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LOS MISTERIOS
 Annie Besant
 Las ya extinguidas religiones del pasado han sido tan numerosas y diversas como las vivienteslo son en la actualidad. Pero dirigiendo una mirada retrospectiva a la historia antigua paracompararla con la moderna, se nota la gran diferencia de no haber en aquella indicio alguno depersecuciones religiosas. Se observa que cada culto tenía su propio dominio, su terreno propio enel que reinaba. Cada nación tenía su religión propia que vivía en buenas relaciones con las delas naciones vecinas, salvo en caso de guerra. Así se vé que en Roma, por ejemplo, se edificó ungrandioso panteón donde tenían sitio y eran debidamente honrados los dioses de todas lasnaciones del imperio romano. Pudieron haber a veces celos o envidia entre las religiones, peroestaban muy lejos de pensar en que debía imponerse determinada religión a todas las naciones;antes bien se consideraba natural que cada nación tuviese su culto peculiar y que los ciudadanosadorasen a su Dios nacional.Estudiando lo que sucedía en el pasado, se ve que las dificultades a causa de la religión fueronmás bien políticas que religiosas. Abandonar la religión del Estado equivalía a traicionar al país, yasí vemos que de cuando en cuando se castigaba al que apostataba de su religión. Pero esto sehacía porque pensaban que el tal individuo había renegado de su patria y no porque tuvieseopiniones propias en materia de religión, pues es evidenteque algunas religiones antiguas consideraban que en lo concerniente a la aceptación intelectual dela doctrina, el intelecto podía desplegarse a su conveniencia, y que no tenía límites el campo delpensamiento.Por otra parte, en una época relativamente moderna, se vé que las persecuciones religiosasdesempeñan un gran papel en la historia de las confesiones rivales. Se vé a los misioneros hacergrandes esfuerzos y repetidas tentativas para convertir a otros pueblos a una religión que no es lade sus antepasados y, no sin razón, se pregunta: ¿de qué procede esta diferencia entre el mundoantiguo y el mundo moderno en materia de tolerancia?¿De dónde proviene la idea de que todos los pueblos han de aceptar determinada representaciónde la verdad y abjurar de la religión de sus antepasados, para recibir la traída de un paísextranjero?No es menos significativo que la tendencia a la persecución coincida históricamente con la épocaen que desaparecen de Europa los Misterios. Con motivo de su gradual desaparición vemoslevantarse el espectro de la persecución religiosa, de tal suerte que nos vemos forzados arelacionar los dos fenómenos y a preguntarnos si la desaparición de los Misterios señala elcomienzo de las persecuciones.Cuando examinamos la diferencia entre el culto exotérico y la enseñanza esotérica, cuandoconsideramos las religiones del pasado y estudiamos los Misterios de otros tiempos, vemos queen el mundo antiguo eran los cultos tan diferentes como la
 
son en elmundo moderno, pero tambien comprobamos que todo culto tenía Misterios en que se iniciabanlos individuos más adelantados de cada religión, y en los que se formaban los Instructores deestos cultos. Avanzando más en nuestro estudio hallamos que si la exposición de las doctrinasreligiosas en el culto exotérico difería según la nación, el temperamento y las tradiciones de los
 
ciudadanos, el fondo y esencia de la enseñanza, que pone al individuo en posesión de la Gnosis oConocimiento
real,
el saber místico quesubstituye la creencia por el conocimiento y permite decir al hombre con toda certeza: "
Yoconozco
las cosas de los mundos superfísicos», esta enseñanza era en todas partes única eidéntica, y aunque difiriesen los cultos externos, lo que constituía la entraña, el culto interno yfondo de los Misterios era semejante en todos.Es lo que sucede si entramos al atardecer en una catedral. Vemos que la luz penetra por losventanales y toma el color de la vidriera de modo que quien solo viese la luz de un ventanal en elinterior del templo diría que es roja, al paso que otra persona colocadaante otra vidriera diría que es azul, y una tercera persona podría a su vez afirmar que amarilla, yuna cuarta que violeta. Esto es lo que ha sucedido con las religiones exotéricas del mundo; cadauna tiene su propio color, su manera propia de exponer las verdades espirituales, y quienesdetienen la vista en el culto externo afirman que las religiones difieren unas de otras, y que no lamisma la luz de la verdad se abre paso a través de cada una. Pero vosotros los teósofos, si entraisen la catedral de que hehablado sólo veréis la luz blanca, y os daréis cuenta de que la diferencia de color está en lasvidrieras y no en la luz. Asímismo al entrar en el templo de los Misterios, veréis que la verdad esúnica, aunque pueda estar expresada de difel-entes maneras, y que si los matices que afectan losdiferentes cultos son tan diferentes como los colores del arco iris, no hay en el interior del templode los Misterios más que la blanca luz de la verdad. Creoque gracias a este conocimiento basado en los hechos, y por lo tanto invariable, mientras que ellenguaje en que los hechos se exponen varía con el orador; gracias a que en el corazón de todaslas religiones antiguas palpitaban los Misterios, reveladores de laverdad una, no mancillaron el mundo antiguo las persecuciones religiosas. Los instructores deentonces sabían que no hay más que una sola verdad, aunque los pueblos difieran en su manerade comprenderla cuando está velada por las formas externas deldogma, ritos y ceremonias.De esto se desprende que, si hoy deseamos persuadir a las religiones del mundo a queconfraternicen y no sigan por más tiempo luchando entre sí, será preciso en primer términodescubrir la fuente de común orígen en donde todas puedan también encontrar sus instructores.Debemos por lo tanto, trabajar, anhelar y esperar el restablecimiento de la antigua institución delos Misterios para iluminar y ayudar al mundo. Debemos estudiar y vivir de tal suerte queencontremos discípulos capaces por el ardor de sus aspiraciones, pureza de vida y profundidadde conocimientos, de atraer de lo alto a los grandes instructores y de mostrarse dignos de que losinstruyan hombres perfectos, cuyosconocimientos sobrepujan a los de la ciencia terrena.Reflexionemos sobre lo que eran los Misterios. Consideremos las fases por que pasaron ydigamos si es posible encontrar hoy elementos de donde salieran discípulos dignos de instrucción.Jamás en los mundos superiores hay parsimonia en la dispensación de la verdad. Nunca provienede lo alto el obstáculo que impide el derrame del conocimiento en el mundo, sino que en nuestromundo terrestre, en la rebeldía del espíritu humano estáel impedimento para que la verdad arraigue. En la tendencia moderna de hacer sin cesarobjeciones y preguntas, reside la dificultad que se opone a la restauración de los Misterios. El
 
mundo levanta las barreras que obstruyen el paso de la verdad. Sin embargo, estas condiciones,en apariencias deplorables, estaban previstas en el gran plan de evolución. No hay nada que estéfuera de este plan, y si a veces pensamos que las cosas van mal, es por cortedad de nuestra vista,porque no somos capaces de ver la totalidad del plan y juzgamos unicamente por la porción quepercibimos. La gran evolución de la humanidad se extiende por millares y millares de años, y unmillón de años es, para las grandes inteligencias que presiden la evolución, como un día paranosotros. En la ejecución de tal plan, en el desenvolvimiento gradual y sucesivo de sus etapas,nadie queda olvidado, ni aun los malvados. Todos tienen su lugar en la senda de la evolución, y elarquitecto que trazó el plan sabe bien qué edificio ha de levantar.Para el desarrollo de la humanidad, para la evolución superior del hombre, fue necesario unperíodo en que nuestra inteligencia desarrollase el indócil aspecto de inquirir y razonar, sin el cualno hubiera podido conocer el mundo inferior. Era conveniente que en un remoto pasado, lasinfantiles naciones elevasen los ojos hasta los divinos instructores y aprendiesen docilmente laslecciones que les daban estos maestros divinos. Pero eraigualmente conveniente que a medida que crecía la joven humanidad, desarrollase los poderes dela virilidad, lo que no hubiese sucedido si siempre hubiera sido conducida como con andadorespor los grandes seres que la habían guiado. Así llegó tiempo en que los instructores dijeron aladolescente: " Vé hijo mío,
vé 
al mundo y descubre en él por tí mismo la verdad. Desarrolla en tí el conocimiento, que es uno de los aspectos del Espíritu.divino, y conquista, por tu propia fuerza,el conocimiento que el mundo puede desenvolver en tí, pues tarea peculiar tuya es dominar elmundo inferior, descubrir las leyes de la naturaleza y encontrar tu sendero mientras el guíapermanece temporáneamente invisible.»Pero así como el padre vela por su hijo con tierno amor mientras éste lucha en la vida, y siempreestá dispuesto a ayudarle con sus consejos cuantas veces sea necesario, de la propia maneraobran los Padres de la raza, los Hermanos Mayores que alcanzaron la perfección antes de que losmás jóvenes empezasen a remontar la escala de la evolución Aunque fuera de nuestra vista, vigilansin cesar por la joven humanidad, y aunque invisibles para los ojos físicos, están siempre cerca deella, dispuestos a socorrerla. Mientras ocultaron sus externas formas guiaron a las naciones tanpositivamente como cuando permanecieron personalmente en la Ciudad de las Puertas de Oro,de la Atlántida, o en la Ciudad Blanca, de Shambala, en los comienzos de nuestra raza aria.Pero los tiempos han cambiado con el consiguiente cambio de métodos, y con razón se ha dichoque la evolución no es una escala ascendente, sino más bien una espiral que vuelve sin cesar sobresi misma elevándose gradualmente a medida que la evoluciónprogresa. Así vuelve de nuevo lo pasado a presente, pero un presente de un nivel superior alcamino recorrido por la humanidad en el pasado, y
están cercanos los tiempos de larestauración de los Misterios
porque hoy día se preparan los discípulos, y como dice el antiguoadagio:
Cuando el discípulo esté presto, aparecerá el Maestro.
Trasladaos con el pensamiento a la época en que se instituyeron los Misterios y daos cuenta decuál era su función. La religión externa o exotérica ordena, manda y dice: «Harás esto, no harásaquello». Esta religión exterior mantiene al hombre en el camino recto por la autoridad exterior ysuperior a él, por un código de moral y reglas de conducta que los hombres obedecen sin comoprender frecuentemente su razón, y unicamente por que un profeta las declaró, porque suspreceptos están contenidos en una Escritura Sagrada, porque una Iglesia ha proclamado sus
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