluso la arrogancia. Ambos pueden pecar contra el pueblo, no atendiendo alo que se pide "desde abajo".El pueblo es, de los tres, el factor más débil, en perjuicio de la vitalidad de toda laiglesia. En este sentido, J. B. Metz cree que es decisivo para el futuro de la iglesia y dela religión el que se consiga que el pueblo esté presente (también en el lenguaje) en laiglesia, y el que se logre en la iglesia una identidad que no esté marcada desde arriba,sino que surja de la experiencia religiosa de la gente.
 
ADOLF EXELER 
 Examinemos más de cerca la relación de estos tres factores.
La teología y el pueblo
Los teólogos necesitan estar en contacto con las experiencias del pueblo, pues sidesconocen dónde radican los anhelos y las esperanzas de aquellos a quienes quierenhablar del resucitado, su mensaje no será liberador y caerá en el vacío. Hoy por hoy, elrechazo de la fe y la teología no sucede por su irrazonabilidad, sino por su falta decontacto real con la vida.Es notable lo distinta que se muestra una teología que está en contacto y parte del dolor y de la esperanza de los pobres
,
como es la "teología de la liberación". H. Cox dice, aeste respecto: "No nos introducimos en la religión de los pobres para poner nuestrosello, sino para ser cambiados, para aprender cuáles son los sentimientos profundos delos perdedores en un mundo ambicioso como el nuestro. Nos introducimos en su fe paracompartirla y adquirir un bagaje para la lucha contra los poderes que hacen que los pobres sigan siendo pobres". Y añade que es muy urgente descubrir el modo cómo unareligión pasa de ser un grito de infelicidad a una protesta efectiva, de opio a estímulo, yque hay que aprender a discernir cómo y por qué la fe capacita a un pueblo parasobrevivir y cómo y por qué la misma fe es usada para alienarle.El Dios de la revelación ha tomado partido, de una vez por todas, en favor de losmarginados. Por eso la teología no puede cumplir su misión sin atender a éstos. Sin estaorientación, difícilmente descubrirá las falsificaciones del evangelio producidas por lasfuerzas que quieren asegurar su poder. Naturalmente, es tarea de la teología descubrir e intentar superar los errores de la fe y dela piedad del pueblo. Pero no basta con que critique la fe errónea de los "pequeños":debe criticar también la fe errónea de los poderosos. La aportación liberadora de lateología está en el descubrimiento de los falsos mitos de los poderosos y no en el intentode enderezar el pensar de los pobres (H. Cox).La teología, pues, debería ser una instancia elaboradora de la experiencia religiosa del pueblo, que atienda ciertamente a sus deficiencias, pero que sobre todo ponga de relievesu aspecto positivo y lo impulse. (Así entendido, el folklore religioso podría convertirseen una disciplina teológica importante).
La tarea de la jerarquía
En su Evangelii Nuntiandi Pablo VI ponía de relieve el valor teológico fundamental dela piedad popular, y enumeraba una serie de valores de la misma. Sin embargo, loimportante, a mi modo de ver, era el reconocimiento de que "los pobres, que a menudoson ricos en fe y esperanza" han de ser anunciadores del evangelio, pues nuestro mundo"pide anunciadores que hablen del Dios que conocen... ". No basta, por tanto, con proteger la piedad popular; hay que potenciarla de cara a la evangelización.Cuando la articulación de la conciencia de fe por parte de los creyentes no es tomada enserio, existe el peligro de abocar en una fe totalmente pensada y formulada de

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