proliferación de imágenes que por fuerza ha de repercutir en un aumentode las situaciones en las que la mujer se nos presenta como protagonista.Y ello no sólo en imágenes de temática religiosa, ya que si algo caracterizaal arte de la Edad Moderna es su progresiva liberación de la tutelaeclesiástica, dando cabida a otros temas y motivos que tienen más que vercon el reino de este mundo y con su realidad cotidiana. Lo que no quieredecir que el arte haya dejado de ser cristiano, sino que comienza a cumplirfunciones que superan los límites exclusivamente religiosos que hasta esemomento había venido desempeñando. Si duda, con ello tiene mucho quever el nuevo papel de cliente artístico desempeñado por la nueva claseburguesa, a quien no sólo hay que atribuir el desarrollo del capitalismocomercial, sino también la secularización de la vida cotidiana que con elRenacimiento se intensifica.
1. Las virtudes femeninas
En primer lugar, conviene hacer un análisis de aquellas cualidadesque, según una sociedad masculina y, en gran medida controlada por laIglesia, debían adornar la condición femenina. A la cabeza de todas seencontraba
la castidad
ya que, según la literatura médica de la época,para las mujeres la satisfacción erótica era una necesidad biológica, de laque se derivaba una voracidad sexual insaciable, de ahí que hubiese queprotegerlas de sí mismas poniéndolas a resguardo de cualquier tentación.En segundo lugar,
la fidelidad
, puesto que las mujeres son propiedadsexual de los hombres, cuyo valor disminuiría si las usara alguien que nofuera su propietario legal. Por otro lado hay que pensar que, de no darse lafidelidad femenina, la legitimidad de la descendencia estaría en entredicho.Así, desde este punto de vista, el honor masculino dependía de la castidad
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