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LA MUJER EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN

LA MUJER EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN

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09/15/2011

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 Y…Dios hizo a la mujerLa Mujer en la Historia de la Salvaci
ó
nPatricia Garc
í
a, Mar
í
a Amada Hern
á
ndez, Georgina Saldivar, JosefinaRomero, Claudia Fuentes.Alumnas Ciencias Religiosas Universidad La Salle.Toda mujer por el simple hecho de su existencia refleja la belleza desu Creador y en ella esconde la b
ú
squeda hacia la Verdad que la har
á
 plena y libre. Ha asumido un papel imprescindible en la Historia de lasalvaci
ó
n cuyo fundamento se encuentra en la Sagrada Escritura, laantropolog
í
a b
í
blica narra desde una visi
ó
n ontol
ó
gica su participaci
ó
ndesde el origen del mundo hasta el momento culminante de laRedenci
ó
n.En los inicios de la Iglesia Febe una mujer, prest
ó
el servicio dediaconiza ( Rom. 16, 1) lo cual, es causa de controversia actualmente,sin embargo, en su momento se necesito del apoyo que Dios le hizo alhombre para las tareas que a
é
l fueron conferidas; y como olvidar aPriscila (Rom. 16,3) entre otras, cuya entrega consist
í
a en el amor yobediencia a Dios y a la jerarqu
í
a de la Iglesia Naciente.Catalina de Siena, Teresa de
Á
vila y Teresita del Ni
ñ
o Jes
ú
s, tressantas mujeres y doctoras de la Iglesia, cuyo pensamiento deeternidad a
ú
n encuentra eco en los corazones de nuestra juventudherida por la violencia y los anti testimonios de quienes tienen lamisi
ó
n de reflejar el Amor de Dios, siguieron el ejemplo de la mujer porexcelencia Mar
í
a de Nazaret quien cautiv
ó
no s
ó
lo el coraz
ó
n de unhombre Jos
é
, sino tambi
é
n el de su mismo Dios.As
í
a lo largo de la historia ha habido grandes mujeres que hancolaborado en la formaci
ó
n del pueblo de Dios, en ellas ha obradomaravillas porque han sido fieles as
í
mismas, y a la misi
ó
n divina quese les conf
í
a.La Mujer en el Antiguo Testamento.La caracter
í
stica sociocultural y religiosa general de Israel, en la
é
poca
 
del A.T. y principios del siglo I, era el patriarcal, donde la condici
ó
n dela mujer era de notable inferioridad, marginaci
ó
n y opresi
ó
n. En tiempodel
É
xodo y de los Jueces las mujeres gozaban de una ciertaparticipaci
ó
n social, religiosa y familiar. Se les valoraba por suprotagonismo, valent
í
a, su fidelidad y su activa participaci
ó
n en lahistoria de la salvaci
ó
n. "En la sociedad de aquel tiempo las mujeresno contaban para nada, deb
í
an incluso evitar en p
ú
blico la compa
ñí
amasculina. Las fuentes jud
í
as contempor
á
neas est
á
n llenas deanimosidad contra la mujer. Las mujeres viv
í
an en lo posible retiradasde la vida p
ú
blica". En la vida religiosa la mujer tambi
é
n eraconsiderada como un ser inferior que no pod
í
a dedicarse al estudio dela Escritura, como dec
í
a un rabino del siglo I: "antes sea quemada laTora que la lea una mujer". En el templo la mujer s
ó
lo ten
í
a accesohasta el patio reservado para ellas, una regla que contradec
í
a laSagrada Escritura (Dt 31,12) y en la sinagoga s
ó
lo pod
í
a escuchar. Lamujer no estaba obligada a peregrinar a Jerusal
é
n, aunque participabavoluntariamente; y respecto a la obligaci
ó
n de la plegaria, estabaequiparada a los esclavos. El
á
mbito familiar era patriarcal. El padreera el elemento principal, mientras la mujer se encontraba encondiciones de inferioridad. La mujer ten
í
a como primera tarea atenderlas labores de la casa incluso hasta los trabajos m
á
s duros. En larelaci
ó
n con su esposo era de esclava a su due
ñ
o considerada comoparte de su propiedad y la esposa est
é
ril era despreciada por lafecunda. La mujer, de menor edad, en su ni
ñ
ez est
á
sometida a laplena jurisdicci
ó
n del padre, y luego a la de su marido. Ella ten
í
a quesoportar las injusticias de la poligamia, el repudio o divorcio y ellevirato (Dt 25,5-10) que iban en contra de su dignidad de mujer yesposa. La poligamia era permitida, aunque muy poco practicada, nopor razones de fidelidad a la esposa sino por motivos econ
ó
micos.Estos tres aspectos fueron derechos exclusivos de los varones, ygeneraron una mayor opresi
ó
n de la mujer. Sin embargo, en estemedio patriarcal hubo mujeres, que con su actuar simbolizaban elamor, la alegr
í
a, la libertad, la vida y la fuerza de Dios en la historia desalvaci
ó
n: Sara (G
é
n 17,15-22; 18,6-15), Agar (G
é
n 16,1-6), Rebeca(G
é
n 24,45-67), Raquel (G
é
n 29,6-31), Dina (G
é
n 34), Tamar (G
é
n
 
38,6-30), la hija del Cananeo Su
é
(G
é
n 38,2), Asenet (G
é
n 41,50), Ana(1 Sam 1-2), Micalo (1 Sam 18, 20.28; 19,11-17), Rut (1-15; Qoh 8,10),la viuda de Sarepta, las dos mujeres del Cantar de los Cantares yotras. En este ambiente patriarcal Dios manifest
ó
su mensaje deSalvaci
ó
n: "la palabra divina entr
ó
en ese mundo patriarcalista y tom
ó
 su forma hist
ó
rica, social y cultural, como el agua cristalina toma laforma del recipiente que la contiene", generando en los textos b
í
blicosun car
á
cter androc
é
ntrico utilizado muchas veces para legitimar laopresi
ó
n, marginaci
ó
n y subordinaci
ó
n de la mujer. Algunas figurasfemeninas de participaci
ó
n activa en el A.T. fueron: Mir
í
am (Ex 15,20),Rahab (Jos 2,1-21), D
é
bora (Jue 4,9), Jael (Jue 5,12), Judit (Jdt 15,12-13), Ester (Est), Julda (2 Re 22,14-20), Noad
í
as (Neh 6,14).La Mujer en el Nuevo TestamentoEn el caso concreto de la mujer, durante siglos se defendi
ó
que sustatus subordinado se basaba en su naturaleza inferior, por estemotivo cuando nosotros leemos el Nuevo Testamento observamos queJes
ú
s se dirige a ellas con ternura, amor, compasi
ó
n, sobre todo lesda la dignidad que las mujeres merecen, y es en la Escritura sagradadel Nuevo Testamento donde encontramos a mujeres que asumieronposiciones de liderazgo, basta tan solo mencionar la vocaci
ó
n tanimportante que desempe
ñ
o Mar
í
a, al aceptar ser la Madre del Hijo deDios, por esto la llamamos “Bienaventurada, feliz porque ha cre
í
do” (Lc1,45-55); en seguida su prima Isabel aquella a quien llamaban est
é
ril yque ahora espera al precursor del Hijo de Mar
í
a Sant
í
sima, elencuentro de estas dos mujeres quienes estallan en alegr
í
a (Lc 1, 39-46). Tenemos tambi
é
n mujeres que profetizan como es el caso de Ana(Lc 2,36-38); otra mujer que encontramos es Tabita (Dorcas) que engriego significa gacela era una disc
í
pula con buenas obrasmencionada en (Hch 9,36-42), otra de ellas es Drusila de Edom, mujerde fe (Hechos 24, 24), al igual que Lo
í
da y Eunice (2 Tm 1, 5), Evodiay S
í
ntique (Fp 4, 2), la mujer cananea de quien Jes
ú
s se compadece(Mt 15, 22), la mujer samaritana (Jn 4, 1-42), la pecadora arrepentida ydelicada con el Se
ñ
or (Lc 7, 36-50), Lidia (Hch 16, 14-15), Mar
í
a de

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