3.La conciencia de la mónada corresponde al primer aspecto de la divinidad,aquello que personifica la intención y el propósito divinos de la vida y emplea alalma con el objeto de manifestar el propósito inherente de Dios por intermediode esa alma, lo cual determina la cualidad. El alma encierra el propósito y lavoluntad de Dios a medida que va expresándose en siete aspectos. La mónadamanifiesta el mismo propósito tal como existe, unificado en la Mente de DiosMismo. Este conjunto de palabras prácticamente nada imparte al pensador común.A medida que en el plano físico el hombre va comprendiendo estas tres expresionesde la Única Gran Vida, se sintoniza conscientemente con el emergente Plan de la Deidad, ytoda la historia del proceso creador se convierte en la historia del conocido propósito deDios.En primer lugar, y también a medida que el tercer aspecto se desarrollaconscientemente, el hombre llega a conocer la materia, la sustancia y la actividad externacreadora. Luego comprende las cualidades subyacentes que la forma está destinada arevelar, y se identifica con el ego, alma o ángel solar, llegando a conocerlo como suverdadero yo, el verdadero hombre espiritual. Después comprende el propósito que se vamanifestando a través de las cualidades cuando se expresan por medio de la forma. Estos párrafos resumen lo expuesto anteriormente, pero es necesario que los conceptos vertidossobre estos temas sean claros. A medida que se profundiza el estudio, se evidencia que todoeste progresivo proceso de comprensión gira alrededor de la manifestación de la forma, ytiene relación con la cualidad y el propósito de la Mente Divina. Inevitablemente resultaráclaro para quien ha estudiado el tema en el Tratado sobre Fuego Cósmico, que se refiereespecíficamente al proceso creador y al de la manifestación. Por lo tanto, se ocupa de laexpresión externa de la personalidad de esa gran Vida que todo lo incluye y denominamosDios a falta de mejor término. Debe recordarse que nuestro universo (hasta donde puedeconcebirlo la más elevada conciencia humana) se halla en los siete subplanos del planofísico cósmico, y que el tipo más elevado de energía, que representa para nosotros la más pura expresión del espíritu, no es nada más que la manifestación de la fuerza del primer subplano del plano físico cósmico. Por lo tanto, en lo que a la conciencia concierne,tratamos lo que podría considerarse simbólicamente como la reacción y la respuestacerebral al propósito cósmico -la reacción cerebral de Dios Mismo.En el hombre, el microcosmo, el objetivo del propósito evolutivo en el cuarto reinode la naturaleza, es capacitarlo para que se manifieste como alma en tiempo y espacio y sesintonice con el propósito del alma y el plan del Creador, tal como lo conocen y expresanlos Siete Espíritus ante el Trono, los siete Logos planetarios. Pero aquí sólo podemos hacer alusión a un gran misterio, y es que todo lo que pueden captar los más elevados Hijos deDios en nuestro mundo planetario manifestado, es una parcial realización del propósito ydel plan del Logos solar, así como lo capta, comprehende y expresa, uno de los Logos planetarios que está (en Su lugar y período de actuación) condicionado y limitado por su propia y peculiar etapa de evolución. Una séptima parte del Plan en desarrollo se estáexpresando en nuestra Vida planetaria particular, y como este gran Ser no es una de las sieteVidas sagradas y, por lo tanto, no se expresa a través de uno de los siete planetas sagrados,el Plan, tal como se desarrolla en la tierra, es parte de una expresión dual del propósito, yúnicamente cuando otro planeta no sagrado alcance su culminación, podrá ser comprendidoel entero Plan destinado al planeta Tierra. Quizás no sea fácilmente comprendido, pues sólo2
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