parece poco inteligente. Significa llegar a un punto, en el propio desarrollo, en que dejamos de aprender y nopodemos extraer el significado de los acontecimientos, de las corrientes del pensamiento y las circunstancias,quedando mentalmente pasivos frente a la vida. Esto es desastroso y malo. Sin duda ha de ser lo que sedenomina infierno. Lo terrible del infierno (en el cual no creo desde el punto de vista ortodoxo) debe consistir en una eterna monotonía, en una forzosa incapacidad de cambiar las condiciones.Después me convertí en una estudiante de esoterismo, una escritora cuyos libros lograron amplia yconstante difusión, traducidos a muchos idiomas. Más tarde me encontré directora de una escuela esotérica(sin desearlo y sin la menor intención) y organizadora, con Foster Bailey, del Movimiento Internacional de laBuena Voluntad (no un movimiento pacifista), alcanzando tal éxito al estallar la guerra en 1939, quecontábamos con centros en diecinueve países.Por lo tanto no he sido inútil en lo que respecta al servicio mundial, pero no pretendo que mi éxito se debaúnicamente a mi esfuerzo personal. Siempre he tenido la bendición de maravillosos amigos y colaboradoresque –en el transcurso de los años— a pesar de todo lo que les hice, continuaron igualmente. He tenidomuchísimos amigos y sorprendentemente muy pocos enemigos, los cuales no me causaron realmente dañoalguno; quizás se deba a que nunca me fueron desagradables y siempre supe comprender por qué no les caíen gracia. Foster Bailey, mi esposo, facilitó mi trabajó durante más de veinticinco años. Creo que sin él, pocohubiera podido realizar. Cuando existe un amor profundo, leal y comprensivo, respeto y continuacamaradería, en realidad podemos considerarnos ricos. Mi esposo ha constituido para mí una torre defortaleza y "la acogedora sombra de una gran roca en una tierra sedienta". Hay cosas que al expresarlas enpalabras pierden su significado y suenan a huecas y fútiles cuando las escribimos. Nuestra relación es unade ellas. Debemos haber vivido y trabajado juntos durante muchas vidas, y ambos esperamos seguir juntosotras tantas. Nada más diré sobre esto. Frecuentemente me he preguntado qué hubiera hecho yo sin laamistad comprensiva, el afecto y la firme colaboración de mis innumerables amigos y colegas, que duranteaños me apoyaron. No puedo nombrarlos, pero son las personas esencialmente responsables del éxito deltrabajo que hemos realizado como grupo.Esta autobiografía tiene, por lo tanto, un triple propósito, pues tres cosas deseo destacar, y esperohacerlo con claridad.Primero, la realidad de la existencia de los Maestros de Sabiduría, que actúan bajo la guía de Cristo.Quiero poner en claro la naturaleza de Su trabajo, y presentarLos al mundo tal cómo los conozcopersonalmente, pues en los años venideros otras personas darán testimonio de Su existencia y deseoallanarles el camino. Esto lo ampliaré más adelante y mostraré cómo llegué a conocer personalmente Suexistencia. En la vida de cada uno de nosotros existen ciertos factores convincentes que hacen posible elvivir. Nada puede alterar la propia convicción interna. Los Maestros son para mí tal factor, y esteconocimiento ha constituido un punto estabilizador en mi vida.Segundo, quisiera señalar algunas de las nuevas tendencias en el mundo de hoy, que decididamenteestán ejerciendo influencia en el género humano y elevando la conciencia humana, y también puntualizar algunas de las ideas más nuevas que surgen en el mundo del pensamiento humano y provienen del grupointerno de Maestros, las cuales están introduciendo una nueva civilización y cultura y –incidentalmente desdeel ángulo de la eternidad—destruyendo muchas de las viejas y queridas formas. Durante mi vida he visto,como lo ven las personas reflexivas, la desaparición de muchas cosas inútiles en el campo de la religión, dela educación y del orden social. Y eso es muy bueno.Mirando retrospectivamente, no puedo imaginar nada más espantoso que la perpetuación de la eraVictoriana, su fealdad por ejemplo, la afectación, el excesivo lujo de las denominadas clases altas y la terriblecondición en que debía debatirse la clase trabajadora. En ese bien equipado, afectado y confortable mundo,viví mi niñez. No puedo imaginar algo más enfermizo para el espíritu humano, que la teología del pasado,que hacía resaltar la existencia de un Dios que salva a unos pocos presumidos y condena a la mayoría a laperdición. Tampoco puedo imaginar nada más conducente a la inquietud, a la guerra de clases, al odio y a ladegradación, que la situación económica del mundo de entonces, que fue por muchas décadas grandementeresponsable de la actual guerra mundial, (1914-1945).A Dios gracias, vamos en camino hacia cosas mejores. El grupo que compartió nuestro trabajo, junto conotros grupos que responden a la misma inspiración de amor a la humanidad, habían desempeñado supequeña parte para producir los tan necesarios cambios. La tendencia del mundo hacia el federalismo, haciala comprensión y la colaboración y hacia todas las cosas que beneficiarán a todos y no a unos cuantoselegidos, es muy alentadora. Nos encaminamos hacia la fraternidad.Tercero, deseo demostrar cuán maravillosos son los seres humanos. He vivido en tres continentes y enmuchas naciones. He conocido a los muy ricos y a los muy pobres, íntimamente y desde el ángulo de la másestrecha amistad; los seres más encumbrados y los más desposeídos del mundo han sido mis amigos, y entodas las clases, naciones y razas, he encontrado la misma humanidad, la misma belleza de pensamiento, el
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